Al alcalde Andrés Gracia Expósito lo sacaron de la cama, enfermo,para llevarlo a fusilar. El médico llegó a su casa cuando lo habían bajado al patio, pero, a la vista del penoso estado que presentaba, aconsejó no preocuparse por él."Este no llega a la carretera", dijo, y eso le salvó de las armas, aunque la enfermedad efectivamente acabó con su vida muy pocos días más tarde.

"Tiempo destruido", de Víctor Pardo Lancina. p. 104


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Para ver fotos de los actos, pulsa AQUí
Aviso: Si alguna persona fotgrafiada no desea estar en la colección expuesta, que me lo haga saber para retirar la foto (caso de primer plano) o pixelarle la cara (caso de grupo).


26.06.2010.- 12:00 horas. Santolaria de Gállego. Cementerio.
El sol cae a plomo. No hay una sombra bajo la que resguardarse.
En uno de los muros interiores, un fosa abierta, profesional y delicadamente ejecutada; con bloques de hormigón en los costados para evitar corrimientos de tierra. En su cabecera, dos banderas (la una aragonesa, la otra tricolor) ocultan una placa fuertemente cimentada a la pared. A la derecha, otra placa que recuerda otros nombres (Julio y Tomás Arbués, Martín Liso, Julián Gracia, Simón Pérez y Mariano Escuder ), la fecha de su asesinato (23/9/36) y la de su recuperación (10/8/1980).
Más de medio centenar de personas, la inmensa mayoría familiares de los asesinados cuyos restos serán hoy inhumados, se concentran en las inmediaciones del lugar. Esperan entre saludos, abrazos y alguna que otra lágrima de imposible contención; lágrimas que hoy ya pueden hacerse públicas tras décadas de silencio, de dolor manifestado en la privacidad y de temor.
En la megafonía, pleno de sentido, se escucha el tema más conocido de Raimon: Al vent, la cara al vent, el cor al vent, les mans al vent, ells ulls al vent, al vent del món.

José María Arbués es vecino de Santolaria y el encargado de planificar y ejecutar los aspectos técnicos de la inhumación; le acompañan dos operarios. Es justo reconocer que su pericia y saber estar contibuyen decisivamente para hacer más llevadero a los presentes "el trago agridulce" están viviendo. Con voz firme, con la convicción de quien sabe lo que hace, este vecino del lugar ordena abrir el nicho 90 donde aguardan dos cajas numeradas que serán colocadas sobre una mesa junto al lugar de su futuro descanso.

En un lateral de la fosa, acercado hasta allá por el esfuerzo de familiares que bregan empujando una silla de ruedas por el irregular terreno, está el niño Antonio; el pequeño Antonio Buenaluque que asistió, montado sobre un burro e inmóvil por su parálisis, a la detención de su padre cuando volvían a casa. Junto a mí está ese preadolescente que perdió a su padre ("Ni siquiera le dejaron descargar los burros", lamenta) y a su hermano mayor, el aprendiz de peluquero que murió sin cobrar siquiera los salarios que le adeudaba su delator.
Ya sabía de Antonio y su drama por el libro "Tiempo destruido" de Víctor Pardo. Incluso sabía, por la misma obra, de las expresiones que , cual letanía de conjura del dolor, repite insistentemente Antonio a día de hoy. "¡Ay, mi padre, seguramente se le retorcería el corazón al verlos!"

Junto a mí, con el corazón encogido y la dignidad engrandeciendo su figura, está un octogenario en una silla de ruedas, apretando con fuerza unos claveles. Asomándose a sus ojos claros, aún es posible , en un blanco y negro difuminado, vislumbrar al pequeño Antonio (inmóvil por la parálisis; inmóvil por el terror...) cómo observa al grupo de valentones (Cara al sol, con la camisa nueva ...) llevarse al padre sin apenas una fugaz despedida.

