Javierrelatre. Madrugada. Domingo,28 de Agosto.
Cada vez oigo más cercanas las uñas deformes arando surcos en la reseca podrida madera de la puerta que me separa de mi destino.Gregorianos leprosos, sonidos escupidos por decenas de gargantas irritadas, acompañan el errático arañar en amedrentadora sintonía; placer para los carroñeros que ya anticipan el sabor de mi carne; terror infinito para mí, que intuyo el próximo final del que procuro abstraerme por momentos garabateando estas notas que, tras protegerlas con mi siempre optimista compañero condón, tragaré momentos antes del desenlace en la esperanza que ,alguna vez, alguien decida investigar la fetidez residual, persistente y empalagosa como un perfume barato, de los jardines de la Iglesia. Y encuentre la nota entre los restos de mi estómago.
Ojalá que ninguno de los engendros del otro lado de la puerta sea aficionado a los callos.

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42 horas antes.Huesca.
Se me presentaba un fin de semana atroz. Final de fiestas locales recientes, éxodo a la playa de los pocos que soportan esta ciudad en la segunda quincena agosteña, bares y garitos cerrados y un panorama de aburrimiento mortal. En el Diario del AltoAragón, tras repasar la anodina agenda festiva de los alrededores, ví la posible vía de escape: OBUXOFEST 2011 . Música hasta el amanecer, homenaje a Álex Angulo, proyección cortometrajes de terror, posibilidad de hacer de extra en un rodaje y zona de acampada gratuita.
Mis amigos, en paradero desconocido. Mi novia, después del espectáculo que protagonicé en la peña (un patético striptease con etílica exhibición de mi espíritu laurentino) tardará en cogerme el móvil. Si lo vuelve a hacer, que una HTV como debe ser tiene sus límites; y si no puede manchar de morado el impoluto verdiblanco de su uniforme festivo, aún menos remolcar fuera del recinto peñista a un novio con los pantalones por los tobillos y el litro de cubata salpicando en laico bautismo a cuantos se cruzaban.
Así que tocaba sacudirse la modorra sudorosa de la siesta interruptus en la que llevaba inmerso desde el dieciéis de agosto. Meter en la nevera portátil unas botellas de agua mineral, el ron, la ginebra y la coca cola, mirar el estado de la Quechua indignada (acostumbrada al asfalto desde mayo) y parar en una farmacia a comprar aspirina en todos los formatos y presentaciones posibles. Y condones , que si me voy a relacionar con mujeres zombis, no creo que tengan puesto el listón muy alto ...

A eso de las siete de la tarde llego a Javierrelatre. Llevo conmigo un olor dulzón que no sé si procede de mi estómago o de los campos que bordean la carretera en cuyas cunetas debo hacer paradas de emergencia. Juro y perjuro que los próximos sanlorenzos serán en plan yayo que se cuida; cada vez me cuesta más recuperarme...
Localizo la zona de acampada; junto a una iglesia y en la ladera que culmina el cementerio. ¡¡ Cómo cuidan el escenario estas gentes.!! Planto la tienda de campaña testigo de mis excesos sin molestarme en fijarla. Meto una piedra grande dentro y enfilo el camino hacia la plaza del pueblo. Setenta habitantes, pero un bar. Kalimotxo a tres euros el litro.
Pido el primero. En tres tragos, lo ventilo. Vuelve el dolor de cabeza, vuelve el latir de sienes, vuelve la náusea tímidamente. El aire fresco me reconforta y, entre tambaleos me hago un hueco en la carpa, donde un trío de actores (Igor, el doctor Frankestein y su criatura) remedan la conocida obra e intentan crear un presentador para el evento a base de esencias de conocidas figuras mediáticas televisivas. El sketch termina en una fellatio interruptus (mamada sin final feliz, vamos) que da paso a las intervenciones de las autoridades presentes.


