La banderas de Alas Rojas vuelve a casa

La enseña réplica donada por Salvador Trallero al Ayuntamiento de Sariñena, al objeto de ser la primera pieza de una sala del Museo de la Laguna donde se ubique una exposición permanente dedicada a la escuadrilla que tuvo como base de operaciones el aeródromo de Sariñena, se encuentra ya en su lugar. Ha sido este pasado sábado, día 4 de Octubre.
Una jornada plagada de emoción, historia y camaradería. Una historia republicana más...

Galería de fotos de los actos, pulsando AQUI



. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .



















04.10.2014.- Prácticamente llena la sala del Museo de la Laguna que acoge el acto. En una pared espera, aún cubierta, la enseña; a su costado una mesa donde reposa el texo del convenio de cesión que ayuntamiento y donante tienen previsto firmar en breve.
Con ligero retraso y tras unas muy breves palabras de saludo, tanto Francisco Villellas, alcalde de la localidad, como Salvador Trallero, autor del libro "Alas Rojas" y donante, descubren la tricolor adornada por las alas de la época del arma del aire.
En los bordados, se lee: ESCUADRILLA ALAS ROJAS y SARIÑENA 1936.

Francisco Villellas, el alcalde, alaba la actuación del escritor e investigador de la localidad en su pretensión de recuperar no sólo la memoria sino, incluso, la materia aún recuperable de lo que fue esta base de aviación, única de la época que aún se conserva en España.

El discurso de Salvador Trallero , habida cuenta de la entidad del acto y su trascendecia, prefiero no extractarlo sino reflejarlo aquí en su totalidad. Dice Salvador:
Queda ya lejano aquel primero de agosto de 1936, cuando en una avioneta Hornet Moth, el piloto Pérez Mur con sus pasajeros sobrevolaba Sariñena buscando un lugar para ubicar el que sería el aeródromo avanzado de las fuerzas aéreas republicanas en el frente de Aragón. Todavía casi me parece oir el suave y lento runruneo sobre nuestras cabezas del aparato en el que iba el que sería futuro jefe del campo, el comandante Reyes, que eligió una ancha faja de terreno muy despejada, al borde de la carretera, a cuatro kilómetros de Sariñena y uno de Albalatillo. Aterricé y exploramos en todas las direcciones; a mi pasajero el comandante Reyes le pareció buen lugar. "Creo que podrá ser utilizado por nuestros aviones", dijo.

El día 2 de agosto llegaban los primeros cazas de combate, dos Nieuport-52 a los mandos de Jaime Buyé y de Jesús García Herguido conocido este como “el diablo rojo” por las atrevidas acrobacias que solía hacer con su avión. La infraestructura del aeródromo fue creciendo, llegando a ser una pequeña ciudad con sus barracones, comedores, cocina, almacenes, granja, cuerpo de bomberos, talleres, cocheras, barbería, banda de música o periódico propio y, por supuesto, la parte militar: nidos de ametralladoras, alambradas, polvorines, trincheras, refugios y su pista de aterrizaje, la única que queda en el país de la guerra de España. Llegó a tener el campo más de cuatrocientos soldados y pilotos, nombres míticos en la historia aeronáutica como Pérez Mur, Maluquer, Salueña, Cabré, Robles, Sánchez, Aguilera, Picañol, Camarasa que pilotaron la treintena de aviones de combate que había en el campo: los Breguet, Nieuport, Dragon Rapide, Vickers, Hispano Suiza o Latecoere, así como alguna de las varias avionetas de enlace o los aviones civiles transformados en bombarderos como el Fokker F-VII de la LAPE, las Líneas Aeropostales Españolas que fue el avión que en la noche del 3 de agosto de 1936 bombardeo la basílica del Pilar, ataque que la propaganda franquista convertiría en uno de los “milagros” que a todos nos enseñaron de niños.
El aeródromo tuvo un impacto total en aquella España rural de los años 30 de Sariñena y Los Monegros, como cuenta la memoria histórica:"[...] Críos, mayores y viejos fuimos a ver los aviones; al llegar, al ver a los pilotos con aquellos gorros, las gafas y los trajes, decíamos: “parecen diablos”
¡No habíamos visto nunca un avión en el suelo!"


En pleno avance de la Columna Durruti más allá de Bujaraloz, aparecieron dos Breguet XIX franquistas que la ametrallaron, ocasionando un par de muertos y varios heridos, causando una gran desbandada entre los milicianos; a partir de ese momento estos disparaban a cualquier avión que pasara cerca, por lo que los aviadores de Sariñena decidieron pintar unas franjas rojas en el fuselaje y en las alas de los aviones, para que fueran identificados claramente; de ahí, la escuadrilla de Sariñena tomó el nombre de “Alas Rojas”, nombre que posteriormente se extendería a toda la Aviación Republicana.
El aeródromo fue el más importante del frente de Aragón, lugar donde los jefes de las columnas milicianas se reunieron en numerosas ocasiones para tener el apoyo de la aviación en sus ataques.

