Se lo merecía el muy hijo de puta.
"Causas objetivas de producción", me disparó el cabronazo."No vuelvas pasadas las fiestas de Huesca, que ya no hace falta," me provocó el muy mierda mientras me alcanzaba la carta de despido que firmé dócilmente.
La pequeña oficina, única dependencia con aire acondicionado (y condicionado a la presencia del hijo de papá) del almacén de cervezas dejaba de ser la mazmorra de mis anteriores quince años. Con un "ahí te pudras", el señor del calabozo me expulsaba del mismo y disponía de mi espacio para otro nuevo esclavo, más barato, más joven, menos conflictivo...
Sí; se lo merecía el muy hijo de puta.



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08.08.2012.- Siempre he sido un tipo solitario. Por deriva de la vida y por elección.
Esto en ocasiones en una ventaja. El no tener que pasar interminables horas recostado en el sofá mugriento de la peña del pueblo, acompañado por insustanciales charletas de kalimotxo y con preocupaciones más allá del acné, hizo que mi adolescencia y juventud fueran una incesante sucesión de libros y películas en las que aprendí, estoy seguro, mucho más que en las interminables y tediosas jornadas del IES que me tocó en suerte.Y este agravio era una buena ocasión para poner en práctica lo ya tantas veces interiorizado.

De Mario Puzo (El Padrino) conocí la importancia de estar siempre bien acompañado cuando a un enemigo le alcanza el destino que le tienes designado; de la necesidad de que haya decenas, cientos de personas que puedan asegurar que tú estabas bien lejos cuando sucedió. De Poe y su barril de amontillado me fueron revelados los secretos que hacen de una venganza un plato aún más dulce, más refinado, más inteligente... Montresor, el protagonista del relato, me alertó acerca de la estrategia del perfecto vengador de las faltas de respeto: planificación, meticulosidad y deleite en la ejecución del plan. E impunidad; siempre impunidad.
Huesca no es Little Italy ni yo soy un vengativo noble italiano que aprovecha el carnaval para poner en orden sus asuntos. No creo que pueda contratar unos sicarios para que hagan un trabajito mientras yo disfruto de una fiesta social rodeado de amigos y políticos varios que escuchan a "la voz" mientras me hacen confidencias; no, seguro que no puedo hacerlo. Ni tampoco creo que pueda atraer al hijoputa hasta el trastero de mi piso de sesenta metros cuadrados y emparedarlo allá de manera alguna; quizás con el cebo de alguna puta de los locales de la carretera de Sariñena. Pero no: mejor descarto la idea. Tengo la semanita de San Lorenzo para pensarlo.






21.08.2012.- Reúno los elementos imprescindibles. En los United es seguro que tendría más glamour que aquí, pero no me arriesgaré a comprar la herramienta en una tienda, así que sustituiré el bate (o palo de golf en su defecto) en los que pensé en un primer momento por un trozo de cañería de plomo de fácil búsqueda en cualquier vertedero cercano a Huesca.
También preciso un reloj de calidad y precio standard (importante: con calendario y de correa negra de plástico, similar al que usa el sacrificado próximo) y reencontrar mi cámara de fotos compacta, con posibilidad de introducir fecha y hora como marca de agua en cada foto. Y la tienda.¿Dónde dejé la tienda de campaña?

