11.06.2008
Seductor.Y claro, muy claro...
Posiblemente éstos son los calificativos que, desde mi punto de vista, mejor le cuadran a este oscense nacido en Madrid hace poco más de medio siglo y residente en esta capital desde Diciembre del 2.003.Mirada directa, no huidiza, sonrisa permanente , tono de voz amigable, maneras cordiales ...
Comienzo la conversación comentándole la excelente impresión causada en su reciente visita a la localidad de Tierz, la cercanía y sencillez del acercamiento habido y cómo se ven superados los tópicos de la *visita del obispo* de la España en blanco y negro que nos presentaba el cine de mediados del siglo anterior.

"Soy montañero y amante del esquí desde siempre, pero nunca había recalado en Huesca hasta el otoño del 2.003, fecha en la que, semanas antes de tomar posesión como obispo de esta plaza, me vine de manera discreta a conocer la ciudad, por evidentes cuestiones de tipo práctico, y , también ,por las mismas razones, subí hasta Jaca, donde ,desde el anonimato más absoluto, pude hacerme una primera impresión de las diócesis en las que debía integrarme ..."
,comienza.

Austero, muy austero ... Así es el despacho en el que he sido recibido. Dos ambientes: zona de trabajo y zona "de estar, de recibir", con un mobiliario digno y no ostentoso.Un equipo informático que, a juzgar por el monitor que veo, no es de última generación y, eso sí, como elemento decorativo junto a la mesa de trabajo del obispo, una antigua máquina de escribir.
Un despacho, en suma, a juego con el resto del edificio.

"Participa Huesca de ese ser aragonés ,de esa franqueza y nobleza en la gente .No es fácil entrar en esta ciudad, pero una vez lo has hecho, eres ya de casa; quizás en otros lugares entras con mayor fluidez pero nunca eres de casa... No ha sido fácil entrar en Huesca: a mí me ha costado.
Con la gente sin prejuicios, que te acepta como eres, que , desde una prespectiva creyente te reconoce como un envíado, ha sido muy fácil complementarse y comunicar. Quien te pone precio, quien exige que pienses o decidas de una manera específica, quien no te quiere tal y como eres, es gente que no me ha aceptado, ni me acepta, ni me aceptará, como pasó ya antes con otros"
, me responde cuando le pregunto acerca de estos más de cuatro años en su/nuestra ciudad.

"Los Idus de Marzo" (leer anexo) forman, inevitablemente, parte de nuestra conversación. Una carta directa, sin cobardías amparadas por un falso concepto de prudencia; una carta clara, plena de compromiso humano con unos valores asumibles desde muchas ópticas (no necesariamente cristianas). Y una carta , por supuesto, también discutible y objeto de debate; al fin y al cabo un obispo, desde un punto de vista laico, no es más que una persona que ocupa un cargo en una institución religiosa privada.No entiendo, por ello, esos revuelos y repiques de campana (¡perdón!) con la finalidad de cercernar la libertad de expresión de un ciudadano que se dirige, en primer lugar, a los miembros de su comunidad religiosa y, en segundo lugar, a todo aquel que quiera escucharle.

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"Cuando, a veces, se me ha etiquetado como antisocialista o incluso pro Partido Popular siempre me he rebelado interiormente.Tampoco voy a estar haciendo contínuas declaraciones en este sentido, pero no soy ni una cosa ni la otra...
Lo que ocurre es que en este momento, no estoy de acuerdo con algunas praxis políticas de los gobernantes actuales, me refiero en el ámbito nacional y en algunos aspectos en el regional, y lo digo y protesto. Protesto cuando entiendo que valores en los que creo y que pertenecen a la tradición cristiana (valores como la vida, la libertad, la familia y el dejar ser a la Iglesia como es) quedan en entredicho. Pero no lo hago porque vaya contra unas siglas o desee favorecer otras"
, me refiere Jesús. Y continúa:
"Lo hago porque quiero defender lo que creo y entiendo que en un Estado de Derecho también mi voz puede ser oída."

No puede este neofato por menos que rememorar las extraordinariamente vehementes respuestas que la carta mencionada suscitó. Desinformado, inculto, airado fué lo más suave que tuvo que leer o escuchar Jesús. Pues muy bien: al fin y al cabo cualquiera que se asoma al foro y hace uso de él sabe que puede ser atacado; lo que personalmente lamento es que no fuera rebatido.
Me explico: todo aquello que pude leer era o una retahíla de insultos más o menos (más bien menos que más) ocurrentes, una repetición de tópicos ("los curas a rezar, que es lo suyo", "con la Iglesia hemos topado" ...) o una serie de consejos para creyentes emitidos por confesados no creyentes.

En suma ante una reflexión crítica de la acción política, en vez de exponer argumentaciones, reabrir debates y asumir posiciones basadas en razonamientos me tuve que conformar con tragarme enterito el doctrinario anticlerical del siglo XIX, el mismo que tanto daño hizo a la imágen y al futuro de las izquierdas en momentos históricamente muy comprometidos del siglo pasado.

