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Existe un lugar, a una decena escasa de kilómetros de Teruel, en el cual se escribió una página (otra más) de barbarie y genocidio. Fue en la primera mitad del siglo pasado a causa de una sublevación militar apoyada por los fascismos de Europa.
Fue en las cercanías de Teruel. Fue mediada la tercera década del siglo XX. En las proximidades de Caudé, Villarquemado, Concud y Cella. En el lugar donde un pozo de algo más de tres metros de diámetro y una cincuentena de profundidad abastecía de agua la zona.

Fue allá donde los asesinos cegaron el pozo con cadáveres y donde, aún no saciado el instinto homicida, debieron abrir zanjas que convirtieron en fosas comunes. Es allá donde el silencio fue vencido y el arrojo y la tenacidad de gentes como las que hoy se concentran levantaron un memorial. El lugar de muerte devino en un espacio de memoria, reflexión y exigencia de justicia.

El lugar se llama Pozos de Caudé. Y su historia es la historia de unas gentes masacradas por ser anarcosindicalistas, republicanos, socialistas, comunistas...
El lugar se llama Pozos de Caudé. Y su historia es la historia de unas gentes marcadas por el horror que se han negado a olvidar o a permitir el olvido. Pese a quien pese...

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22.11.2015.- 11:25 horas. 3ºC.
El viaje desde Huesca ha sido rápido y tranquilo. No hemos tenido problema alguno para encontrar el lugar." Unos kilómetros antes antes de llegar a Teruel, en la salida de la autovía que indica Caudé y Platea", nos había indicado telefónicamente Miguel Ángel Soriano, el secretario de la Asociación Pozos de Caudé.
Al poco de llegar, aparecen hombres y mujeres de Foro por la Memoria de Aragón que llegan de Zaragoza. Junto a ellos, el presidente de Pozos de Caudé, Francisco Sánchez. Amablemente, nos muestra el lugar; lo primero, un enorme círculo en el suelo, tapado por un grueso vidrio. El pozo que resultó cegado por la aglomeración de cadáveres allá arrojados y de donde se sacaron una cantidad indeterminada de los mismos para , en secuestro ególatra del dictador, llevarlos a Cuelgamuros.
Nos explica Francisco que se conoce el número aproximado de los ejecutados, hombres y mujeres, porque un paisano contaba los tiros de gracia.

Junto al pozo de la barbarie, una pared blanca, coronada por una paloma de la paz a la que acompañan dos puños rojos, que soporta una lápida negra donde puede leerse: "A nuestros compañeros fusilados aquí por defender la libertad y la democracia. 1936 - 1939"
Llama nuestra atención Francisco acerca del hecho de que se aprecian imperfecciones y rayaduras en la enorme lápida. Nos cuenta que este memorial ha sufrido varias agresiones. En una de ellas, desmontaron los puños rojos originales y, con ellos, trataron de romperla. Y que la bandera tricolor que culmina el memorial deben reponerla cada poco tiempo. Y que se han realizado pintadas. Y que se ha atentado contra una hilera de lápidas que familiares han ido depositando erguidas frente a otro murete ornado por la rojinegra enseña de la CNT-AIT. Parece ser que los herederos ideológicos de los asesinos aún ladran. será porque cabalgamos...

Y, para finalizar la improvisada visita guiada, nos acerca a una construcción, un columbario, en cuya parte posterior, en cuidados azulejos cerámicos, va conformándose un muro de recuerdo, un muro de nombres, fechas y edades.
Y aprovechamos el fin de la visita, y antes de que tanto el fotógrafo de EFE como el periodista de Diario de Teruel lo reclamen, para hacerle entrega de la maqueta de la pirámide truncada 545 y un ejemplar del documental que el CRMAHU realizó con motivo de su inauguración.

