Dicen que las penas matan
y yo digo que no es así,
que si las penas mataran
ya me habrían matado a mí.

Todos los pueblos tienen su propia historia pero hay una historia personal en la memoria de las personas que es muy importante. Ontiñena fue un pueblo que se quedó bajo el dominio republicano y además se había establecido el régimen colectivista por lo que se intentó averigüar responsabilidades, se abrieron expedientes a vecinos y los que no huyeron fueron los que pagaron las consecuencias.

Inma Ferrer. Ontiñena. Entre el Cierzo, el Bochorno y el Morellano. pag. 119
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02.04.2011.- Ontiñena. Entre el Cierzo, el Bochorno y el Morellano
No cabe un alfiler en el local social de Ontiñena. Se presenta hoy un libro, el segundo, de la escritora Inmaculada Ferrer. Más que libro, declaración de amor y prueba de interés de esta mujer hacia la localidad a la que convierte en protagonista de su obra. Amor e interés correspondido, me parece intuír, a la vista del gentío que abarrota el local, de las sillas que son ocupadas en su totalidad , incluso las accesorias añadidas al final, y a la decena larga de personas que se verán obligadas a seguir el acto en pie.
El presidente de la comarca del Bajo Cinca, Evaristo Cabistañ y el conocido escritor e historiador José Antonio Adell flanquean a esta mujer que se muestra nerviosa ante la prueba que hoy afronta. Entre los vecinos hay quien pregunta donde está el alcalde. No parece de recibo su ausencia en un evento como éste. Evaristo le echará un capote al principio de su intervención al justificar su no presencia con la socorrida excusa de incompatibilidad de agenda.


Evaristo Cabistañ saluda y agradece la presencia del pueblo de Ontiñena y la de Adell. Rememora sus primeros contactos con la escritora, contacto que derivó para el presidente en una adicción lectora; confiesa que no pudo parar de leer hasta terminarlo y que lo primero que le dijo a Inma, tras ello, fue que debía escribir con la misma temática dos o tres más.
Enfatiza sobre la importancia de recoger testimonios y trasladarlos al papel; sobre todo aquellos de gente mayor que, por ley de vida, comienzan a dejarnos. También subraya el presidente la exquisitez y delicadeza de Inma Ferrer al escribir este libro, evitando menoscabar o hacer sentirse incómoda a persona alguna. Finaliza recordando a Inma que él ha escrito cuatro líneas que le fueron solicitadas por la escritora; en justa correspondencia, espera que ella le dedique otras tantas en uno de los ejemplares.

José Antonio Adell comienza su intervención señalando que hoy es un día histórico para Ontiñena. Hace una pequeña reseña de la escritora (vecina, ama de casa, trabajadora, escritora a base de robar horas al sueño...) a la que felicita por su trabajo. Afirma que ojalá hubiera muchas mujeres como ella en los pueblos, garantes de la memoria costumbrista e histórica.
Se refiere al título de la obra, mencionando que en la vida encontramos también días de Cierzo, días de bochorno y días de brisa refrescante. Menciona el periodo histórico reciente en el que se inscribe el libro: la guerra civil, la represión, las colectividades... ; la herida enorme que nos hizo a todos perdedores. Este libro es un homenaje a todas las gentes de aquellos tiempos, por todo lo que vivieron, por todo lo que sufrieron e, incluso, por todo aquello que aún rezuma dolor, por todos aquellos que aún no han econtrado el consuelo familiar de una tumba digna.
Finaliza Adell augurando un éxito para esta obra; no sólo en Ontiñena, sino en Monzón, Huesca, Binéfar y otros tantos lugares (mención expresa merece Tarrasa) desde donde se han desplazado asistentes al acto de hoy.

"Con el paso del tiempo te das cuenta de que la vida la has compartido con muchas personas, la mayoría de las cuales estáis hoy aquí", comienza su emocionada intervención Inma Ferrer, que añade: "En el día de hoy siento, en principio, agradecimiento; agradecimiento a Evaristo y José Antonio por su apoyo; y a vosotros, por vuestra memoria oral, por vuestros recuerdos, por vuestras fotos, por vuestros documentos que han suplido la inexistencia de archivo municipal de la época, destruído en la guerra. Y a Mª José que ha sido una excelente colaboradora."
Y, a partir de este momento, comienzan a proyectarse bajo la atenta y silenciosa expectación del auditorio, una serie de fotografías a las que Inma da vida merced a unos comentarios a pie de foto. Todo discurre con normalidad hasta que tenemos la fortuna de que , cosas de la técnica, no es posible oír con claridad el poema final que cierra la presentación. Y digo que tenemos la fortuna de que ocurra eso, porque nos da la oportunidad de oír recitar, en emocionada aunque serena dicción, el poema citado en la voz de Mª José.


En el pueblo se habían quedado con unas sesenta personas menos, casi todos jóvenes fallecidos por arma de fuego, más familias enteras exiliadas a Francia junto con una mayoría de hombres que por sus ideas tenían miedo a quedarse, todos ellos en dirección a lo desconocido, historias de amor rotas, mujeres que amaban a sus novios pero nunca regresaron, novios y maridos en un país que les era ajeno, hijos sin padre, casas desestructuradas, que al decir su nombre era hablar del patrimonio familiar, nombres que desaparecieron y "puertas cerradas". De nada sirvieron las lágrimas a causa del viaje que para muchos nunca fue de retorno, y que durante años conservaron el recuerdo de la última mirada a sus heredades, tierras del monte que la mayoría estaban yermas.
Inma Ferrer. Ontiñena. Entre el Cierzo, el Bochorno y el Morellano. pag. 99