Nadie que no esté sobre aviso imagina que los chalecitos de contraventanas de madera pintadas en rojo o marrón y de tejados a cuatro vertientes adaptados a la pluviosidad de la región, lindan la superficie de unos de los campos franceses (el más longevo) en los que se escribió otro capítulo más del sufrimiento republicano español y del holocausto judío.

Nadie que no esté sobre aviso imagina que la parcela, perfectamente delimitada y primorosamente trabajada para su cultivo, ocupa la superficie del islote M (islote era el término para indicar una especie de manzana de barracones, aislada y rodeada por alambradas) sito enfrente del famoso hipódromo, nombre con el que era conocido el área de represalia y castigo, un islote así llamado porque los allí confinados se pasaban las horas andando junto al perímetro asignado.

Nadie que no esté sobre aviso imagina que el bosque altivo y frondoso (plantado en los años 1960/61) oculta en su interior la llamada ciudad de madera, un reducto de miseria y desesperanza que en la época llegó a ser, demográficamente hablando, la tercera ciudad en importancia de la zona, tras Pau y Bayona. Bosque antaño ocupado por barracones y más barracones de madera de los que tan sólo se conserva una réplica edulcorada y junto a los cuales tan sólo crecía el alambre de espino.

Y todo ello en GURS, la localidad de los Pirineos Atlánticos distante tan sólo un centenar de kilómetros de la frontera franco española.

Para ver fotos (hasta 73) de la jornada, PULSA AQUÍ.




26.04.2014- El Campo de GURS
La Universidad Ciudadana de Huesca organiza esta visita histórico-cultural. Con mucho éxito de asistencia, por cierto, puesto que el autobús contratado (31 plazas) se encuentra al completo. Miembros del CRMAHU (Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca) constituyen una parte sustantiva de los viajeros. Como de costumbre, ataviados con complementos tricolores (chapas, pulseras, pendientes, insignias de ojal...), camisetas y banderas. Y flores, que la ocasión lo requiere...

Viaje poco confortable. A la imposibilidad de hacerlo por Somport (el puerto está cerrado a autobuses) debemos ir por El Portalet, con todo lo que ello implica. A las condiciones en las que se encuentra el firme hay que unir la climatología (lluvia que nos acompañará toda la jornada) y la condensación en las ventanas del vehículo. Menos mal que todo ello buscará compensación con el desayuno en LARUNS y el buen ambiente reinante.

Son algo más de las once de la mañana cuando llegamos a la localidad cercana a Gurs donde se nos ha habilitado una sala en la que se nos instruirá previamente acerca de lo que vamos a visitar. Nos espera un proyector y una presentación audiovisual del tema. Como anécdota del momento, los problemas de compatibilidad entre el formato del programa y LINUX, y la demora que ello trae consigo y que constituirá excusa perfecta para ese almuerzo y ese café que tan bien ganado tenemos.


José Castejón



Michel Latre
.

También nos esperan, como guías y cicerones de toda la jornada, Michel Latre y José Castejón conocedores del Campo y su historia , y muy relacionados con las actividades republicanas. Con ellos está garantizada la amenidad y el rigor histórico y documental de la visita.

Solventados el crujir de algunos estómagos y el laberinto informático, comienza la proyección. Cerca de dos horas de exhaustiva información acerca de lo que sucedió a tres mil pasos escasos de donde nos encontramos. Con José Castejón a la locución y Michel Latre en el aspecto gráfico, conocemos de la existencia de ese, previsto, muy temporal campo de refugiados para combatientes republicanos y miembros de las brigadas internacionales. De las reticencias de autoridades locales (eclesiásticas y políticas) acerca de su ubicación; de la campaña de descrédito de los medios de prensa que tildaban a los futuros ocupantes del campo como peligrosos, poco higiénicos y transmisores de enfermedades (¿recuerda esto algo muy actual?); de la rapidez de su construcción y de las condiciones deplorables (frío, humedad, barro, hacinamiento, desnutrición...) de vida.

Se nos indica que hubo diferentes perfiles, según el momento, de confinados, si bien hubo españoles siempre. Hasta otoño de 1939 (el campo se contruye del 15 de Marzo al 25 de Abril de ese año), republicanos españoles y brigadistas internacionales. Hasta verano de 1940, los indeseables (llamados así por ser nacionales de potencia enemiga: alemanes o naturales de territorios bajo el reich; y sus mujeres, aunque fueran francesas) ocupan el lugar. Hasta el verano de 1944, judíos; algunos de ellos como punto de paso antes de ser trasladados a Mauthausen o Birkenau. Finalmente, hasta diciembre de 1945 (fecha de clausura del campo), se encuentran aquí prisioneros de guerra, gitanos transferidos , colaboracionistas, traficantes...

Fotografías, esquemas, planos, documentación ... La escasez de agua potable en una región de gran pluviosidad y la necesidad de hacer pozos ocultos se plasma en una serie de tres fotografías. También las letrinas, el trenecito interno (cuyas vías se conservan) destinado a transportar y eliminar los excrementos son objeto de múltiples fotos que se acompañan de la información suplementaria acerca de la escasez de abono en Francia y la empresa que obtiene los derechos para tratar dicha materia fecal y transformarla en abono.