En breve, y aprovechando un corto lapso entre unas tareas y otras, tanto el secretario como el presidente de la asociación organizadora (Miguel Ángel Soriano y Francisco Sánchez) localizan entre la cincuentena de personas asistentes a diversos cargos públicos a los que se les hace entrega de un documento que exige el final de la impunidad franquista y desarrolla una "PROPUESTA PARA TODOS LOS PARTIDOS POLÍTICOS VERDADERAMENTE DEMOCRÁTICOS QUE SE PRESENTEN A LAS ELECCIONES GENERALES DEL 20 DE DICIEMBRE DEL 2015".

Uno de los momentos más emotivos es el depósito en el pozo de las cenizas del recientemente fallecido Volney Sánchez, uno de los hombres que diseñó el memorial y que combatió el olvido incansablemente junto con su hermano Jaurés; éste último presencia el acto, acompañado en su tristeza por el afecto de amigos y familiares.
La parte final del acto consistirá en unas palabras de homenaje al compañero cuyas cenizas amalgaman ya los dignos restos de quienes aún permanecen en el vientre del pozo. En el mismo lugar que recogió los cuerpos de su madre y de su hermana. Previo a estas palabras de recuerdo, el presidente Sánchez explicará los pormenores del documento entregado a políticos de diferente signo en el transcurso del actol, con evidentes muestras de aprobación y asentimiento de los presentes.
Son casi las 13:30 horas. La despedida es breve; el viaje de retorno largo y el frío intenso. Eso sí, la próxima cita, si es que la tercera república no se proclama antes en cuyo caso la adelantaremos, será la última semana de Abril. En un próximo acto de la Asociación Pozos de Caudé.




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Para finalizar.
No puedo finalizar esta reseña sin recoger aquí este texto, cuya fuente es la página web de la asociación Pozos de Caudé. La lectura de tan emotivo y documentado escrito no podrá dejar indiferente a nadie.

Los pozos de Caudé, Teruel
Verano de 1936. La oscuridad y el silencio de la noche se quebraban con los camiones que paraban a los pies de los muros de una antigua venta en ruinas en la carretera nacional de Burgos a Sagunto, en las cercanías de Concud, un pueblecito agazapado en un pliegue del terreno a cuatro kilómetros de Teruel.
Entre el polvo levantado por el camino de tierra que salía de la carretera principal se distinguían entonces unas voces, unos gritos, sollozos y unas descargas de fusilería. Tras el estruendo, a veces algunos ayes lastimeros y otros tiros de pistola, más separados. Cinco, siete, nueve, doce y hasta quince en alguna ocasión antes de que los camiones, con su faros taladrando la noche, se alejaran. Así un día tras otro. En Julio, agosto y septiembre sobre todo. Luego hasta diciembre de 1937, más espaciado.
En las afueras de Concud, en una finca apartada del pueblo y no muy lejos de la venta, un pastor se sobresaltaba por la noche con el sonido de los camiones. Sabía que después se oirían las ráfagas y los tiros de gracia, más aislados. Esas noches no podía dormir, ni cuando acababa todo. Apuntó los tiros de cada noche, con la navaja, sobre un pilar de madera en la parte de arriba de su casa. Llegó a apuntar casi un millar en más de un año y medio.
Durante años no pasó nada. Nadie se atrevía a acercarse por allí. De vez en cuando se veía algún ramo de flores depositado por alguno de los familiares, clandestinamente. Pasó la guerra y en la posguerra, un día de 1959, llegó al pozo un camión y unos operarios de un transportista local. Excavaron en la boca del pozo y se llevaron unos cuantos restos. Ese año se inauguró el Valle de los caídos, que albergaba miles de muertos, y entre los restos traídos de toda España figuraban los de los pozos de Caudé.

Después de morir Franco, los familiares de los asesinados comenzaron a visitar el lugar. De la vieja venta no quedaba nada, pero sí se conservaba un pozo cegado de 84 metros de profundidad y algo más de dos de diámetro donde todos sabían que habían sido arrojados los fusilados entre capas de cal. Cuando se llenó el pozo, los verdugos tuvieron que construir zanjas alrededor para dar cabida a los últimos muertos. Aunque está en las proximidades de Concud, el pozo se denominó con el nombre de Caudé, un pueblo más alejado.
Volney y Jaurés Sánchez visitaban a menudo el lugar. Ya se dejaban carteles de homenaje y algunas familias comenzaban a hablar de un monumento.[...]