La conversación va tocando temas diversos. Desde la guerra de Irak (" Los obispos, en torno a ese Papa ya anciano, Juan Pablo II, nos manifestamos claramente y advertimos que la guerra es un mal en sí mismo, siempre...", me recuerda) a la última sentencia, esta vez dictada en Huesca, acerca de EpC ( "Lo que no queremos es que el Estado entre en ámbitos educativos que son competencia exclusiva de los padres").

Los quince minutos que tenía pactados (en ningún momento Jesús Sanz me lo recuerda), han pasado hace tiempo. Sin embargo, pasamos rápida revista a temas como la financiación de la Iglesia , de la satisfacción de los fines sociales que satisface y de la conservación del patrimonio que custodia, o a la colaboración entre católicos y ortodoxos en Huesca, habida cuenta de la población rumana aquí asentada.

"Ciertamente, no", me responde Jesús cuando lo interpelo acerca de la posibilidad de que la Catedral de Huesca pueda alguna vez retornar a Mezquita, habida cuenta de la insistencia de reclamaciones similares en otras zonas de España."Ciertamente, no", me repite, argumentando su negativa en la historia de la ciudad y en la imposibilidad de espacios de oración compartidos.

La despedida es cordial.Un apretón de manos y unas palabras amables.
Mientras bajo las escaleras del edificio episcopal, medito acerca de lo alejado que está este hombre de la imagen de Savonarola de discurso incendiario que nos vendieron algunos medios. Espero que en un futuro cercano pueda confirmar mi impresión y plantearle nuevas cuestiones.

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Los idus de Marzo. ANEXO:

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Los idus de marzo” es una célebre obra de Thornton Wilder que toma como título la fecha fatídica en la que asesinaron a Julio César. Se ambienta la novela en los últimos días de la república romana, y describe con escéptica ironía la capacidad de los hombres para el heroísmo, la generosidad y la virtud, así como para el egoísmo, la traición y la deslealtad. En este marzo nuestro, mes de memoria de tantos otros idus, hemos vuelto a ver a gente así: héroes hasta la virtud más generosa, y traidores hasta el egoísmo más desleal.

Entre los primeros están las víctimas de la serpiente terrorista y las gentes sencillas que espontáneamente han querido solidarizarse con los débiles ignorados, despreciados y hasta perseguidos. En lugar de tirarse al monte, volvieron a la calle. No para una consentida kale borroka, sino para pasear de nuevo con inmensa dignidad su indignación. Era la enésima concentración que en las principales ciudades se dieron cita, a plena luz aunque era de noche, sin encapuchados y sin mentiras. No eran vociferantes, sino ciudadanos de bien que no quieren asistir impávidos al espectáculo que algunos gobernantes nos brindan en el pim-pam-pum de la feria del disparate político.

Y entre los segundos están los que pretenden cambiar la historia sacándose de la chistera del resentimiento lo que dicen ellos que ocurrió. Como adolescentes montan y desmontan operaciones económicas jugando al a ver quién llega más, cuando se trata de costear favores inconfesables con el dinero más ajeno, lavando como pueden las deudas de su propia corrupción. Son los que manchan el nombre de la paz y el de la piedad, convirtiéndolo en moneda de cambio con el que pagar -cueste lo que cueste- la particular guerra contra sus adversarios políticos, sociales y mediáticos, llegando a pervertir un sentimiento noble como es el perdón, a fin de camuflar el chantaje del que siendo rehenes ellos mismos, nos hacen víctimas a todos los demás. Como consigna de un nuevo pásalo, lo repiten sin parar, sin ninguna pausa y con mucha prisa: lo hemos hecho por piedad, hemos salvado la vida a un asesino que celebra sus veinticinco matanzas brindando con champán, le hemos salvado la vida porque defendemos la vida.

Yo he tomado nota de esta declaración insólita por parte de quien miente de manera habitual, y pasando por encima de su cinismo asustado ante la opinión pública, levanto acta de su advenediza declaración: defienden la vida. Estamos de enhorabuena.
Supongo que estarán al quite de quien se quite la vida en la eutanasia que viene… porque defienden la vida. Supongo que no pondrán más obstáculos para saber la verdad de la maraña confusa y confundida de otra matanza, el 11-M, cuya sospecha les mira… porque defienden la vida. Supongo que respetarán la libertad de quienes quieren una educación no ideologizada ni sectaria para sus hijos… porque defienden la vida. Supongo que ya no jugarán a romper la familia con sus leyes para amiguetes… porque defienden la vida. Supongo, en fin, que encabezarán la defensa del más amenazado de todos los seres humanos: el no nacido, luchando contra el aborto en primera línea… porque defienden la vida.

Si no lo hacen así, nos habrán vuelto a colar su mentira, que hasta pueden hacerla legal, pero que es y será siempre inmoral. Pero si en marzo mayea, quizá en mayo marceará, y allí daremos cuenta. Porque hay idus que no deberían haber pasado nunca, pero ya que han sucedido, sólo se desea que no duren mucho más una vez acontecidos.
A Dios nos encomendamos en esta apasionante encrucijada en la que debemos roturar sus campos para que broten espigas de paz serena y de bien colmado para los hermanos.
Recibid mi afecto y mi bendición.

+ Jesús Sanz Montes, ofm,
Obispo de Huesca y de Jaca