De vuelta a la calle. 12º y bajando. ¿Por qué no me habré traído el forro?
Me acerco al bar. Pido un bocadillo de bacon con queso y otro kalimotxo. Me dejo otros seis euros.Devoro el bocadillo y atempero el litro. Parece que se calma mi cabeza; parece que mi estómago deja de gritarme. Y, de pronto, el grito que pregona:¡¡A la carpa!!.Comienzan los vídeos.
No llego a entrar.Suena mi móvil. Es la señorita "PorDiosquévergüenzamehashechopasar" que quiere saber dónde pasta la res de su propiedad.La conversación se torna violenta, los reproches se acumulan y yo no puedo replicar. La lengua se atropella en confusiones alcohólicas que se resuelven en risitas estúpidas o carcajadas estruendosas. Alguién de la carpa sale para pedirme que baje la voz. Le miro y trastabillo hacia él. Vuelve a entrar.
Cuelgo. Suena de nuevo. Tiro el móvil a la fuente de la plaza.Y entro en la carpa. Proyectan "Cena para dos", un corto en el que dos vampiros se reúnen a cenarse una muchachita. Nadie respira; atienden a las cómicas escenas con un recogimiento casi religioso. Tan sólo se escucha algún comentario pretendidamente gracioso (¡Muérdele más abajo!) y algún exabrupto que lanzo yo mismo ante la indiferencia general.
Al séptimo corto, ya no puedo más. Los Mancusos (el trío de la mamada de antes) improvisan despedidas a su padre muerto entre las carcajadas del público, pero yo ya no aguanto.Quería haberme quedado un rato más, estabilizarme hasta la queimada y llevarme algo caliente al catre, pero estoy al borde del desmayo. Enfilo la cuesta. Me río, avanzo a trompicones, uso pies y manos en cuadrúpeda función y llego hasta la tienda. Ni saco de dormir, ni colchoneta, ni nada. Tropiezo con la piedra y blasfemo entre ayes y risas.
A mi alrededor, en una ladera plagada de gentes jóvenes, apenas se escuchan unas conversaciones susurradas.¡Menuda panda de muertos!, intento articular instantes antes de que ya nada importe hasta el amanecer próximo.



Sábado, 27.Mediodía. ¿Cuánto tiempo lleva esta luz abrasando las sienes?
Joder con mi cabeza.Puto kalimotxo. La alcantarilla en mi boca, mis ojos que se niegan a abrirse y la vejiga dándome el ultimátum. No llego a los baños; espero que a nadie importe que descargue en las paredes de la iglesia.
Bajo la cuesta que tan estilosamente subí hace unas horas y me paro en la fuente. Hundo mi cabeza en ella y aguanto lo que puedo. Lo hago dos, tres, cuatro veces más.Hasta que la gelidez del agua me lo impide. Voy al coche y enjuago mi boca con ginebra. Sin tragar, que, a partir de ahora, agüitas minerales y refrescos con burbujitas; hasta que vomite de aburrimiento.

El bar. Café doble y una coca cola. Y un bollo. Y dos aspirinas que trago tras despertar la curiosidad de algún cliente que supone que no es precisamente AAS lo que mi cabeza pide a gritos."¿Quieres una?", le susurro, juguetón. Río viendo su cara de aterrada negativa.Un erupto en condiciones (es ahora el camarero quien me mira con desaprobación) y salgo a la calle. No repuesto del todo, pero aún con la agilidad mental y física como para esquivar (incluso intentado un pase torero, en ocasiones) hordas de morlocks que son cazados como conejos cabreados por la honrada ciudadanía de Umbrellalatre."Estarán preparando la comida", mascullo en ocurrente comentario que no comparto.
Me tumbo a la sombra. He rescatado del coche una botella de agua y los restos de un elixir (sin alcohol,¡ojo!) bucal que escondo-atesoro-guardo en mi regazo. No tardo en quedarme dormido de nuevo.

18:00 horas. Esto es otra cosa. Estoy como nuevo. Me despierto fresco pero deshidratado. Nada que no se solucione con un litro y medio de agua bebido en tres tragos largos. Con aliento de zombie reciente que intento paliar a base de apurar el mentolado enjuague pasándolo decenas de veces entre los espacios interdentales (¡Cuánto aprende uno de sus visitas al dentista!) y jugando a hacer gárgaras hasta que la garganta no puede más y escupe-traga-tose el verde líquido.

Abajo de nuevo. En la carpa, tres escritores hablan en coloquio prácticamente improvisado, del fenómeno de las casas encantadas.Se esbozan en la tela situada tras ellos sus sombras malamente definidas. Conforme los oigo hablar, surgen (el sentido del humor peculiar del borracho habitual, supongo) dos dudas que me corroen:
1.- ¿Una casa encantada aumenta su valor inmobiliario, o baja al tener bicho (inquilino) sin posibilidad de desahucio? Y completando ésta: ¿Son caros los servicios del barbastrense P. Fortea?
2.- Entre las manifestaciones ectoplásmicas más frecuentes en los fenómenos poltergeist actuales, ¿se incluye la figura del director de la sucursal bancaria apremiando el pago de la hipoteca?
Pero no las formulo, que la cosa ha degenerado y hay quienes, de entre el público, comentan sucesos experimentados personalmente. y no vaya a ser que al grito de ¡¡Al infiel!!, acabe lapidado en laico auto de fé. Menos mal que el terror alcanza cotas habituales y comprensibles con la proyección de "Mirindas asesinas", el corto de culto de realismo impactante: un tipo entra en un bar (éste sí que tiene un nivel de indignación y cabreo tal que él solito podría llenar Sol) y la emprende a tiros por cuestiones aparentemente nimias. Tan sólo anotar (¡será gilipollas!) que se le escapa el chuloputas; otra vez será...

