11.03.2010 .- 1884 parece caer muy lejos en el tiempo. Y tan sólo nos separan de aquellas fechas tres o cuatro generaciones. Ese año, el día de Navidad, la tierra tembló en Granada. Ochocientos muertos, mil seiscientos heridos, cuatro mil edificios destruidos, quince mil más dañados ...
Haití parece quedar muy lejos del coso oscense. Y tan sólo nos separan unas horas de avión. Hace nada, el doce de Enero, la tierra tembló en la antigua "La Española". Doscientos quince mil muertos, trescientos mil heridos, un millón trecientas mil personas a la intemperie;una ciudad, Puerto Príncipe, desvastada...
De entre los escombros, desde el dolor y el estupor tras la brutal bofetada, renacen las personas intentando recobrar el ánimo. Los haitianos (todos somos haitianos) se comienzan a concentrar en campos de refugiados, en abrigos donde cobijarse en el calor humano de los iguales. Personas de todo el mundo, vecinos cercanos al dolor, se movilizan como pueden para hacer frente al desastre. Cooperantes, ONG´s, ejercitos cercanos, gentes que aportan un óbolo solidario en cualquier lugar del globo nos reconcilian con nuestra condición humana. CESAL está entre ellos.



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Manuel Alonso, coordinador de CESAL en Huesca, presenta brevemente el acto y a las personas que nos acompañan: José Fernández Crespo (Crespo, para todos), director de relaciones Externas de CESAL y ya conocido en estas tierras (ver CESAL: el valor de la persona) y David Pizarro, coordinador CESAL en Rep. Dominicana y, por cercanía, uno de los testigos directos del drama y cooperador en el retorno de la esperanza. Crespo y David, personas que se han puesto en carretera (¡que noche tan fría en Huesca!) para relatarnos que la vida siempre aflora; incluso en Puerto Príncipe, la ciudad que se niega a morir.

Crespo comienza aportando datos para comprender la magnitud del suceso. Tras él va proyectando una serie de diapositivas; nada que ver con cuerpos tendidos en las aceras, con personas en momentos álgidos de dolor, con caos, con el infierno; que se produjeron momentos así es innegable, que salió lo peor de la especie humana, también. Pero también lo mejor y, sin olvidar nada, es momento de afrontar el futuro, la reconstrucción y la esperanza cimentada en la fortaleza humana y en la fé (esta ONG no oculta su condición de católica). Las fotos que Crespo nos irá mostrando son fotos de personas que sonríen, que juegan o trabajan convencidas de la importancia de lo que están haciendo; son imágenes de dignidad y valor de un pueblo sacudido, aún tambaleante, que busca su equilibrio entre calles de edificios de plástico y lona.
Pero no sólo lirismo encierra la intervención de Crespo; nos habla del protocolo de actuación ante una catástrofe, de la tardanza de ésta debido a la alta mortandad de los miembros de la ONU en el país (se derrumbó su edificio) , de la satisfacción de las necesidades más urgentes de las más de seis mil personas a su cargo, de la importancia de recuperar un cierto orden en tareas básicas como el reparto de los KITS de ayuda, de las lonas de 96 metros cuadrados, de las letrinas (setenta para ese volúmen de gente), de los paléts convertidos en improvisados suelos que aíslan de la humedad....
CESAL no llega a Haití tras el terremoto; lleva desde siempre en el país más pobre de latinoamérica haciendo protagonista a la ciudadanía de su propio desarrollo. El director de CESAL Haití es Jordi Bach, cooperante reconvertido (tenía el depósito de la furgoneta lleno) en improvisado ambulanciero y, además , en cronista de la esperanza entre el horror. Sus escritos está disponibles desde la web de CESAL ; la ONG los fue transmitiendo, casi en tiempo real, a todos cuantos estábamos en su lista de correo.
Asegura Crespo que CESAL seguirá en Haití tras la emergencia con tareas de reconstrucción para asegurar la continuidad de las intervenciones llevadas a cabo. Igualmente se continuará con el trabajo que se ha venido haciendo desde el año 2007 en el ámbito del desarrollo rural y la soberanía alimentaria, especialmente pertinentes en este momento en el que se está produciendo un éxodo de la población a sus comunidades de origen en las zonas rurales.
El amor a la vida, los deseos de superación de cualquier adversidad y otras características admirables de este pueblo tan brutalmente golpeado son enumeradas por el ponente que termina su exposición con una diapositiva de fondo verde y dos palabras tan sólo: KEMBE FEM (Mantén el coraje, en lenguaje criollo). Afirma que la religiosidad y la fé ayudan a ello.

David Pizarro también ha recorrido centenares de kilómetros para estar esta noche con nosotros. Y en unos pocos días recorrerá miles, de vuelta a La Española. David trabaja para CESAL en República Dominicana y comienza su intervención afirmando que él no se enteró en un primer momento; estaba en sus quehaceres y se enteró al ir a casa , ya que ni lo percibió. Dice David: "En breve nos acercamos a JIMANÍ ( ciudad a una hora y media de Puerto Príncipe) y el CAOS que observamos, los centenares de heridos evacuados en helicópteros al humilde hospital de este pueblo, la falta de camas, el desbordamiento de la situación, nos sumió en un silencio impotente durante todo el camino de vuelta.
Al viajar a Puerto Príncipe lo que ví fue una ciudad destruida, asolada. Pero al llegar a Nuestra Sra. de Lourdes (uno de los campamentos de refugiados en el que trabaja CESAL) no vi gente rendida ni paralizada, sino personas en marcha que habían habilitado zonas de esparcimiento para niños, de botiquín, con comités de limpieza, de educación, de organización de reparto de kits... Con un párroco de iglesia de puertas totalmente abiertas, con salesianas decididas, con compañeros de diferentes ONG´s; gentes, en suma , con una entrega y una pasión por quienes tienen delante y que lo dan todo sin pedir nada a cambio."

Con emoción contenida escuchamos la odisea del periodista italiano que los acompaña y que no puede irse sin dar un abrazo y conocer al niño que apadrina. Son momentos, reconoce David, que le desbordan y emocionan; como la Eucaristía que celebran todas las mañanas a eso de las seis y media. Finaliza su exposición David afirmando que NUNCA NOS SENTIMOS SÓLOS y hemos salido fortalecidos. Lo dice un hombre que vuelve este lunes y al que le espera un trabajo redoblado, como a todos los que, en primera línea de fuego, combaten por hacer florecer semillas de futuro en una ciudad como Puerto Príncipe, una ciudad que se niega a morir. Y es que, en unas semanas, comienza la temporada de lluvias.



NOTA FINAL: Quien desee el MP3 del acto, que me lo solicite por e-mail y lo envío por el mismo medio