Todavía quedan muchas anécdotas que conocer; como el denominado “Tesoro de casa Buil”, en Castejón de Monegros; Buil el patriarca, siempre había dicho que si alguna vez le pasaba algo que buscaran en su casa que encontrarían suficiente para levantar otras dos casas nuevas; a eso se dedicaron varios milicianos tras estallar la guerra, a derribar muros y tirar paredes en la casa; y efectivamente, encontraron en un doble muro alhajas, monedas y platería variada que cargaron en camiones hacia el aeródromo de Sariñena, donde llegaron un poco menguados, desde allí arrancaron camino de Barcelona y por cada sitio en el que iban parando parece que dicho tesoro iba reduciéndose poco a poco, se le pierde la pista al llegar a la ciudad Condal, y no sabemos si llego algo o ni siquiera llegó nada de aquel famoso tesoro...
Otra historia por descubrir es la sorpresa que se encontraron en los años 80 del pasado siglo dos militares madrileños del Ejercito del Aire, que se acercaron a Castejón de Monegros para recoger un par de aparatos antiguos que tenía Pedro de Wenetz. Relatan: "Al abrir la puerta del pajar vimos lo que era imposible; un Dragón Rapide y una avioneta Hornet Moth de la Guerra de España cubiertos de polvo pero en perfecto estado; pensábamos que era un sueño..." . Hoy, estos dos aparatos son los únicos originales de la Guerra de España que hay en el Museo del Aire.

El campo de aviación de Sariñena fue el único lugar del frente de Aragón donde la bandera se izaba y arriaba diariamente; por un lado la bandera republicana y por otro la de la escuadrilla Alas Rojas, bandera que tantos anhelos despertó, que tantas historias guarda tras de sí, historias de valentía y también de sufrimiento, pues la guerra es la peor situación a la que puede llegar la especie humana, aunque lamentablemente La paz es el sueño de los hombres, la guerra su historia. También guarda la bandera historias de sueños y esperanzas; pues miles fueron los que la defendieron contra un alzamiento ilegítimo en contra de un gobierno democrático elegido por los ciudadanos.

Y son los hilos de la vida los que se entrecruzan, pues mi libro Alas Rojas Sariñena que recibió el Premio al mejor libro editado en Aragón en el año 2006 otorgado por el Gobierno de Aragón, llevó al director zaragozano Miguel Lobera a rodar el documental Alas Rojas espíritus del viento, y fue allí donde descubrí, que la bandera que había fotografiado para el libro, y que estaba en un cajón plegada y medio olvidada, cambió de ubicación tras la promoción que supuso dicho libro, y que en estos momentos y como nos muestra el documental, está en uno de los lugares preferentes de la Sala de Laureados del Museo del Aire de Cuatro Vientos de Madrid, en una vitrina donde se expone en todo su esplendor por su importancia histórica y documental. Viendo el audiovisual de Miguel, pensé que la bandera de la escuadrilla tenía que estar también aquí, en casa, y puse en marcha el proyecto “La bandera de Alas Rojas vuelve a casa” dentro de un plan más amplio de promoción y puesta en valor de los restos del aeródromo y de su historia, como elemento de conocimiento histórico e impulso turístico de Los Monegros. Al igual que el proyecto editorial, este ha sido un proyecto de ilusión, esfuerzo, dedicación, transparencia y honradez; valores que hoy más que nunca hay que reivindicar en todo lugar y en todo momento. He realizado gestiones en Madrid y otros lugares de España, hasta que la bandera se bordó y enmarcó. La bandera ya está aquí, y va a ser la primera pieza de una exposición permanente que espero crezca con el paso del tiempo; y digo espero, pues es aquí donde entra la voluntad política de los responsables políticos del momento, a la hora de impulsar este proyecto o dejarlo dormir en un cajón, como tantos proyectos duermen el denominado “sueño de los justos”. No permitamos que el primer árbol no nos deje ver el bosque.

