"Hace cuatro años que no veo a mis hijos. Papá está en la guerra. Volverá cuando la haya ganado; o no volverá...".
Fragmento conversación mantenida el 1 de noviembre, en el Café del Arte (Huesca), entre el protagonista de este artículo y la persona que redacta.


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01.11.2013.- En breve hará dos años.
Dos años del linchamiento mediático al que fue sometido este vecino de Jaca acusado de la tala de un árbol que nunca existió (el suplente del árbol de la salud de Jaca), episodio que podéis recordar pulsando en este enlace.
Dos años sin una disculpa; dos años sin un reconocimiento; dos años en los que la exclusión, la marginación y la sombra de duda, aún y con todo, siguen pesando en la historia de este hombre firme en su convicción y deseo de plasmar su proyecto socio-cultural.

Tras dos años me ha llamado. Que iba a estar unos días en Huesca capital haciendo unas gestiones ante el Justicia de Aragón. Que se hospedaría esos días en el Hogar y que si era posible que nos viéramos. Imposible negarse; por empatía, por afecto y por el interés que suscita esta persona de vida en la que aún no he profundizado pero que se me antoja imposible de olvidar una vez conocida.

A pesar de llegar puntual, ya me está esperando. Sentado en un banco de la plaza de múltiples nombres (de Navarra, de Zaragoza, del Casino...) y, como siempre, observando el escaso tráfico de personal a estas horas tempranas de la tarde mientras con una mano lija y lija algo que sujeta en la otra. Junto a él su medio de vida: un maletín de ordenador en el que atesora lagrimitas del árbol de la salud, cruces y botas esculpidas en trozos de madera acariciada miles de veces.
Un abrazo, un "cómo te va", una infusión en el desierto café del edificio emblemática de la plaza, y empezamos... ¿Por dónde empezamos?


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Francisco ha vuelto a realizar otras dos veces el Camino de Santiago. Redescubriendo caminos ya trillados, enfrentándose nuevamente a las penurias del trayecto con el único arma de la fé absoluta en su proyecto. Fé , trabajo y vivencias que quedan plasmadas no tan sólo por el impacto mediático que su figura y andanzas provoca, sino también por la cantidad de papeles oficiales que tramita, por las colas en estamentos oficiales y por las personas con las que se entrevista.

" Se haga llegar la información a quien corresponda para que estudie la posibilidad de analizarla. Se trata de un proyecto socio-cultural de carácter medio ambiental destinado a dignificar el fin de nuestros árboles más emblemáticos y promocionar nuestro itinerario cultural europeo, Camino de Santiago ", dice el repetido párrafo que, en modo y forma registrado, ha debido llegarle al Jefe de la oficina delegada en Jaca de la DGA, al alcalde de la misma localidad, al presidente de la comarca de La Jacetania, al Concello de Santiago, al Justicia de Aragón y a tantas otras instancias oficiales a las que tiene acceso.
De respuestas, poco. Nada en realidad, excepto la notificación del Justicia que indica que ha remitido a los organismos competentes la documentación aportada y que, caso de recibirse respuesta, se comunicará con Francisco. Poca cosa , en realidad, para un hombre que ha invertido su vida en un proyecto tal y que se siente profundamente estafado.

Estafado, marginado y ninguneado. El hombre que exige el reconocimiento de El Camino de Santiago (el auténtico, el que naciendo en Jerusalem y pasando por Roma cruza tierras jacetanas y muere en Muxía) no tiene el menor reconocimiento en su tierra. Enfrentamientos diversos, un carácter muy poco dado a las reverencias institucionales y al compadreo, el actuar movido por un resorte interno cada vez que le tocan la fibra sensible y la audacia de a quien muy poco le importa perderlo todo no son tarjetas de presentación aceptadas en el espacio de lo políticamente correcto. Y Francisco lo sabe; y le importa un bledo.

"Vivo fuera del sistema establecido, simplemente porque no lo comparto", afirmaba el pentaperegrino en declaraciones recogidas este pasado octubre en "El Correo Gallego", diario que reflejaba la gesta vital de este andaluz-jacetano que reclama para sí y para su iniciativa el reconocimiento oficial preciso para que no se olvide, que se convierta en una realidad y que su tierra, la jacetana, puede recoger los frutos y el provecho de siglos de historia ligados al, ¿por qué será?, conocido como Camino Jacobeo.