24.08.2012.- Comenzamos el plan.
Debo dejarme ver en un espacio público y en un evento con gente diversa pero no tan masificado como para quedar desapercibida mi estancia. OBUXOFEST es la elección más adecuada: un pueblecito aislado y con una armonía cotidiana inalterada.
Estoy ahí prontito. Planto mi tienda en la zona habilitada para la acampada, un prado sito en el cementerio antiguo de la localidad. Y acudo a la carpa del centro del pueblo, donde se inicia la inauguración. Fotografío al Profesor Vicente Carpa y retengo su acento de crispado permanente; y memorizo algunos de sus sarcásticos comentarios acerca de la generosidad de la organización y el alcance de los premios que otorga; escucho, y fotografío, también a Ángel Martínez y Javier Motuenga, subdirector del evento y consejero comarcal de Cultura, respectivamente.
Compruebo que en las fotos aparezca con claridad el día (Viernes, 24) y la hora (19:00, 19:12 ...).
Me trago toda la primera sesión de cortos. Recuerdo: ha habido problemas técnicos y uno de ellos se proyectará mañana. Y anoto mentalmente algunas otras cosas más: el orgasmo fingido de la mecánico Estíbaliz que sigue el rollo al mentalista hipnotizador y el atractivo aspecto de Francesca, una miembro del jurado que luce sombrero tejano blanco y sandalias de cuero con clavos.
Y, de nuevo, la Nikon compacta realiza su trabajo, documentando mi presencia.
Pasada la medianoche, participo en la queimada. Grito un reiterativo brindis a la mayor gloria del OBUXO (lo hago tantas veces, que me mandan callar) y exagero una ficticia borrachera. Me deslizo a la tienda, desparramo en ella un par de periódicos del día, unas camisetas arrugadas y el saco de dormir. Abro una botella de ginebra y empapo el material inflamable. Cierro la tienda y me deslizo hasta el coche. Una hora más tarde estoy en Huesca, a escasos trescientos metros del almacén del bicho. Y espero…

25.08.2012.
07:30 horas. Mi parásito siempre ha entendido que ”a menos inversión, mayor beneficio”. Eso hizo que la medida de seguridad estrella del negocio fuera colgar carteles falsos de empresas de seguridad aún más falsas; carteles que amenazan con la presencia de la policía sen un plis-plás caso de saltar la alarma , que hay un perro peligroso en el interior y alguna chorrada similar.
No sólo eso: además, en un trabajo en el que el 60% de la plantilla rota continuamente por la imposibilidad de llevarse bien con el tirano de la cerveza, el superjefe no entendió nunca la necesidad de un cambio de llaves periódico; con lo cual consiguió que la llave (normalita; nada de cosas sofisticadas) tuviese clones incontrolados.
Así que accedo. Como todos los sábados, a eso de las ocho, aparecerá a recoger las liquidaciones de los repartidores del día anterior. Como es habitual, en el escondrijo habitual que todos conocemos. Como cada mañana de sábado con la resaca propia del que empalma noche de alcohol y puterío. Aprovecho la espera para coger del almacén una cerveza, escanciarla en un vaso y sumergir en el mismo el reloj al que he manipulado la hora (5 y poco. PM) y he dejado la fecha correcta.

08:15. Aparece con un notable balanceo. Desde mi rincón lo veo desplomarse en la sucia butaca de oficina. Me acerco por detrás. Antes de poder golpearlo, cae en un sueño profundo. Lo llamo, lo abofeteo, lo pellizco; sin respuesta. ¡Mira que me lo está poniendo fácil!
Las ruedas de la butaca que ensucia con grosería mi exjefe me ayudan en la tarea de arrastrarlo hasta el fondo de la nave, hasta el lugar donde, abandonadas, descansan viejas neveras de barra de fiestas, grifos de cerveza y barriles estropeados.
Cambio su reloj por el de mi coartada y, con un empujón, lo introduzco en la nevera estanca. Cae como un cerdo muerto; emite unos quejidos y blasfema entre dientes pidiendo que se le deje dormir. Abro los grifos de cerveza que tengo cerca. Inundo el interior con rapidez. Mantengo su cabeza sumergida sujetándola por la nuca. Dos estertores, una especie de eructo y nada.
No puedo recrearme. Tengo poco tiempo. Cierro la nevera y apilo sobre ella otras usando el toro eléctrico, el que menos ruido produce. Y me voy. A toda hostia.



09:50
Estoy de vuelta en Javierrelatre. En la zona de acampada, algunas voces apagadas.Entro en la tienda. Apesta a Ginebra. Enciendo un hornillo en el lugar menos adecuado y me voy al coche. Al poco, los gritos, el despertar resacoso de decenas de personas al que se une el mío (fingido). No ha pasado nada: la tienda semiquemada, los enseres del interior inservibles y yo, aguantándome las ganas de reír y escuchando los indignados reproches de media docena de obuxofesteros con mi más convincente cara de gilipollas estupefacto.Y algunas fotos más al canto.
Ni recojo los restos. Dormito junto a ellos un rato. Hay quien (¡muchas gracias!) quiere un recuerdo del patoso del hornillo y me apunta con su móvil. Y yo me dejo hacer, por supuesto.