Fuera, Dadá comienza a montar el escenario. Me pido una pizza (con más agua,¡joder!) y me la como sentado en un carasol improvisado. Dos cafés más y vuelvo a ser el de siempre. Listo para darlo todo.
¡Y que se joda mi ¿ex?novia!


Son casi las 22:30. Nueva sesión de cortos. En una caseta de obra, Pedro Rodríguez (a) Nosferatu maquilla extras para las tomas de la película que se está filmando en las proximidades del cementerio. Entre las curiosas, una aspirante a muerta viviente vuelve la cabeza. Se acerca. ¡¡Que sonrisa!!. Me pregunta si estoy en cola para que me llenen de látex el morro. Río; ríe. Me dice que sus colegas (¿colegas de qué?, me pregunto) se empeñan en hacer de actores frustrados, que se aburre y que si la acompaño al pase de cortos.
Pasamos antes, acabaré haciéndome amigo del camarero, por el bar. Un litro a compartir entre ambos (¡Sí, vale; desde mañana dejo de beber, pelmazos!)y, en un momento, estamos sentados en un lugar discreto, al abrigo de la oscuridad del cine improvisado.
Con delicadeza, mis dedos indagan el contenido del bolsillo derecho de mis vaqueros.¿Dónde estás, Oh Durex, cuando te necesito?, rezo al Dios de los placeres fugaces. Está; ya lo creo que está... Por si acaso, más que nada.
La voz de Santiago Segura da vida a un Torrente de plastilina en un film de sexo, pornografía, machismo de libro, perro cachondo, puta interesada, esposa resignada y sobrino corto de luces. Una revisitación del mito de Frankestein con extirpación de cerebro mediante el sofisticado uso de un desatascador de tuberías. Entusiasmo de público, si bien yo ando más interesado en las caricias de manos fugaces en los intercambios del cáliz de kalimotxo. Me toca el (¡UPS!, que dicen los pijos del "estudio inglés, que es muy importante para el futuro") muslo; me susurra que ahora vuelve. Asiento con el "VALE" multidisciplinar y polisémico que tanto usamos. ¿A que no vuelve la tipa ésta?, pienso.

En unos minutos aparece. Trae otro litro."Que no me esperen", dice que ha dicho a su banda; dispara, nuevamente, su sonrisa. "Guay", contesto. ¿Guay?¿Seré idiota?.
Nos unimos a las risotadas continuadas que provoca "Brutal relax", historia tejida en la reacción de un hombre que se irrita y que mediante evisceraciones de monstruos marinos, amputaciones traumáticas (¿alguna no lo es?) y un aplaudido enema gaseoso que provoca una explosión de líquidos varios, alcanza el desaeado estado del nirvana interior. Y terminamos el segundo megavaso.
Me coge la mano. Me saca de la carpa. Me arrastra en dirección a la zona de acampada. La sigo, mientras mi entrepierna emite signos de actividad vital. Se para. Me abraza. Me ataca; la ataco. Me palpa, se restriega, me mordisquea los labios. Busco sensaciones entre los pliegues de su ropa. Se zafa; me anima a seguirla.Me conduce a la iglesia; abre y cierra el portón. Estamos dentro. La beso profundamente a la luz de unos cirios. Cierro los ojos...
Me besa el cuello; me muerde. Siento su presión, pero no su desgarro. Me palpo; siento humedad deslizante con olor a ¿fresa?. ¿Que cojones me ha está haciendo esta puta?
Se escurre. Desaparece entre las sombras. La llamo (quizás no muy delicadamente).Fuera comienzan los golpes. Hay luces. ¿Que está pasando?. No puedo pensar; si hay un mañana, dejo de beber.

¡¡AVISO: Interrupción monentánea del relato!! Es ahora cuando la narración enlaza con el primer párrafo del texto. Un párrafo que me ha costado horas de buscar sinónimos y adjetivos para hacer algo parecido a literatura gótica. Y uno, que no es ni Poe ni, mucho menos Lovecraft, se ha esforzado. Así que, para no perder el hilo e inflar mi ego, os lo recuerdo.

