Sábado, día 23. 14:01 horas.
Todo comienza con un mensaje de texto:
" Hola, Carlos, tú podrías venir esta tarde con tu equipo de fotos? "

Quien me envía ese texto tiene todo mi respeto y consideración. Y yo tengo la tarde libre, así que está claro donde voy a pasar esas horas.

"El cubo de la verdad" se presenta en Huesca. Mis desconocimiento acerca de la acción a desarrollar es total así que repaso mis tarjetas de memoria, aseguro que las baterías tienen carga, aparto el flash externo (cada vez me gusta menos su uso) y en menos de una hora estoy listo para acudir a Los Porches (de Galicia, según denominación actual).
Seguro que aprendo alguna cosa.

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Alrededor de treinta activistas, con vestimentas negras, se concentran frente a la puerta de la DPH. Junto a ellos un roller de la organización que organiza el acto y una mesita donde se dispone material referente al mismo.
Hay quien te ofrece un minirecetario vegano (con enlaces a más lugares donde puedes profundizar en ello) o folletos contra el comercio de pieles. La información abundante y accesible está al alcance de toda persona que se acerque.

Tras la foto inicial, comienza la reunión preparatoria acerca de la mecánica del desarrollo del acto y para aclarar dudas de última hora: Doce activistas formarán un cubo colocándose sobre la marca que en el suelo indica la posición a ocupar. La marca es un trozo de linóleo. Las doce personas encargadas del cubo portarán , seis de ellas, seis pantallas y, las otras seis, seis carteles con la palabra VERDAD sobre fondo negro. Todo ello en un absoluto silencio y portando la máscara célebre por su aparición en la película "Vendetta".
El resto de activistas, sin máscara, establecen contacto físico con las personas que se acercan. Hablan con ellos, les entregan documentación, les explican las razones de la acción.
Cuando un/a activista precisa ser relevado, simplemente levanta la mano, y otra persona ocupa su lugar. Hace lo mismo si quien se acerca al cubo a ver lo proyectado en las pantallas es menor, en cuyo caso se le retira a no ser que algún adulto a su cargo lo autorice.
Y no es para menos, porque lo que, en bucle una y otra vez, se proyecta son documentales acerca del trato a animales de distinta especie en granjas y mataderos. Algo que es público y accesible en canales de video de internet, algo que es, estrictamente, la verdad, pero algo que siempre se ha pretendido ocultar. Bien sea bajo la preparación del producto en bandejas de corcho blanco y plástico (que aún así rezuman sangre en su interior) o, bien sea, bajo el concepto de "bienestar animal", concepto y práxis muchas veces justificatorio de la actividad empresarial ganadera totalmente industrializada.

Lo cierto es que un animal de granja, desde su nacimiento a su muerte, pasa por un auténtico calvario de torturas iniciales (descuerne, marcaje, mutilación de pico, mutilación de orejas, castración...) para continuar con una corta y escasa vida plagada de hacinamiento, condiciones insalubres y demás tratamientos. Terminará con un viaje a los mataderos en condiciones muy poco respetuosas (a pesar de normativas europeas y otras leyes que sucumben ante los argumentos económicos de las empresas) y será "sacrificado" al dios de la productividad y los beneficios económicos tras un aturdimiento previo que, en ocasiones, no será tal.
Pero nada de esto lo verá el consumidor final, creyéndose, en su ignorancia, consumidor de huevos de "gallinas felices", leche de vacas a las que entonan canciones de cuna o filetes de cerdos de bienestar animal. Todo ello según publicidad al uso que hemos visto decenas de veces. Y todo ello a rebufo de las denuncias que, incansablemente, realizan las organizaciones animalistas; jugándos e el tipo la más de las veces.

Poco a poco, la luz del día afloya. Continúan acercándose gentes de edades diversas y continúa desarrollándose, de manera ininterrumpida, el flujo de información. Un jóven vestido de mujer y con peluca rubia, entiendo que procedente de alguna fiesta privada, está acompañado por otros. Me pregunta el porqué del acto y se lo resuno. Me dice que ya conoce el asunto, pero que no se acerca porque puede malinterpretarse dado cómo va vestido. Y que le inspira demasiado respeto como para provocar un malentendido.
Otras personas se paran y hablan en tiempo dilatado. Alguna otra prueba las gafas de realidad virtual y sale espantada. Con estas gafas puede verse en medio de un matadero, observando en primera persona lo que allí ocurre. Una jovencita llora desconsoladamente, siendo atendida por miembros de la organización.

Las tres horas de duración del acto pasan rápidas. Casi no queda remanente de tarjetas ni folletos. Los/as activistas del cubo llevan horas de inmovilidad. En Huesca, nuevamente, un grupo de personas, personas posiblemente adelantadas a una era de mayor armonía entre las especies, han sembrado una duda en los paseantes de este sábado de recién nacida primavera.
Bienvenida sea la duda.

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