Constantino Campo: Crónica de su exhumación



.


CAMPO ARCAS, CONSTANTINO
Natural de Casbas de Huesca (Huesca) y vecino de Huesca, C/ Perena 11. Hijo de Agustín y de Apolonia. De 39 años de edad. Profesión vigilante de arbitrios municipales. Casado, seis hijos. Con instrucción escolar (lee y escribe).
Ingresa en la Prisión Provincial de Huesca a las 12 horas del 6 de noviembre de 1936, por orden de la Comisaría de Investigación y Vigilancia firmada por el comisario Julio Sanz y a disposición del Gobierno Militar.
Es “puesto en libertad” por orden del Coronel Gobernador Militar el 14 de diciembre de 1936, “debiendo presentarse a mi autoridad” junto con Eugenio Otal Cajal. Sin datos desde la fecha de su “liberación” hasta la de su inscripción de su defunción en el Registro Civil, su cadáver fue recogido por la Ambulancia 24 de la Cruz Roja de Huesca y trasladado al cementerio de Las Mártires el 1 de Febrero de 1937.

NUNCA HEMOS OÍDO PEDIR PERDÓN, pág-52
Autor: Toño Moliner Larré
Edita: CRMAHU

Para ver fotografías de la exhumación, pulsa AQUÍ

Viernes 28 de Septiembre. Cementerio Mártires. 17:00 horas.

Comienzan los trabajos de delimitación del lugar de la exhumación. Sepultura 330. A pocos metros de donde realizamos la exhumación anterior. Vallas, materiales, herramientas... Todo listo para comenzar en unas horas.

Sábado 29 de Septiembre. Cementerio Mártires. 07:45 horas.

Apenas amanece ya estamos todos: los familiares de Constantino (Sebas, Toño y Andrés,nietos; Marisa, nieta política), el equipo arqueológico (Javier, Miguel Ángel, Ricardo, Nacho y Miriam), voluntarios del CRMAHU y del servicio de cementerios municipal, amigos ... Hasta sumar una veintena de personas.
Como es habitual, son los familiares los encargados de comenzar físicamente los trabajos. Primeros golpes de pico, primeras retiradas de material, primeras cribas y empieza la habitual recogida de restos óseos no articulados; restos que, por profundidad y estado, no pertenecen a la capa a investigar.

Comienzan las visitas: familiares de alguna persona asesinada y que consiguieron su propósito de exhumar a su familiar con la colaboración del CRMAHU; gentes que están en la tesitura de iniciar el proceso y acuden a indagar acerca del protocolo a seguir; otros que buscan arañar datos o pistas que les permitan avanzar en su incógnita familiar. Siempre hay unos momenros para atenderlos.
Se suceden las horas, se profundiza con lentitud y se llega a los niveles buscados. Casi inmeditamente aparecen cráneos articulados que conforman una estampa del horror. Se hace el silencio entre los concentrados. Cada rascada de paleta, cada pasada de cepillo se sigue con extrema atención. Asomados a la fosa se hacen las primeras valoraciones: Cuatro cráneos; uno de mujer. Los restos están superpuestos de cualquier manera. Quizás sea preciso exhumarlos todos. ¿Quienes son?
Las preguntas tienen respuesta, pero la luz baja y deberemos esperar a mañana.

Domingo 30 de Septiembre. Cementerio Mártires. 08:00 horas.
Es preciso aumentar el área de búsqueda tras los hallazgos de ayer. Nueva limpieza de restos y confirmación de sospechas.
Aún sin extraer se aprecia claramente un orificio redondo en un occipital. No tardará en aparecer un proyectil percutido junto a otro cráneo. Trozos de cuero, botones, una hebilla. Restos de horror que más de ochenta años después nos gritan desde el interior de la fosa en mudo relato.

Los arqueólogos, apoyados en las investigaciones de Toño Moliner, lo tienen claro: Estamos ante dos sepulturas diferentes (la 229 y la 230) que conforman la misma fosa común. La identificación de quienes compartieron destino con Constantino es clara:
- Isabel Navarro Lena, de Huesca. 44 años.
- Mariano Mascuñana (o Bascuñana) Perales, de Hellín (Albacete) y vecino de Huesca. Carpintero. 54 años.
- Andrés Olivar Pardo, de Huesca. Tipógrafo. 44 años.