Comienzan (con dos cajas plásticas como centro de todas las miradas, de todos los pensamientos ...) las intervenciones a pie de fosa. José Mª Gargallo es el primero en hablar como representante de los familiares; y lo hace enumerando los nombres de los artífices de la represión: el cabo Luna, Guardia Civil Francisco Luna Rivas, de nefasto recuerdo en la zona; el médico del pueblo, el falangista José María Mañeru; el párroco, Julián Burguete; Pepe Garasa, el falangista de atildado aspecto ("llevaba los correajes que no eran tal, sino albardas de burro", dice Gargallo); el comerciante Clemente Samper y otros tantos...

El representante del Foro por la Memoria de Aragón da el que será titular del Diario del AltoAragón de mañana: "Las víctimas del golpe y la dictadura franquista murieron de forma injustificada y sin razón, pero no sin motivo. No murieron por motivos nimios, sino que fueron seleccionados por representar lo mejor de ese proyecto de vida en común que fue la República; no murieron por equivocación ninguno de ellos. Y hoy estas víctimas propiciatorias vuelven a su comunidad con los suyos y con todos los que compartimos, junto a ellos, sueños de progreso y justicia", termina Emilio Manrique.

El representante de la Generalitat de Catalunya, Juli Cuéllar, explicará en breve alocución el sentido de estar hoy aquí; se complace de haber podido acompañar y dar respuesta a todos los familiares en este trance y similares y expresa su deseo de seguir adelante en la denuncia de los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura, en la recuperación de los restos, en la dignificación de las fosas comunes y su conversión en lugares públicos de memoria colectiva.

Los que siguen en el uso de la palabra lo hacen desde la hondura y el recuerdo amargo. El sol sigue pegando de plano. El sudor que perla cabezas, que resbala por cuellos y mejillas, que empapa cuerpos, comienza a mezclarse con lágrimas silenciosas que brotan,discretas, tras gafas de sol.No es para menos cuando escuchas al niño que recuerda, por historias mil veces contadas en susurros, cuando llevaron al familiar preso la cesta de fruta y cuatro vituallas más y se les respondió que no había cuidado, que seguro que no tenía hambre. O la escena del hombre que no coge la chaqueta (¡Si será sólo un momento!, acierta a decir para tranquilizar a su mujer) pero, sabedor de lo que hay, come a besos las mejillas de sus hijas en la que acertadamente intuye como última vez.

Las cajas, que tanto dolor, que tanto amor cobijan en el aséptico interior, son descendidas a la fosa y cubiertas de banderas y flores. Tras ello las paladas de tierra de los operarios, que son relevados por familiares que, de edad avanzada muchos, arrancan dulcemente las palas y los picos de los profesionales y, como pueden, lanzan tierra y piedras de consuelo y recuerdo en el lugar donde descansan sus padres, sus abuelos,sus tíos, sus hermanos ...


Hoy, aún no lo he mencionado, ha tenido la deferencia Antonio Campelo de proponerme asistir juntos a estos actos. En la puerta de salida del cementerio escuchamos una conversación ajena (aquí se habla muy alto) entre dos mujeres de unos cincuenta años. Por lo que podemos colegir, familia una de víctima; la otra de victimario. La conversación es casi de amigas que hace mucho que no se han visto; la una alega que no sabía nada de ello; la otra que hay que mirar adelante.Quedan, sin fecha, para tomar un café.

En este momento faltan tres horas para el inicio, en Ayerbe, de los actos que restan del día. Tres horas para recuperarse, al menos en parte, del desgaste emocional de la mañana. Tres horas para, en amena sobremesa con mi compañero de hoy , recuperar fuerzas y volver a afrontar la mirada limpia y líquida del niño Antonio.



