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05.05.2015.- El silencio.
SARIÑENA. Cine - teatro "El Molino". 20:00 horas.

Hace 70 años los aliados entraron en el campo de Mauthausen. Organizados, capacitados a pesar del calvario sufrido, los recibieron los republicanos españoles. Entre ellos, monegrinos de diferentes localidades que cita, una a una, el editor y activista cultural Salvador Trallero, persona sobre la cual recae la organización de este evento que recuerda la efeméride. Todo ello en un salón amplio, el cine "El Molino", escenario de actos de carácter cultural y memorialístico en la capital monegrina. Un salón, hoy, más silencioso y solemne que nunca.

Con la misma voz cadenciosa, firme y contundente (¡¡cómo me recuerda a los compases iniciales de "Campanades a mort", de Lluis Llach!!) Trallero va dando paso a los elementos imprescindibles del acto: las llamas del recuerdo que aúnan pasado y presente y que permanecerán encendidas , en soporte de candelas rojas, a lo largo de todo este memorial de recuerdo. Manos de edades diversas que, en representacón de colectivos tan dispares como los presos del infierno nazi, sus familias, las generaciones actuales y futuras o las artes, van dando fuego a las velas rojas entre un continuado haz de disparos de flashes de la media docena de fotógrafos que documentan el acto. Una violinista, Andrea Labrador, que intervendrá en repetidas ocasiones esta tarde-noche, pone el contrapunto sonoro pertinente.

Y, tras los últimos nombres, los de las pequeñas Lucía y Celia, últimas en encender las llamas de la memoria eterna, todo el auditorio se pone en pie y guarda un minuto de silencio conmovedor y emocionante como pocos. Cabezas mirando al suelo, caras semiocultas entre las manos, forzadas posturas de brazos cruzados en virtual abrazo. Es el dolor, la indignación, la pena y también la alegría de saberse poseedores y, a la vez, difusores de la memoria ;todo ello en una atmósfera densa, pesada y fraternal envolviendo las moquetas gastadas y las butacas, tantas veces usadas, de este lugar.



Jesús Inglada inicia su intervención. El profesor de Historia, sin arrinconar del todo el tono académico de su intervención se centra en la vertiente más humana de la peripecia vital de los deportados. No olvida mencionar a BOIX, en fotógrafo del terror y cuyas fotos, merced a una red de niños-trabajadores esclavos y el valor de una mujer resistente, contribuyeron decisivamente a la condena de, al menos, una parte de los autores de los crímenes nazis.
No olvida hacer mención a Mariano Constante y José Alcubierre ni poner un punto de esperanza en el relato vital de muchos de los supervivientes que, tras perder años de juventud, salud y patria a la que volver, se quedaron en Francia, supieron rehacer sus vidas y forman, sus descendientes, un núcleo de influencia y dignidad respetado en el país vecino.

Tras las palabras del profesor, y con el mismo silencio que hasta ahora se ha seguido el acto, se proyectan diferentes fotografías. Todas conocidas: La escalera de los paracaidistas, los hornos, las alambradas, la cosecha de cadáveres apilados, la desnutrición, las montañas de maletas tras el postrero viaje, la alegría de haberse conocido de los verdugos y sus poses arrogantes... Fotos todas conocidas, pero no por ello menos impactantes.

Observo a un adolescente tomando notas constantemente; haciendo de una libreta y un bolígrafo armas de futuro, testimonio de memoria. Cerca del mismo, otro grupo de jóvenes; me dicen que alumnado del IES Gaspar Lax. Alguno semiocultando su emoción tras unas manos levemente temblorosas. Todos llenando su retina de imágenes que hacen dudar de la condición humana de los defensores de idearios totalitarios; todos atentos, sin perderse una sola palabra...

El representante de la Amical de Mauthausen, José San Martín, toma la palabra. En la solapa un pin: un triángulo azul que denotaba la condición de apátrida del portador, con un S mayúscula en su interior; la inicial de ESPAÑOL en alemán. Marcas de oprobio devenidas en orgullosa constatación de una voluntad de vencer a prueba de todo.
En su voz la denuncia del olvido y la no reparación, siempre en la medida de lo posible, del daño causado. En su voz la denuncia del ascenso de organizaciones nazis (desdeña el prefijo NEO porque afirma que el nazismo es siempre la misma cosa). En su voz, la voz de tantos acallados por la fuerza.En su voz de modulación calmada la reivindicación perpetua: ¡¡Mauthausen NUNCA MÁS!!



Inmediatamente después es Andresa Ballarín la que toma la palabra. Firmeza en la voz; firmeza en la postura. Erguida, de pie, digna... Y temblor emocionado en su mano izquierda, la que aferra el guión de su intervención. En ella, un canto emocionado a su familia, tan afectada por el drama humano que nos ocupa.

Turno ahora de la gente más joven. Una lectura de poemas, alguna consideración personal de quien toma el micrófono y la esperada lectura. La lectura reposada y consciente de los nombres de los fallecidos en el infierno nazi; y también , tras ello, el nombre de los que sobrevivieron al horror. Todo ello en el silencio más absoluto con el único acompañamiento de las tristes notas que salen del volín de Andrea.

Son más de las diez de la noche cuando finaliza el acto. Las candelas siguen encendidas. El silencio continúa y las conversaciones se suceden a un volúmen bajo.Los participantes en el acto se hacen fotos tras la mesa que alberga las velas.
Pasan otros 20 minutos. Las rojas velas se apagan. Pero su llama sigue ardiendo en la pecho y la conciencia de cuantos hemos compartido esta velada. Junto con nuestro compromiso juramentado en la intimidad de cada cual de no olvidar jamás la historia (las historias, tantas veces y en tantos lugares repetidas) de cuando un grupo de hombres y mujeres se creyeron con la potestad de sentenciar el futuro de otros. Y de cómo los otros, sobreviviendo y muriendo, escribiendo , fotografiando, dibujando y hablando, recuperaron nombres e historias personales. Y de cómo la resistencia es, en muchas ocasiones, el baluarte último de la dignidad. Y de cómo, en esta historia, muchos vecinos de una pequeña comarca llamada Los Monegros, son protagonistas.

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