25.07.2014.- Huesca. Sede de CCOO.
Ya estuvieron ayer, me dicen; y se les acompañó a Inspección de Trabajo a formular una denuncia.Y hoy han vuelto buscando refugio y orientación.
Mohsen y Sahim Riazaty Riazaty. Iraníes residentes en España desde hace más de dos décadas; nacionalizados españoles. 48 y 25 años. Padre e hijo. Esclavos ...
La parte de su historia que nos ocupa arranca en Valencia donde sobreviven como jornaleros del campo. Se cruza en su camino un ecuatoriano, un tal Wilmer F.A. (los datos exactos de los protagonistas obran en mi poder aunque de momento, por una cuestión elemental de prudencia no los hago públicos) que les hace una oferta de trabajo. Envenenada oferta que implica el pago previo de 300 euros por persona en concepto de vivienda y transporte; curiosa oferta ésta que casi antes de comenzar a desarrollarse recuerda tanto la trata de seres humanos.


El viaje a ninguna parte se inicia primeros de este mes (julio de 2014) en el que son trasladados en una furgoneta junto a otras dos personas por el tal Wilmer y una tal Eulalia, su socia.
Desde Valencia a Usón, a una casucha sin electricidad y de techo destartalado. Sobrevivirán en ese lugar cinco días sin que el "empresario" les provea de comida ni lugar de descanso (duermen en el suelo). Adecentando la chabola - mazmorra, realizando tareas de desescombro en la misma y tratando de adecuarla (?) para la próxima hornada de jornaleros-esclavos.

Tras esos días, son nuevamente transportados. Esta vez a Grañén donde los desembarcan en un piso que deberán adecuar. Piso al que , días después, llegarán hasta diecisiete personas. De nuevo, el suelo como colchón y el hambre de la desatención del emprendedor como único alimento.
Y comienzan las jornadas de trabajo en el campo. De 04:30 a 18:30 con breve parada para que cada cual coma de lo que haya traído por su cuenta. Cortando, recogiendo y disponiendo en paléts cebollas; cebollas amargas...

Como si la jornada no fuera especialmente extenuante, al término de la misma el segundo día Mohsen es abandonado en mitad del campo para que vigile la fortuna del patrón.Abandonado, sin agua, sin comida, sin luz...
Las condiciones y el maltrato se endurecen cuando aparece Wilmer en el piso con documentación que insta a que sea firmada de manera inmediata: unos contratos de trabajo a nombre de una conocida empresa, las renuncias al reconocimiento médico (en valenciano éstas) y una declaración falsa en el sentido de que han recibido protección solar y otros equipamientos para el ejercicio de su labor.
Veo las piernas de Mohsen y Sahim; acribilladas por picaduras de insectos, amenazando infección. Indescriptible.

Wilmer se va. Sin las firmas de estos dos trabajadores. Volverá horas después; de madrugada y a golpes, patadas y empujones forzará el registro de las dos mochilas que estos hombres portan como único bagaje. Amenazando e insultando. Buscando los documentos aunque sea sin firmar. Infructuosamente, porque Mohsen los lleva ocultos en su ropa interior. A empujones impedirá que Mohsen salga de la vivienda y, harto de buscar en vano la prueba documental de la explotación de estas gentes, los expulsará de la vivienda de las maneras fácilmente imaginables y los instará a esperarle esa misma tarde noche en la calle.

Mohsen y Sahim temen por su integridad y huyen. Campo a través hasta Albero Bajo donde acceden a un autobús. Hasta llegar a Huesca.
Lo primero que hacen es acudir al sindicato buscando asesoramiento que termina en una denuncia ante Inspección de Trabajo.
Y al día siguiente, a la Guardia Civil. Que del relato de los hechos se desprende mucho más que una cuestión laboral. Y mucho más que un asunto de faltas por amenazas y coacciones.
Y mientras ésta y alguna otra denuncia previa de la misma índole, que conocemos se ha producido, se solventan, Mohsen y Sahim sobreviven en las calles de Huesca; esperando justicia y reparación. A pocos un centenar escaso de kilómetros, compañeros suyos en situaciones similares continuarán estos últimos días de recolección recogiendo y cortando cebollas; cebollas amargas...

Pero la cuna de este artículo es el blog que tiene como irónico titular "Haciendo amigos". Y no estaría bien dejar estas líneas sin mencionar, al menos, el nombre de la empresa bajo cuyo paragüas (presuntamente de momento) se han producido los hechos. Se trata de LOUMAN Pirineo SL con sede en Agustins 17 de Lérida y cuya actividad principal es (evitaré aquí hacer comentarios) el "cultivo de cereales".

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