Es por eso que esta jornada no solo es histórica y festiva, sino también reivindicativa, y se seguirá celebrando en años sucesivos, con objeto de promocionar el aeródromo de Alas Rojas, aeródromo que goza de un gran reconocimiento dentro de la historia de la aviación española . El denominado “turismo de guerra” sigue creciendo, con personas que buscan conocer los lugares de batallas, gestas o momentos bélicos de la historia; tenemos ejemplos claros y el más representativo es Normandía; miles de visitantes cada año que llegan a ver las playas del desembarco del 6 de junio de 1944, y que permanecen visitando durante varios días toda la estructura museística y conmemorativa que se ha creado allí. Visitantes que compran, duermen, comen y gastan en la zona, convirtiendo a este turismo en su principal fuente de ingresos. Por supuesto, y salvando las distancias, este proyecto puede convertirse en el principal punto de atracción turística de Los Monegros, pues tenemos algo muy importante, por un lado la pista de aterrizaje, la única que queda en el país de la Guerra de España, pero por otro y lo más importante, una gran historia que contar; muchas veces se intenta llevar a cabo la cuadratura del círculo, impulsando proyectos sin consistencia ni fundamento, que se agotan en breve tiempo. Tenemos entre las manos un diamante en bruto para pulir; ojalá que dentro de unos lustros podamos estar orgullosos de haber tenido la fuerza suficiente y haber sido dignos del gran honor que supone sacar este proyecto adelante con éxito, para que también generaciones venideras aprendan las circunstancias y las realidades de la historia. Este acto que hoy nos reúne aquí, ha tenido una gran repercusión en los círculos aeronáuticos, de investigación y culturales de toda España; mensajes de felicitación y ánimo han llegado a Sariñena de investigadores o historiadores, como el de Ángel Giménez, hijo del jefe de la escuadrilla de Alas Rojas, Isidoro Giménez, que me llamó para excusarse por no poder asistir, pues a sus más de 90 años no sale apenas de Madrid.

Sabemos que la situación actual no es sencilla, la gran decepción y desilusión ciudadana necesita ilusiones, sueños, proyectos consistentes en los que confiar para salir adelante; así que soñemos un poco en estos momentos donde tantos han perdido la capacidad de soñar; soñemos con que la exposición sobre el aeródromo comienza a recibir material de todo tipo, que numerosas fotografías se exponen allí, que salen a la luz nuevas historias, que la pista de aterrizaje llega a manos públicas a través de la compra o la permuta, soñemos que allí se instalan aviones a escala real realizados en Huesca por el artesano del plástico Julio Luzán, responsable por ejemplo de los dinosaurios de Jurassic Park; soñemos con que coleccionistas y entusiastas de la aviación sigan llamando para ofrecer piezas y objetos varios a esta exposición que nace hoy, como algunos que así lo han hecho ya; soñemos sin poner fronteras a la imaginación, pues en estos momentos de adoración al becerro del dinero no podemos olvidar que No es el oro sino los sueños los que mueven el mundo. Hay que ser capaces de dar un paso al frente, y confiar en lo que hoy comienza a ser una realidad; la exposición permanente sobre el aeródromo de Sariñena; pues esta bandera no es el final ni es un sueño, sino que es el comienzo y una realidad de todo este proyecto.

Y cierro mi discurso recordando las simbólicas e históricas palabras de uno de los pilotos del campo, Juan Maluquer, que decía: " Antes de que los Chato y los Mosca, los Natacha y los Katiuska apareciesen en el frente con los nuevos pilotos formados en Rusia, en Sariñena ya se volaba, se combatía y se moría por la Libertad. "

Galería de fotos de los actos, pulsando AQUI




El resto del acto continúa enmarcado en un vino ofrecido a los asistentes. En su transcurso se nos presenta la insignia original dela escuadrilla, donada hace unos instantes por el historiador Roberto Mateo, y que es la segunda pieza de la sala expositiva que ahora ocupamos. Del mismo modo, tenemos ocasión de saludar a Miguel Lobera, director, entre otros, del corto "Alas Rojas", al investigador aeronáutico JJ Arilla y a otras muchas personas que constituyen el centro cultural y social de la localidad.
Se proyecta el documental "Alas Rojas", cedido por la Filmoteca Nacional e, incluso, escuchamos el himno de la escuadrilla cantado sin acompañamiento alguno por el vecino José Villacampa , vecino que ya no se encuentra entre nosotros.

La jornada aún nos depara una animada comida y la posterior visita a los restos del campo de aviación. Entre maizales (panizos) y explotaciones de vacuno discurre el reto de la tarde. Aprendemos cuestiones como el empleo del barro y la paja larga como suelo de pista (aunque éste no es el caso), fotografiamos la rosa de los vientos en el tramo inicial de la pista de cemento, pateamos el bínker-trinchera que queda (donde aluguno descubre dos casquillos de bala), visitamos el lugar de toma de agua y charlamos junto al emplazamiento de una ametralladora antiaérea.

La visita termina en un paraje donde están clavadas dos lápidas; recuerdo de las víctimas combatientes del bando sublevado, derribadas en un ataque nocturno, el tercero de la historia mundial de la aviación militar.