Todo lo hicieron los familiares. Si hubo una familia machacada, esa fue la de Jaurés y Volney Sánchez Pérez. Los dos deben el nombre a su padre, Ángel Sánchez Batea, que se lo puso en honor a destacados socialistas franceses y a pesar del cura, que decía que esos nombres no eran cristianos.
El padre de Jaurés y Volney era un labrador normal y corriente, más bien pobre pero con muchas inquietudes. Su abuelo no se la había dado y a los 18 años era analfabeto. Pero Ángel Sánchez tenía pundonor, buscó un profesor que le daba clases por las noches después del trabajo y logró tener una gran cultura. Era un hombre luchador que fundó el Partido Socialista de Teruel, junto con otros cuatro compañeros. De ahí vino la ideología de izquierdas de la familia. No era sólo su padre. Un hermano de su abuelo militaba en Izquierda Republicana. Un primo hermano suyo, ferroviario, pertenecía a la CNT. Los demás eran del Partido Socialista. Incluso un hermano de su padre, de ideas socialistas, fue eliminado en el frente nacional por la espalda.
Dos hermanos de Ángel Sánchez Batea murieron a consecuencia de las palizas recibidas. A él, después de la guerra, cuando ya estaba en la cárcel de Teruel, las torturas le dejaron paralítico de medio cuerpo. Otro primo se salvó en la cárcel porque conocía a un médico que le tuvo en la enfermería durante meses.
Si a mi padre le hubieran cogido al empezar la guerra –afirma Jaurés-, le hubieran matado entonces. Mi padre cuando llegó la Republica, fue concejal y vicepresidente de la diputación. Había unos terrenos, unas parcelas, que eran municipales, que los caciques tenían como coto de caza. Entonces hicieron una sociedad de agricultores y consiguieron esos terrenos. Eran tierras muy fértiles, muy húmedas, no acostumbradas al cultivo y los labradores pobres tenían la posibilidad de cultivar allí y sacarse su jornal. Fue la bendición para muchos y la perdición para los que lo habían promovido. Luego a todos los que intervinieron en esas particiones los fusilaron. Quitarles a los ricos su costo de caza y dárselo a los trabajadores para que lo cultivaran era un tremendo delito”.
El padre de Volney y Jaurés estaba segando en un pueblo de Teruel cuando empezó la guerra y le advirtieron que no volviera a la ciudad. Así que buscaron el frente republicano donde Ángel Sánchez ingresó en la Columna de Hierro hasta que lo retiraron a los 39 años y se dedicó a cargos más políticos, como la organización de la Diputación de Aragón, en Alcañiz. Tras su huida, las represalias cayeron inmediatamente sobre su familia. A la madre, María Pérez Macías la fusilaron el 7 de agosto. No fue la primera. Según Jaurés, aquí se dedicaron a matar desde muy pronto, pasando poco tiempo en la cárcel.
< Mataron a su madre como represalia por haber escapado mi padre, y si hubiéran sido mayores, en vez de tener de 8 y 12 años, también los hubieran llevado, porque aquí mataron hasta de 13 años. Los cuatro o cinco meses primeros fueron muy trágicos. Aquí mataron en la plaza del Torico a 13 personas. Se hicieron barbaridades. Fue como un auto de fe de los tiempos medievales, A la gente la hicieron entrar en la plaza del Torico. Los señores, en los balcones, miraban la escena. La mayoría de los que vivían allí eran ricos. También había monjas y curas de los balcones, no digo que todos eran unos salvajes, porque dentro de la derecha también hay personas que no admitieron lo que no se podía admitir. Era un espectáculo, los fusilaron, limpiaron la plaza y luego hicieron baile.[...]

