14. 01.2011, sábado.
PREVIO:Cuando hablamos de memoria histórica (ese término tan hiperexquisitamente discutido desde la semántica de algunos, pero cuyo concepto es ampliamente compartido) hacemos referencia a muchos aspectos. El del combate contra el olvido de los nombres (de represaliados y represores), de las circunstancias de las atrocidades que sufrieron, el maltrato a los descendientes supervivientes del terror de los días de vinos y rosas azul sucio (las cinco rosas prendidas, las flechas del haz; ya me entendéis); el de la lucha contra la presencia en las calles de simbología de la dictadura apologeta del fascismo o por la demolición del valle que secuestra restos de decenas de miles de republicanos condenados a compartir tierra, en obscena imagen, con el máximo asesino de masas de este país; muchos aspectos, en suma, que cada vez se bifurcan en nuevas sendas de investigación y análisis.

El de la aviación republicana, su organización, sus campos y su lucha heroica contra los pajarracos fascistas que asolaron Tardienta, Guernica y otros tantos lugares, es también otro frente que van ocupando hombres y mujeres. En Huesca, y desde hace mucho no sólo en Huesca, Salvador Trallero es el nombre imprescindible. No sólo por su libro "Alas Rojas" (presente en todas las estanterías de las gentes interesadas y estudiosas del tema), sino por su descubrimiento de la enseña de dicha unidad en el Museo del Ejército del Aire, la reproducción de las misma y su donación al ayuntamiento de Sariñena para que sea expuesta en el Museo de la localidad; también la figura de Salvador es clave en el conocimiento del aeródromo de la localidad y de los diversos elementos del mismo que aún se conservan.

Fuera de Huesca, en tierras catalanas, existieron una serie de campos de vuelo (improvisados muchas veces, con escasez de medios y equipos) construidos como baluartes aéreos de contención del enemigo para dar tiempo a las unidades militares y contingentes civiles que se retiraban a Francia. Por alguno de ellos pasaron personalidades como Líster, Negrín y la Pasionaria; y algunos de ellos sirvieron también como lugar de despedida (no todo fue en Barcelona) de voluntarios brigadistas internacionales.
Uno de esos campos fue el de Vilatorta; un aeródromo con elementos más que suficientes como para recabar el interés de los organismos pertinentes para su conservación, mejora y divulgación a fin de convertirse en lugar de enseñanza, memoria y reflexión. Una de esas personas que pelean contra los molinos de la apatía y el desinterés por el, incluso tan cercano, pasado es Cris Suñén. A verla vamos.

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Menos de tres horas separan Huesca de Sant Juliá de Vilatorta; menos de tres horas de carretera excelente aliada esta vez con un día frío, pero radiante, y una luminosidad envidiable.
Así que con algo de adelanto sobre la hora prevista llegamos al punto de encuentro, la estación de servicio de GURB, donde nos espera Cris Suñén (1), la persona que nos guiará esta jornada.

Comida rápida y al punto cero del recorrido perimetral. Nueve kilómetros, poco más o menos, que recorreremos en coche y a pié (no lo haremos todo a pié por la cercanía del anochecer). Primera foto para los tocones cilíndricos de madera que señalizan todo el trayecto y que esperan sustituir pronto por otros de mayor visibilidad.
Los refugios elementales (me habla Cris de que el campo hay diecisiete, si bien cuatro de ellos aún no han sido hallados) consistían en dos entradas (2 mts alto x 0,70 ancho) comunicadas entre sí por un pasillo en forma de U cuadrada y edificado todo ello bajo tierra. Alguno de ellos se ha conseguido restaurar totalmente y, de otros sólo se aprecia, a falta de excavaciones posteriores el arco de medio punto superior. Si miras la colección de fotos, aquellas en las que aparece un bolso son las enterradas.
La función de esos refugios elementales eran la protección, contra la metralla, del personal de la base aérea. Fueron obra de Ramon Parera, constructor que ideo la estructura de lo refugios para que pudiera llevarlos a la practica cualquier albañil. De su estado actual, de las afecciones a los mismos por el uso agrícola y del tapiado de otros nos informa convenientemente la guía. Tapiado que llega a muchos lugares, incluído el polvorín y que no se destruyó, casi con total seguridad por la inexistencia de armas o explosivos cuando se evacuaron las instalaciones.

La casa que sirvió de Cuartel de Estado Mayor es la denominada Casa Llopart, expropiada por razón de necesidad militar y actualmente ocupada por la familia propietaria. Desde ella, por una trampilla, se accedía a una escalera de caracol que descendía quince metros e iba a dar a una salida al exterior, constituyendo una vía de evacuación en caso de tener que abandonar la casa con urgencia. También en ella, en el portalón de entrada, se encuentra el, posiblemente, único escudo de la aviación republicana conservado.
Nos indica Cris que está en el interior de una propiedad y que no puede visitarse, pero, ¡casualidad!, en el paseo nos encontramos a la dueña que accede a que lo veamos y fotografiemos. Esta mujer, con la que hablamos distendidamente, reconoce que cuando volvieron a su casa tras la expropiación la encintraron en perfectas condiciones; es más, asegura que lo que los miliatres republicanos tocaron fue para mejora de la misma.Foto del escudo, en la colección de fotos de la jornada.

La instructiva vista finaliza en los restos de un hangar de montaje de aviones. Se trata de una serie de pilastras (conservadas) a las que se unía una estructura metálica que se cerraba , en su techumbre, con una tela de camuflaje.

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(1) A Cris la conocimos unos meses antes en Es Bordes (Arán) donde una importante reunión de republicanos de muchos lugares homenajearon a los guerrilleros muertos en esa empresa romántica e ilusionante de liberar España del fascismo penetrando por el Valle de los Valles.
Cris Suñén Vilamala es una jovencísima licendiada en Historia por la universidad de Girona. Profundamente conocedora de su tierra puede hablarte sobre el edificio denominado Casal Núria (de estilo noucentista) y recorrer sus fachadas señalando los oficios en ellas representadas y la relación del noucentismo con el catalanismo, como de Caramelles (canciones populares típicas de parte de Cataluna, que se cantan por Pascua para celebrar la resurrección de Jesús, aunque también pueden tener carácter profano. Los intérpretes son grupos de niños o adultos que salen a cantar por casas y masías el Sábado Santo por la noche o bien las mañanas del Domingo de Resurrección). Además de, como se evidencia en el texto anterior, aviación, aeródromos de la zona y, por supuesto, el de Vilatorta.

Profundamente extrovertida y sociable, el haber tenido el lujo de seguirla en el paseo dado por el perímetro del campo de aviación, haber asistido a sus explicaciones sobre diferentes aspectos del mismo y haber compartido un café, caben contarse como experiencias dignas de ser vividas. Experiencias que podrán disfrutarse este abril venidero en la jornada homenaje a la aviación republicana inserta en el programa de las XI jornadas republicanas y que contará tanto con Cris Suñén como con Salvador Trallero (nuestro investigador y escritor de Sariñena) como protagonistas expertos en el tema.

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