11:05
Me voy a la panadería - tienda y pido una torta de chocolate; y , en el bar aledaño, un café . Largo. Me siento feliz, enormemente feliz y tranquilo. Tanto es así que disfruto de las pruebas eliminatorias a las que son sometidos los participantes del concurso “Reinas Gritonas”; trivial, escenificación de súplicas lastimeras ante el psicópata de turno, exhibición de camisetas mojadas y carrera con las piernas enlazadas huyendo de una sierra eléctrica hipotética. La final, a medianoche.

16:00
Final de siesta. Lata de coca cola, a morro y de un trago, y me acerco, con el azúcar y la cafeína ocupando mis huecos internos, al BAR MANOLI, la sala multiusos donde se rinde homenaje a Lina Romay (actriz recientemente fallecida) con la proyección del film ”Sinfonía Erótica”. Primeros planos de genitales peludos, bisexualidades de nobles decadentes (con monja incorporada a tales menesteres) y un guión tan sólo un escalón por encima del porno tradicional. Me hago notar con algún que otro comentario en voz alta, violando el silencio (no sé si respetuoso con el film o simplemente siestero; el caso es que nadie me hace callar) de la sala. Tras el aliviador FIN, nos espera un playlist que presenta Jorge Riera con ejemplos de fakes y videos virales; playlist en esta ocasión salpicado por múltiples ocurrencias del auditorio. Divertido; mucho.
Y, por si fuera poco, en la Carpa nos esperan otra docena de cortos. Me quedo con el de la pareja trabajadora en una fábrica de bombillas, el del inmóvil en estado vegetativo y, por supuesto, el de la ocurrente revisitación de la leyenda de la mujer de la curva.
Sobre las diez, con los ojos enrojecidos, termina la sobredosis de imaginación y cine. Con reiteradas fotos. Mi exjefe, se supone, ha tenido un desenlace chungo hace unas horitas tan sólo.”Alcoholismo por vía pulmonar”, me digo para mí mismo.

26.08.2012 Madrugada
Recordatorio: la final de “Reinas del grito” se retrasa a la una de la madrugada. Mejor. Más tiempo localizado …
La pareja autodenominada “Los divorciados” se lleva el premio. Su grito “bis” deja paso a la actuación de ”Los Mutagénicos”, un grupo que suena excepcionalmente bien. Los escucho un rato y hago las últimas fotos. Hasta las dos de la mañana.
Me vuelvo a casa.





02:35
Y ahora a esperar con tranquilidad la visita de la policía. Sospecharán que puedo tener algo que ver en la desaparición del hijo puta; me preguntarán donde he estado desde la última vez que fue visto; me provocaran con el asunto del despido; me mentirán y dirán que no sé quien ha dicho no sé qué...; sin convencimiento todo ello. Y es que son tantos los frentes que el bicho abrió que les espera un arduo e inútil trabajo. Poner cara de tonto, ir haciendo mi vida con rutinaria normalidad mientras se macera en cerveza el cadáver, desaparecer suavemente de escena y, en un futuro, cuando la empresa decida poner en orden el almacén y descubran la sorpresa oculta, ser descartado como sospechoso por la anegada esfera de un reloj.

Conduzco de vuelta a casa. Tras el concierto de los Mutagénicos, tras la última cascada de fotos, tras las despedidas, tras los adioses. Dejando detrás decenas de testigos que asegurarán que ese sábado 25 a la una, yo estuve ahí; y todo el día.Y la víspera también, como puede atestiguar mi cámara de fotos.
Conduzco, pienso y sonrío.Salvo alguna pequeña molestia final, tema acabado. El lema de los Montresors podría perfectamente ser el mío. Nemo me impune lacessit.
¿Nemo?¿Tema acabado? No sé yo. ¿Como se llamaba ese chulillo tripitidor que me depredó en los pasillos del IES durante toda mi adolescencia? ¿Seguirá viviendo en Huesca? ¿Se acordará aún de mí?
El paro es lo que tiene: te deja mucho tiempo para pensar.




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