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12.04.2008
Desafíando el viento que se deja sentir en las trincheras de Tierz, un hombre algo alejado del resto otea el horizonte, posiblemente intentando adivinar los paisajes pretéritos en blanco y negro mil veces relatados por su padre, y convierte su cuerpo en mástil humano para la bandera republicana. Se trata de José González Ocaña, un visitante en Tierz con ocasión de las Jornadas Culturales Republicanas, un jiennense francés ,hijo del exilio, residente en Montauban (ciudad donde descansa Azaña, me reseña) y presidente de MER (Memoria, Exilio y República)

Su padre, Francisco González Moreno, combatió en estos frentes de Huesca,llegado desde su Jaén natal.Desde el cercano Tamarite tuvo que encaminarse hacia la frontera, al exilio y a los campos de concentración y exterminio.
¡¡Volveré!!, me cuenta José que dijo su padre. Y vaya si lo hizo.Lo intentó, de nuevo, con las armas en la mano, desde el valle de Arán en esa intentona abortada por el PC y los americanos y, años más tarde, muerto el dictador volvió a su localidad natal donde fue concejal.Hoy, nonagenario, sigue felizmente entre nosotros.

"No tratamos de reabrir heridas, sino de curarlas. No hay revanchismo, tan sólo un intento de poder encontrar el lugar donde están enterrados nuestros familiares al objeto de poderles dar una sepultura digna y tener un lugar donde ir a llorarlos" me amplía este hombre que aún busca entre las cunetas la fosa común donde reposa su tío.

"Me duele especialmente lo de los dos bandos, y el que se denomine Nacionales a los sublevados", continúa,"así como que se comparen las represalias en ambos lados puesto que la franquista fué muy superior tanto en número de víctimas como en el tiempo."

Se le iluminan los ojos a José cuando me dice que su sueño es que en España vuelva a ondear el pendón morado. Este enfermero psiquiátrico ya jubilado, hijo del exilio y de la "España en el corazón" (expresión escuchada repetidamente en el día de hoy) que trata de encontrar en Tierz el rastro del veinteañero que fué su padre me despide con un apretón de manos.

No puedo por menos que desearle que pronto, alcanzada ya la serenidad y el reconocimiento que cualquier caído y sus familiares merecen, hablar de República y republicanismo en España sea algo más que rememorar cientos y cientos de fusilados, fosas comunes y la guerra que no debió perderse. Ojalá...