Emilio Giménez: Hombre de respeto

13.11.2007
No es difícil dar con Emilio. Todo el mundo en el mercado ambulante lo conoce y me llevan hasta él rápidamente. Acepta mi invitación a ser entrevistado con prontitud.

"Soy gitano.Nací en Huesca, de donde es mi familia desde siempre. Quedé huérfano a los siete años,y a los doce emigré en el barco *Cabo San Roque* a Buenos Aires, donde trabajé en la venta. Tuve que hacerme hombre antes de tiempo y no conocí la escuela". Preguntado acerca si ha pensado mudarse a otro lugar, responde que "He tenido ofertas muy tentadoras económicamente,pero soy tan oscense que cuando siento una jota y estoy fuera, se me saltan las lágrimas; prefiero un plato de patatas aquí que caviar en cualquier otra ciudad"

Emilio habla con autoridad, pausadamente y con prudencia. Parece escucharme cuando lo interrumpo y permite que se le contradiga o matice sin que ello afecte al tono general de la conversación.Hablamos de la ciudad y el colectivo gitano. "Me gustaría que, de una vez por todas, nos permitieran integrarnos en esta ciudad; debería superarse la época de la persecución que sufrimos, hace 50 años no nos permitían entrar en la ciudad de Huesca, y no tenernos tan machacaditos y quemados como estamos".

Es Emilio el portavoz de los vendedores ambulantes, actividad en la que encuentra refugio buena parte de la colectividad gitana oscense. La Plaza Luis López Allué, uno de sus caballos de batalla actuales."En el momento de las elecciones municipales anteriores (Mayo 2007) tuve contactos con el sr. Elboj y otros, porque el tema del mercadillo se les ha ido de las manos. Me dijo por escrito que si salía alcalde, tendríamos mercadillo en esa plaza y en domingo.Ahora me dicen que no lo permiten por anticonstitucional.La realidad es que los mediadores del sr. Elboj destrozaron las conversaciones que mantuvimos y, en ese sentido me siento engañado. Yo quisiera poder aplaudir a mi alcalde, pero, de momento, no puedo", se lamenta Emilio. Y añade, ante mi oferta de trasladar algún comentario al ayuntamiento oscense, que " actualmente nuestro interlocutor es el sr. Lafuente que responde sistemáticamente NO a cualquier propuesta, sin razonamiento alguno".

Nuevamente la conversación retorna al asunto de la comunidad gitana y su integración o no en la sociedad oscense. Se queja mi entrevistado de la escasa presencia gitana en otros trabajos (camareros, dependientes,etc...) diferentes de la venta ambulante y el aumento en los mismos de personas de orígen extranjero. También comenta que no son tratados con la misma deferencia en servicios públicos y que tienen preferencia ("los moritos,los negros...") sobre ellos.

Lamenta Emilio incidentes habidos recientemente tanto en el desalojo de unas caballerizas (¡Es la guerra! ¡A casa a por las pistolas!, se llegó a oír), o en el amedrentamiento-linchamiento a personas de orígen hispano en "el barrio". Si bien explica esos comportamientos en la represión social, económica y laboral en la que se encuentran y ,nuevamente, en el agravio comparativo que se produce entre ellos y otros colectivos minoritarios recién llegados.Y piensa que podía haberse solventado con unas conversaciones previas. En ese sentido se ofrece como "hombre de respeto que es" a mediar entre poderes públicos y colectivo gitano, aseverando que él puede evitar un 80 o 90 % de los incidentes.

"Debieran haberlo castigado más" , me comenta cuando, como es tópico en cualquier conversación de este cariz, mencionamos el caso Farruquito. Dicho comentario me incita a plantearle el tema de la solidaridad grupal que se practica que llevó en el archiconocido asunto a que un famoso bailarín llegara a solicitar leyes diferentes según fuese payo o gitano el imputado. Emilio me escucha y, prudentemente, calla. Es hora de volver al puesto del mercado. Con mutuas promesas de seguir en contacto y un apretón de manos, nos despedimos.
Comienzo a rumiar un futuro artículo-blog acerca de Huesca y sus minorías.