26.06.2010.- 17:00 horas. Ayerbe. Ayuntamiento; salón de actos.
No queda sitio en el salón de plenos del ayuntamiento de Ayerbe. En las primeras filas, los familiares más cercanos. En la mesa "presidencial", Emilio Manrique (Foro Memoria Aragón), José María Gargallo (Representante familias), José A. Sarasa (alcalde Ayerbe), José Mª Laborda (Tte. Alcalde Santolaria) y Víctor Pardo (Escritor y periodista)
Se inician los actos vespertinos con la proyección de un breve documental donde Carlos Castán explica el trabajo que desarrollo el grupo de excavaciones del grupo Foro por la Memoria de Aragón , y su compromiso con familiares. También éstos expondrán diferentes puntos de vista, todos ellos con el denominador común de la dignificación , el recuerdo y el respeto.



José Antonio Sarasa agradece a la organización y familiares la realización de ese acto en Ayerbe. Entra en materia haciendo una cerrada defensa de la actuación del Juez Garzón, así como de la actuación de familiares en la búsqueda de los restos de sus seres queridos, tarea que, dice, debiera ser respetada por todos. Termina deseando lo mejor para todas aquellas personas que, desde diferentes lugares, luchan por esta causa.

José Manuel Laborda disculpa la ausencia del alcalde de Santolaria y lee un comunicado en el que trae a la memoria a los vecinos represaliados en el 36. También agradece a los compañeros de mesa su labor organizativa y envía un emocionado saludo a Antonio Buenaluque que, desde primera fila, sigue su intervención.

José Mª Gargallo denuncia el agravio comparativo entre los caídos de un bando (constantemente recordados y dignificados con las proclamas de rigor durante más de cuarenta años) y otros, durante más de setenta tirados en cunetas, canteras y fosas ilegales. Termina afirmando que los republicamos hemos sido siempre mansos, débiles, corderos que fueron al matadero sin la acometida del buco que embistiera culos fascistas e impidiera que media docena de falangistas dominaran pueblos enteros.
Y aún lamenta más que con la posibilidad de votar sigan saliendo siempre estos mismos partidos que, en el fondo, son iguales.

Emilio Manrique transmite la visión del monimiento memorialista y afirma que cuando desaparecen los dictadores, entran en escena los gestores del olvido. Indica que las leyes de punto final no son válidas y que los crímenes de lesa humanidad no prescriben. Como en la Atenas del s.V , que prohíbe recordar la derrota ante Esparta, la España actual asiste asombrada al enjuicimiento el juez Garzón .Y , como Klaus Barbie, el carnicero de Lyon que cínicamente declaraba no recordar nada , y que el problema era de los que recordaban, desde el poder judicial corporativizado, se apuesta por la no condena y el olvido.Estos jueces han traído el descrédito a España.
Denuncia también el diferente trato entre víctimas de ETA y víctimas del franquismo. Se muestra muy crítico con el trato dado por las izquierdas a la memoria. También incide en que esa incapacidad de gestión en estos asuntos ha permitido la continuidad de los diferentes reductos franquistas a día de hoy.



Tras las palabras de Manrique,Víctor Pardo Lancina, inicia su conferencia "Rescoldos del tiempo destruido".
A lo largo de su intervención, Víctor mira fijamente a unos rostros y otros; son los supervivientes del drama y sus descendientes. Son personas que beben cada una de sus palabras, asienten en silencio y muestran su acuerdo a escasa distancia del conferenciante. Resulta evidente la capacidad de empatía de Víctor con los presentes; y la correspondencia de éstos.
Explica Víctor su presencia en este foro por la reciente publicación de su libro "Tiempo Destruido" (ver reseña del mismo en esta web, pulsando aquí ) y, en concreto, menciona el capítulo dedicado a "Los músicos de Santolaria".
Inicia, en rigor, su charla Víctor describiendo el telón de fondo en el que inscribe la represión en los primeros tiempos de la GCE. Hace un repaso de la situación en Aragón a mediados de Julio del 36, situación que califica de equívoca en el campo, por la indefinición de los frentes, y clara en las ciudades donde triunfa la sublevación. En ese instante lee la instrucción de El Director, Mola, que asegura que la acción debe ser extremadamente violenta y cruenta; instrucción que completa con otra posterior en la que indica que el terror debe instaurarse, extenderse y mantenerse para garantizar la subyugación de los elementos contrarios al levantamiento militar.