Siguen nombres, rostros y circunstancias personales que desgrana José. Algunos con componentes muy cercanos familiarmente.
También destacará el ponente la actividad cultural en el campo. Estatuas efímeras realizadas a partir del omnipresente barro (busto de Durruti o alegoría de la República asesinada, entre otras), dibujos y bocetos que muestran la cotidianeidad del horror, objetos artesanos fabricados reutilizando latas de margarina o cualquier otro elemento ...
Son las dos de la tarde y nos vemos obligados a interrumpir este interesante pase de fotos (hay más de quinientas nos confiesa el recopilador de las mismas) porque debemos comer algo antes de afrontar la visita al campo.

Para ver fotos (hasta 73) de la jornada, PULSA AQUÍ.





Es difícil definir la primera impresión que te produce llegar al campo. Césped recién cortado, una pasarela de madera que lo atraviesa, apartando el calzado de los visitantes de la humedad del blando terreno, un pequeño edificio donde se ubican servicios , unas fotografías, un ordenador de información y una pantalla de plasma en la que se repoduce un documental, chalecitos con jardín en las cercanías y un bosque imponente componen el panorama. Difícil, si no se está sobre aviso, hacerse idea de la naturaleza del lugar.

José y Michel, nuevamente, se hacen con las riendas de la visita y asumen su papel de guías. Conocemos la barraca enfermería de la apodada "Ángel de Gurs", nos acercamos a las vías del tren de la mierda, vemos el retoño del árbol de Guernica, fotografiamos la estructura inicial de un barracón-tipo y asistimos a la aparición de una maleta de piedra, verdadero icono del exilio y la deportación, con dos nombres escritos en los costados: Baden - Camp de Gurs.

Algo más de tiempo utilizamos para visitar el cementerio, acondicionado en los años 60/61. Una serie de lápidas exactas, iguales en todo excepto en el nombre esculpido, y colocadas con regularidad y simetría. A su entrada, dos grandes placas políglotas; la una reconociendo el sufrimiento de judíos que aquí encontraron su destino ultimo; la otra en homenaje a republicanos y brigadistas.
Hasta nuestra llegada, no hay flores. Tradición judía, aseguran nuestros guías, que recuerdan la época en la que el pueblo judío vivía en, casi, roquedales y donde era muy difícil salvaguardar los restos humanos de la voracidad de animales salvajes;al no poder cavar con hondura suficiente, protegían las tumbas colocando piedras sobre ellas. Hoy día es tradición colocar piedras en las lápidas.
Nosotros, fieles a nuestra tradición, colocamos claveles en las tumbas republicanas y un centro de flores tricolores al pie del memorial. Salimos del recinto no sin antes observar que, al menos los aquí enterrados, disponen de identidad y respeto, cuestiones éstas que aún están lejos de conseguirse en el país al sur del Pirineo.

Pasamos al interior del barracón-réplica. Y , de nuevo, la impresión es ambigua. Está vacío, muy limpio, con ese olor a madera tan hogareño. Afortunadamente hay quien nos quita esa impresión de golpe al mencionarnos el hacinamiento: 60 personas (una entre cada dos listones verticales de madera distantes entre sí 60 centímetros) en un espacio reducidísimo, empequeñecido aún más en el periodo de "los indeseables" donde llegaron a confinar a 100 personas en cada barracón. Tampoco se obvia el hecho de que las planchas de madera actuales están bien cortadas, tratadas y ajustadas; no son las provenientes de una tala apresurada, colocadas sin dejarlas secar convenientemente y con graves desajustes en la estructura que no impedían el paso del aire helado exterior. Se hace mención también a la oscuridad (las ventanas dejaban pasar frío más que luz) y las condiciones sanitarias. Una reproducción, en suma, sin el hedor del miedo, la enfermnedad y la muerte que, sin duda, acompañó a cuantos aquí penaron.

17:22 horas.Ya nos vamos. La insistente lluvia despide nuestros últimos momentos en Gurs.José nos muestra "en vivo" objetos recuperados: desde la aceitera hecha con la lata de margarina al calentador de camas metálico, pasando por libros, muchos libros, de esa Universidad Autogestionada de los recluídos. Partituras de melodías vascas, gramásticas alemanas...
Y, para el final, un plato fuerte. El uniforme de un preso en Mauthausen; diseño de Hugo Boss, por cierto. Y no es broma. ¿Podría alguién bromear con esto?
Todos, con un silencio y un respeto sobrecogedor, lo tocan, lo palpan, lo acarician... Hay quien no puede reprimir un gesto de escalofrío. El más joven de entre nosotros, se coloca la gorra (con el triángulo rojo de los presos políticos y con la F que indica la nacionalidad francesa del portador) y muestra la chaqueta a cámara ante un fotógrafo más taciturno que de costumbre; mientras , con gesto indefinible y mirada triste dice: "Nunca hubiera supuesto que esto era tan áspero."
Todavía no sé si se refería al basto paño de las prendas o a todo lo que había conocido hoy tan de primera mano.

Para ver fotos (hasta 73) de la jornada, PULSA AQUÍ.