¿Cómo podéis quedaros así tranquilos en vuestras casas y con vuestros quehaceres,sabiendo que un día al despuntar el alba, allí arriba en el Montjuic sacarán del castillo a un hombre atado, y lo pasarán delante del cielo, del monte y del mar, y del puerto en plena actividad y de la ciudad que se levanta indiferente y poco a poco , muy poco a poco, para que “no haya que esperar”, lo llevarán a un rincón del foso, y allí, cuando suene la hora, aquel hombre, aquella obra magna de Dios en cuerpo y alma, vivo en todas sus potencias y sentidos, con el mismo afán de vida que tenéis, se arrodillará (*) de cara a un muro y le meterán cinco balas en la cabeza, y él dará un salto y caerá muerto como un conejo, él que era un hombre, tan hombre como vosotros, acaso más que vosotros?
(Joan Maragall,artículo “la ciudad del perdón”, escrito tres días antes del fusilamiento de Ferrer i Guardia y censurado por “La Veu de Catalunya”)
(*)
Ferrer consiguió la autorización del militar jefe de la fortaleza de morir de pie




Ferrer i Guardia: El incómodo centenario

Llego al trote, sudoroso y ruborizado ...
Es la última jornada que conmemora el primer centenario del fusilamiento de Francesc Ferrer i Guardia, el pedagogo iniciador del racionalismo educativo ejecutado en la convulsa Barcelona de principios del XX. ¡Y llego tarde...!
Me he perdido, hace una hora, la presentación de la edición facsímil del diario "Nuevo Aragón"; en concreto la del ejemplar de 9 de marzo de 1937 en la que discípulos de Ramón Acín (Evaristo Viñuales, Paco Poznan, Miguel Chueca y José Mavilla) glosan la figura del maestro asesinado en los oscuros primeros días de la Huesca sublevada. Víctor Juan Borroy, el director del Museo Pedagógico, ha sido el encargado de presentar esta auténtica joya que hace la publicación número de la citada institución. Acto doblemente emotivo que ha contado con la presencia de la nieta de Ramón Acín.
Un vistazo al auditorio; fundamentalmente femenino y estudiante universitario, deduzco que de Magisterio. Y algunas personas que identifico, de manera genérica, como autoridades académicas. No distingo ningún dirigente político, ni local ni de rango superior.
Sin comentarios...




Antonio Bernat se me aparece como hombre cordial, amigable y nada protocolario. Me estrecha la mano, se interesa por lo que hago allí y me adelanta alguna de las ideas básicas que conformarán su intervención.Intervención apasionada que comienza con un reconocimiento del afecto mutuo entre Víctor y quien habla.Y entra al meollo.
"Este es un centenario realmente incómodo; para mucha gente. Tras años de tergiversación y difamación en los que se han empleado argumentos de los más repugnantes, con estrategias puras del revisionismo histórico, tales como si era o no mujeriego, buen o mal padre... Asertos, en fín, que debemos desterrar para siempre, porque su único cometido es desprestigiar respetabilísimas figuras como la que nos ocupa y hurtar el debate acerca de su importancia.Falacias que aún escuchamos como la vinculación de Ferrer con la Semana Trágica, tópicos repletos de argumentos ad hominem nada científicos por otra parte, que debemos ignorar definitivamente.
La incomodidad de los herederos de diferentes grupos políticos se refleja en su necesidad de celebrar este centenario, pero en un tono menor.Recordemos el entorno de la época, la represión del gobierno Maura y el silenciamiento de los sindicatos. Tan sólo pudo hablar la burguesía catalana, pero no lo hizo. Tan sólo Joan Maragall alzó la voz para denunciar el crímen que se anunciaba, pero Prat de la Riba (y esto hay que decirlo así) no permitió su publicación.Miraron a otro lado. ¿Y que decir de Cambó, inmerso en su doble juego?
De los comunistas actuales, poco hay que decir.Nunca se ha hecho una valoración crítica de las relaciones del aparato comunista con el movimiento anarquista y el capítulo Ferrer tampoco es una excepción; es lógico que estén incómodos con esta fecha.
¿Y los republicanos? Azcárate no quiso defenderlo porque pensaba que era culpable y si un hombre como Azcárate, prototipo de la honestidad republicana, no quiso mojarse por algo será, pensó la seráfica opinión pública republicana.
Y de los radicales, que no tienen a nadie actualmente que se diga heredero de los mismos (salvo los neolerrouxistas catalanes que usan la lengua), tampoco pudo esperarse gran cosa. Escurrieron el bulto. Al fín y al cabo tenemos ya elementos de juicio suficientes como para saber cuales eran sus objetivos últimos.
Tan sólo dos personas defendieron a Ferrer y, con ello, la dignidad de España. Maragall y Francisco Galcerán Ferrer, el capitán que actuó como defensor en la farsa judicial que lo llevó a los fosos del castillo y cuyo alegato final de defensa es un canto extraordinario a la libertad y al compromiso. Y que lo pagó, posteriormente."