Continúa su relato retratando la situación en Huesca, con personajes de la talla de Ramón Acín asesinados, con más de un centenar de personas esperando en la cárcel el momento de la saca, con mal fusilados que eran vueltos a llevar al paredón y refusilados, con "los barbudos" disparando a bocajarro a pie de camión a los descendidos del mismo a empujones, con "el matarife" jactándose del manejo de los útiles del oficio en la macabra tarea... Hace un paréntesis para mencionar a Francisco Ponzán, discípulo y amigo de Acín que consigue huir para incorporarse a las fuerzas leales y que, encontrará la muerte, años más tarde, a manos nazis en unos bosques cercanos a Toulouse a escasos días de la liberación; y hace este paréntesis para informarnos que, en el día de hoy, Francisco Ponzán tiene una calle dedicada en Toulouse.
En Huesca, ¿quien recuerda a este maestro cuya última voluntad fue ser enterrado junto a Ramón Acín?

Se aleja el relato de Víctor de la capital y recala en Santolaria, el pueblecito inmediatamente victimizado por el cabo Luna y sus acólitos; comenta que muchos vecinos se desplazaron hasta Argüis, donde operaba la Roja y Negra, buscando seguridad. Para los que quedaron, su destino fue cruel. El conferenciante menciona los nombres de todos y cada uno de los represaliados, y glosa sus figuras con unas notas biográficas. No contento con ello, el conferenciante menciona los nombres de todos y cada uno de los asesinos, y menciona su papel en la represión y sus destinos tras acabar la guerra civil. Cada una de sus frases es reafirmada con observaciones de los asistentes en una especie de catarsis común conjuradora de la desmemoria. Hace Víctor una mención especial al cabo Luna, que acabaría expulsado, por vulgar delincuente, de la Guardia Civil unos años más tarde.
Finaliza Víctor elogiando la valentía de las gentes de Santolaria que, en 1980, fueron ya pioneros en la exhumación de sacas.
Y también para estos hombres tiene unas palabras de recuerdo el orador; también para las niñas que vieron el triste espectáculo del fusilamiento de estas gentes , niñas que fueron las que pudieron indicar el lugar exacto del asesinato.

La concurrencia premia la intervención del periodista con una larga ovación.
Tras ella, el minuto de silencio y la promesa de los que llenamos la sala de jamás permitir el olvido. Y al finalizar éste, los vivas a la República y a Aragón.
Por mi parte, estoy seguro, podrá llegar un momento en el que olvide los nombres que hoy he conocido; quizás incluso, pueda confundir retazos biográficos de unos con otros y verme obligado a releer o consultar obras literarias como la que he mencionado repetidamente en este artículo. Pero siento que jamás olvidaré la mirada limpia, que una vez más observo tratando de asomarme al abismo de su mente, ni el abrazo de despedida del octogenario niño Antonio.



Un años después:

Hace poco más de un año, tuve la ocasión de acompañar a familiares y amigos en la inhumación en Santolaria de los restos de represaliados en la guerra civil. Recuerdo con intensidad los momentos allí vividos y recuerdo, entre otros, a un hombre: José Mª Gargallo, un hombre que no tuvo pelos en la lengua y que, en lugar de evocar los nombres de los asesinados, alzó un dedo acusador y señaló , con nombres, oficios y calificaciones varias, a los causantes del horror, a los matarifes cobardes de las gentes indefensas. Pues bien, Roberto Gargallo, hijo del anterior, estuvo también allí y filmó lo acontecido. Y Roberto tuvo, además, la deferencia de remitirme un video con su trabajo, con su autorización para publicarlo aquí. Y así lo hago. Gracias, Roberto.