Resulta procedente publicar estos datos en la prensa local y por los medios propios del CRMAHU al objeto de tratar de contactar con descendientes de los mismos y, caso de que lo deseen, iniciar la toma de muestras de ADN que permitan identificar con absoluta certeza los restos para que éstos puedan ser entregados a los familiares respectivos. Así se hace.

Lunes 1 de Octubre. Cementerio Mártires.
Se confirma la disposición de los cuerpos. Aparecen dos cráneos más que no es preciso tocar, sí documentar, pero que no afectarán al levantamiento de restos.
Nuevas visitas. Los familiares compaginan trabajo personal y presencia en el lugar.
Aparece el lápiz del carpintero: tres fragmentos de la mina. Imposible no acordarse de la película. Se confirma que uno de los asesinados conserva la prenda de abrigo, de cuero. Prótesis dentales varias. Restos de calzado. Restos metálicos, corchetes, un colgante ...
Cada nuevo descubrimiento se comparte automáticamente con todos los asistentes.
Una lona azul, al final de la jornada, cubre el hoyo. En sólo unas horas estarán fuera.

Martes 2 de Octubre. Cementerio Mártires.
Ha llegado el día. El levantamiento de los restos es una labor paciente de limpieza del entorno, de clasificación descriptiva de cada uno de ellos, de dibujo, de mediciones... A lo largo de más de diez horas se trabajo sin descanso.
El último en ser rescatado de la fosa es Constantino Campo. Resulta emocionante ver su traslado por la pendiente del lugar hacia el vehículo que lo trasladará, junto a sus compañeros de infortunio, al laboratorio donde el ADN lo identificará plenamente. Tras más de ochenta años.
Sebas y Toño se abrazan. La emoción es contagiosa. Toño rellena con la tierra que fue lecho de Constantino tres recipientes de vidrio y los entrega a los familiares. Se suceden las enhorabuenas. Por el trabajo bien realizado y con éxito, por el descanso de una familia que verá los restos de su finado en compañía de los suyos, por tantas cosas ...

La jornada llega a su final y, con ella, el epílogo de los trabajos de exhumación. Difícil resumir aquí los vaivenes emocionales que se suceden en tan estrecho lugar. Hay lugar y momento para todo: para la broma (se empatiza casi al instante con quien comparte contigo unas horas en esta tesitura), para el cabreo y la indignación (nadie puede quedar indiferente ante el espectáculo tenebroso de la muerte ocasionada), para el descanso y, sobre todo para le expectación. Especialmente impresionantes resultan los silencios frutos de un nuevo hallazgo o de una nueva incidencia en la excavación.

Nunca se hará justicia con estas gentes. Tan sólo puede hacerse un esfuerzo por sacarlos del olvido al que sus asesinos quisieron condenarlos. Éso, y tratar de dar una cierta paz a esos familiares que, ocho décadas después, aún siguen trasteando en cunetas y archivos, en hemerotecas y asociaciones de memoria tratando de localizar unos restos de verdad y consuelo entre tanta indiferencia y amor por el paso de página inconsciente.

Constantino Campo espera en un laboratorio su plena identificación para reposar junto a la que fue su esposa. Decenas de miles de hombres y mujeres, aún desaparecidas en fosas y cunetas, siguen esperando. El principal artífice de este drama del siglo XX (que se prolonga aún hoy) sigue amparado por sus herederos políticos y protegido por su iglesia cómplice en su cómoda y fastuosa tumba (haya mudanza o no).

Oscurece en el clausurado cementerio. Apenas nada indica que una veintena larga de personas ha estado faenando cuatro días. Tan sólo un hoyo abierto, que se cerrará en unas horas: hoyo donde descansa, a modo de homenaje, un ramo de flores tricolor.

Nota final:
Todo lo anteriormente escrito no es sino un compendio de notas tomadas a lo largo de cinco días. No pretende ser un informe de ningún tipo y sólo obedece al criterio subjetivo de quien firma el escrito. Cualquier detalle o precisión antropológica y/o arqueológica solo tiene como fuente fiable al equipo técnico de la excavación.


Para ver fotografías de la exhumación, pulsa AQUÍ