Y continúa Antonio:"Los hay que fusilan por segunda vez, hoy, a Ferrer usando la mistifación, es decir, el falseamiento de su pensamiento y reduciéndolo a pedagogo ya superado y asumido en sus planteamientos más de escaparate (coeducación, desarrollo del intelecto,etc ...) y obviando el pensamiento profundo que inspira toda su obra.Al ensalzar su pensamiento pedagógico, se desactiva el político. No hay nada más destructivo ni falso que reducir estas personas a simples reformadores pedagógicos. Porque nadie muere por una técnica didáctica o por sacar a los niños de excursión; murieron porque eran anarquistas y tenían un concepto de la educación como medio de liberación del pueblo que el stablishment no puede tolerar. No podemos reducir a reformismo pedagógico lo que Ferrer y otros hicieron, porque obviamos lo mejor.
Otra forma sutil de superar la incomodidad es apropiarse del personaje: ahora resulta que Ferrer es representante de la pedagogía catalana, forma parte de las señas de identidad catalana y lo que ocurre es que nos hemos portado mal con éllos los catalanes, no reconociéndolo"
, ironiza Antonio."Pues no, Ferrer era lo más alejado a la tribu. Era una persona de pensamiento universal, de solidaridad sin fronteras, en las antípodas del pensamiento tribal.
Y otra forma posible es arrinconarlo.Ponerle un monolito en una zona lejana, aparcada; lo metemos en una estantería lejana (Montjuich, por ejemplo) cuando su lugar debiera ser la plaza Urquinaona. Y aún hay otra forma más de obviarlo que es convertirlo en ANTIQUARIA, coleccionándolo en museos y no reconstruyendo y debatiendo su pensamiento."

El diálogo posterior, dirigido por un Antonio aún fresco tras una hora larga de apasionada alocución y un ronco Víctor Juan conminado a ocupar un lugar junto al orador, gira en torno a la necesidad de recrear constantemente las prácticas educativas ("No hay recetas, no hay varitas mágicas..."), en lo imperioso de tener siempre presente el drama anterior para evitar su repetición y en la emocionada intervención de una emocionada futura docente que confiesa su admiración por Palmira Plá.Tampoco faltarán las llamadas a repetir experiencias de este tipo, si bien habrá quien remarcará que es en la cotidianeidad y no en la excepcionalidad donde deben perdurar las huellas de estos pedagogos y docentes.

No puedo por menos, observando a la juvenil y entusiasta futura hornada de docentes que nos acompaña, que pensar en si en un futuro estas gentes enriquecerán la pedagogía con nuevos y más efectivos métodos didácticos, si liderarán movimientos sociales en los que volcarán sus capacidades o si, por el contrario, sus únicos intereses pasarán por la acumulación de trienios o la escasa calidad del café de la máquina instalada en la sala de profesores. Menos mal que cuando un tiene un bajón de éstos, basta con rememorar el ejemplo que los maestros aragoneses de ayer (algunos, incluso, de los de hoy mismito) para remontar el ánimo.


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Fotos: Fundación
Ferrer i Guardia
Como complemento ...

Francisco Ferrer Guardia es uno de esos personajes malditos de la historia de nuestro país. Unos evitan hablar de él, otros lo vinculan a actividades delictivas.
Ferrer nació en Alella (Maresme) el 14 de enero de 1859. Pertenecía a una familia de pequeños propietarios rurales, católicos y monárquicos, cuya casa paterna era conocida como "Cal Boter". Por diversas razones familiares, Ferrer fue a vivir a Barcelona y entró a trabajar con un comerciante de harina de Sant Martí de Provençals. Aún no tenía quince años cuando el comerciante le inscribió en clases nocturnas, iniciándole en los ideales republicanos. Durante la I República, el joven Ferrer participó con entusiasmo en experiencias de educación popular. Durante los años siguientes el joven autodidacta estudió a fondo el ideario de Pi y Margall y conoció las doctrinas de los internacionalistas.

