Pablo Val: Un espíritu libre

23.10.2007
Conozco a Pablo hace unos meses en un cursillo de la DGA.En el heterogéneo grupo de personas es, sin duda, el más peculiar.Y,seguramente, el que tiene más clara su motivación para acudir. Al poco, nuestros caminos divergen. Y, Huesca no es tan grande, convergen de nuevo en un cruce casual. No puedo dejar pasar la oportunidad. Lo enredo. ¿Tomamos un café, Pablo?

Y Pablo me cuenta: de cómo nació, hace más de medio siglo ya, en esta misma Huesca, de cómo le gusta pero no tiene ningún problema en vivir fuera (de hecho estuvo más de veinte años en Barcelona), de cómo, incluso, está esperando una respuesta de índole laboral que quizás lo lleve a Panticosa ...

Insiste Pablo en la ventaja que supone tener todo a mano en nuestra ciudad y la tranquilidad que en ella se disfruta, si bien ahora ha crecido mucho y ... y nada, "que hay buena y mala gente tanto entre los autóctonos como entre los foráneos",indica. Y de eso él sabe mucho, que patea las calles sin descanso.

Ni soporta Pablo la destrucción de arbolado ("Si quieren hacer este hotel en el que estamos, o un parque infantil, o unos pisos, que los hagan pero no talando árboles") ,ni los desfases presupuestarios en las empresas municipales.
Propone el cambio de los políticos. "¿De cuales?", interrogo. "¡De todos!" , replica.

Toma otros derroteros la charla. Su minusvalía, sus aspiraciones laborales, su conciencia social primaria, sus deseos... " Pero vivo como un rey; a lo pobre, pero como un rey", me manifiesta Pablo. Y me relata episodios duros de su vida. Y se explaya confiándome su filosofía de vida, una especie de hedonismo sin lujos, pero con las necesidades básicas cubiertas y, sobre todo, con dignidad.

Es mediodía y un compromiso laboral me aguarda. Me despido de Pablo. Lo veo irse montado en vetusta bicicleta, con el uniforme de un taller inexistente y luciendo su permanente sonrisa, plena de cinismo y pesimista alegría. ¡Buena suerte, amigo! Sigue capeando las tormentas...

. . .


.
.
.