En el monolito de los Pozos de Caudé reza la inscripción: “A nuestros compañeros fusilados aquí por defender la Libertad y la Democracia. Sólo habremos muerto si vosotros nos olvidáis”. Desde entonces y a pesar que de vez en cuando algunos vándalos neonazis realizan pintadas amenazantes, siempre tiene flores y recuerdos, tanto políticos como religiosos y lo visitan gentes que a veces, vienen de muy lejos.
[...] Francisco Sánchez Hernández fue el primero de los 86 asesinados de Cella en el verano de 1936. En principio, según señala su nieto, no le encontraban nexos de unión a estas personas, la causa de aquella brutal represión. Eran pobres, trabajadores, en algún caso habían sido concejales del ayuntamiento como su abuelo. Hasta que descubrieron la razón. Todas las víctimas pertenecían a la Sociedad Obrera Agrícola, una cooperativa que había surgido con la República, en 1931, para combatir la estructura caciquil. En ella se agrupaban y se daban ayuda mutua anarquistas, socialistas, republicanos. No sólo había obreros, sino incluso gente con cierta posición.
Los chicos en ese tiempo con diez o doce años que no podían ir a la escuela porque tenían que estar trabajando en el campo, el maestro de la escuela por la noche les daba clases en la sociedad. Había biblioteca, teatro, sala de aperos de labranza, se hacían reuniones, había bar, salón de baile con sus orquestas, un economato con comestibles. Tengo documentos que he podido rescatar en los que se ve que no utilizaban el dinero. Era un trueque, donde se valoraban los jornales, los aperos, los materiales, los comestibles, las mercancías. Todo eso anticipaba el mundo de las colectividades que se ensayaría en plena guerra civil, sobre todo en la zona republicana en Aragón. Había un baremo de puntos, la gente entregaba su cosecha, dejaban sacos de cebada, de trigo, compraban las mantas o el carbón, lo que necesitaran. El carbón lo traían directamente de las minas de Utrillas. Todo les salía mucho más barato, y eso, claro, escocía a los que controlaban los negocios en el pueblo. Todas las víctimas tenían esa vinculación, en el caso de las mujeres que fusilaron eran las mujeres de socios o las hijas o habían actuado en las representaciones, porque los actores eran personas del lugar dirigidas por los maestros del pueblo. En algunas obras se criticaba al sistema caciquil, y muchos de aquellos jóvenes actores pagaron con sus vidas el haber representado un papel.
La sociedad tenía su sede en el edificio de la cooperativa. Acabada la guerra, el edificio de la sociedad fue incautado por la Falange, que instaló allí escuelas de instrucción. En los años cincuenta pasó a manos de la Cámara agraria.
Esa Sociedad defendía a los pobres, por eso la quisieron exterminar, hacerle el mayor daño posible, no han quedado restos de nada, sólo queda el edificio. Hace más de veinte años, cuando todavía vivían varios miembros de la Sociedad Obrera, decidimos emprender acciones legales para recuperar ese edificio para el pueblo. Cuando salió la ley del Patrimonio Histórico pensamos que ahí encajaría esto, pero los beneficiarios eran sólo partidos políticos y sindicatos y tuvimos que buscar otras fórmulas. No nos permitieron llamarla Sociedad Obrera Agrícola y tuvimos que adaptarla a Sociedad Cultural. Después de quince años ganamos varios recursos y lo hemos recuperado. Los bienes han vuelto a poder de los antiguos propietarios y los costes fueron a cargo del Estado.

Buen final para una historia demasiado trágica y triste. La recuperación de la Sociedad Agrícola es todo un símbolo de los nuevos tiempos: “Yo creo que es el único caso que se ha dado en España de un edificio que se ha reivindicado, tras 24 años, y ha vuelto a los socios, a sus descendientes, hay 180 socios. Hoy tenemos una escritura pública que se dice que eso se incautó en la guerra y que pertenece a los socios. El resto, los libros, el mobiliario, lo quemaron o se lo llevaron y no quedó nada”.