En el año 1901 se dedicó a preparar el lanzamiento de la Escuela. El éxito de la Escuela y la fama de los métodos que se proponían fueron corroborados por la multiplicación de centros educativos racionalistas en todo el Estado en un intento de neutralizar la tendencia de la Iglesia hacia el control de la educación pública. Esta circunstancia explica el interés que en las sociedades obreras y populares -no necesariamente anarquistas- tenían los planes escolares y los libros de la Escuela Moderna. También se explica la acogida favorable que recibió la Escuela en los medios burgueses republicanos radicalizados, además de las innovaciones metodológicas y didácticas que podía aportar la Escuela Moderna.

Es imposible entender la evolución ideológica de Francisco Ferrer y, por extensión, su proyecto escolar, sin tener presentes los movimientos sociales y de opinión en Cataluña, España y, en especial, en Francia durante los 25 años de su vida.
La ideología ferreriana de los años ochenta y de principios de los noventa es republicana. Concretamente Ferrer es adepto al Partido Republicano Progresista de Ruiz Zorrilla. Evolucionará posteriormente en un sentido anarquista: participa a fondo en la campaña para la liberación de los presos de Alcalá del Valle y en la creación del núcleo sindicalista barcelonés de Solidaridad Obrera. Era un partidario resuelto de la huelga general y del año 1901 al 1903 subvencionará un periódico con este mismo nombre. Sus artículos en "La Huelga General" recogen la concepción libertaria de la huelga general como preludio de la revolución social cuya concepción va más allá de la simple proclamación de la República.

El día 31 de Mayo de 1906, día de la boda del rey Alfonso XIII, un hecho llenó de estupor el país: cuando la comitiva real pasaba por la calle Mayor madrileña, el sabadellense Mateo Morral lanzó una bomba que provocó la muerte de veintitrés personas. Dos días más tarde era arrestado en Barcelona el director de la Escuela Moderna de la cual el joven anarquista era bibliotecario. Francisco Ferrer fue acusado de complicidad pero los tribunales no pudieron probar ningún cargo y, después de un año en prisión, fue liberado el 12 de junio.
El alboroto que el caso Ferrer provocó tanto en España como especialmente en el extranjero fue realmente extraordinario, se movilizaron a su favor desde los liberales y los republicanos librepensadores hasta la familia socialista y anarquista. El argumento de los acusadores de Ferrer -la derecha autoritaria y conservadora, básicamente- en 1906, se podría resumir con la siguiente inferencia: la Escuela Moderna es un centro de propaganda ácrata, y la propaganda ácrata genera necesariamente la acción terrorista. Por fuerza Ferrer fue cómplice de Morral, como lo había sido de otros actos terroristas anteriores.

La crisis social y política que arrastra desde hace años el Estado español de la Restauración encuentra su más alta expresión en los hechos de la Revolución de julio (Semana Trágica) de Barcelona en el año 1909, verdadero principio del fin del régimen monárquico. El nombre de Ferrer va ligado a estos acontecimientos populares y a su represión. Fue, de hecho, la víctima más significativa y el principal cabeza de turco. Los argumentos que no habían triunfado en el año 1906, lo hacían esta vez: Francisco Ferrer fue condenado a muerte y ejecutado después de un turbio consejo de guerra. Moría en Montjuïc el 13 de octubre de 1909. Nunca se demostró que fuese culpable de lo que se le imputaba. Su muerte interesaba a la derecha ultramontana y al estamento militar.
Una cosa conviene tener en cuenta: el tiempo y el consenso histórico han dictaminado la injusta incriminación de Ferrer. El discurso justificador de su condena se silencia -aunque con fuertes brotes sectarios- a partir de la segunda década del siglo. Pero, aunque parezca increíble, aún hoy en día, existen sectores en nuestro país (sectores conservadores ligados al mundo de la educación y de la cultura) que siguen defendiendo la imagen delincuente de Ferrer.
Fuente: www.laic.org



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Y no puedo evitar, por su evidente interés y relación con el asunto de hoy, el referirme en estas líneas al artículo del Profesor Bernat Montesinos publicado en en Anuario de Pedagogía nº 9/2007 titulado "Estrategias de revisionismo histórico y pedagogía del odio" y al que se puede acceder pulsando AQUÍ