Javierrelatre. Madrugada. Domingo,28 de Agosto.
Cada vez oigo más cercanas las uñas deformes arando surcos en la reseca podrida madera de la puerta que me separa de mi destino.Gregorianos leprosos, sonidos escupidos por decenas de gargantas irritadas, acompañan el errático arañar en amedrentadora sintonía; placer para los carroñeros que ya anticipan el sabor de mi carne; terror infinito para mí, que intuyo el próximo final del que procuro abstraerme por momentos garabateando estas notas que, tras protegerlas con mi siempre optimista compañero condón, tragaré momentos antes del desenlace en la esperanza que ,alguna vez, alguien decida investigar la fetidez residual, persistente y empalagosa como un perfume barato, de los jardines de la Iglesia. Y encuentre la nota entre los restos de mi estómago.
Ojalá que ninguno de los engendros del otro lado de la puerta sea aficionado a los callos.

Lo intento tragar, pero me produce arcadas. Lo arrincono en uno de mis carrillos mientras la puerta de la iglesia se abre. No puedo describir lo que entra. Me toman, me cogen, me rasgan la camiseta mientras continúo intentando tragar el condón. Hunden sus dedos en mi carne, tratando de horadarla. Se arrancan las uñas en este esfuerzo. Me sonríen con pútridas dentaduras a milímetros de mis labios. Canturrean salmos blasfemos. Me salpican con sus salivas venenosas. ¡Y no termino de desmayarme, mierda!
Me levantan inmovilizándome manos y piernas; me trasladan en volandas al altar. Me tumban sobre él mientras una sombra encapuchada se acerca. Se coloca a mi altura; me acaricia el desnudo pecho y alza algo, presto a dar el postrero golpe.
Unos dientes mordisquean con suavidad mi oreja. Es mi ligue de inframundo, la que me conducido a esta situación. Se entretiene jugando con mi cartílago y me susurra una orden: "Dílo. Si quieres que esto termine, dilo." Y, muy bajito, me desliza un nombre al oído.
¿Que diga qué?, sollozo. Lo repite. Y otra vez más...
Escupiendo nombre y condón intragable a la vez, grito con todas mis fuerzas: ¡¡¡IDIOTASIO RODRÍGUEZ!!!

¡Vale, ya lo tenemos!, escucho. Se encienden luces, me dejan, me sueltan, me dan palmadas en la espalda. Me ofrecen un trago. "Esta vez lo petamos", comentan. El kalimotxo no aguanta ya más en mi estómago y revienta, empapando. Estoy en un estado de catatonia de la que me saca la que creía mi trofeo nocturno. Me alarga un papel; me aconseja relea el punto cinco."Queríamos verdad,¿sabes? Y esta vez lo hemos conseguido", se jacta.
Leo. Lo entiendo todo. Claro que , si es verdad lo que quieren, debiera coger el candelabro que tengo a escasos pasos de donde me recupero y aplastar unas cuantas cabezas. Pondríamos OBUXOFEST y Javierrelatre en las páginas de sucesos de todos los medios.
Pero, mejor, me ocupo de la erección sobrevenida que, cosa de resucitaciones supongo, se abre paso. La llamo: "Oye, pedazo muerta...¿Dónde lo habíamos dejado?







AVISO FINAL:
He entendido que la reseña del OBUXOFEST 2011, dada su condición de festival de cine extraño y de terror, podía hacerse , a su vez, inserta en un relato del mismo género. Por diversión, cambio de tono en la expresión y por probar...
Es por ello que quien ,figuradamente, narra este fin de semana introduce opiniones, expresiones y afirmaciones que buscan tan sólo dar la dimensión espacio-temporal del cuento y esbozar levemente la personalidad del narrador. En ese sentido, hablar de lo anodino de la agenda festiva de los pueblos de los alrededores de Huesca, denominar "espíritu laurentino" al pene del protagonista o mencionar las características de una HTV comme il faut no son sino licencias literarias que a ningún lector formado debieran molestar.
Y, abundando en ello: Javierrelatre es una pequeña localidad con una arquitectura mestiza de chalets individuales muy respetuosos con el entorno y casas tradicionales muy bien conservadas. Y huele muy bien. Aunque,eso sí, suena raro: los resoplidos, en enfisémica melodía, de los foráneos ascendiendo por sus empinadas calles, informo.