Los niños del Tierz de ayer acostumbraban, cuando la lluvia arrastraba piedras y tierra, a acercarse al pié de las laderas que enmarcan la villa por el Este a rebuscar entre el barro objetos metálicos. ¿El botín? Trozos de metralla, casquillos, balas e , incluso, cartuchos completos, restos bélicos del asedio de Huesca en los años de la guerra civil.
Los niños del Tierz de ayer se han hecho ya mayores; muchos de ellos forman parte de la Cofradía del lugar, antigua sociedad encargada antaño de ejercer lo que hoy llamaríamos "voluntariado humanitario" y actualmente reconvertida en asociación cultural.

Pues bien, como primera actividad del extenso programa festivo que dicha agrupación ofrece en estas fechas a todos aquellos que quieran aceptarlo está la "Marcha a las trincheras", un paseo poco exigente físicamente,que nos acercará a los restos de las mismas, restos que son mimados y acondicionados por la corporación municipal de Tierz, que tiene planes de futuro también para esta zona.


La cita es a las 08:30 en la plaza Mayor del pueblo.
Este año,me comentan, la asistencia es sensiblemente inferior a la de otras ocasiones por la celebración propia de la boda, la pasada noche, de una vecina. Aún así, una decena larga de marchadores de todas las edades comenzamos el camino.

A nadie parece faltarle el resuello, puesto que la conversación no se detiene en ningún momento: ¿Que cómo se llama ese pico que se vislumbra al fondo? ¿Habéis visto esa serpiente? ¿Es de Tierz o de Loporzano esta parcela que pisamos? ¿Dónde lleva este sendero balizado? ¿Se desinflará el Real Madrid?
Llegamos al mirador. Podemos contemplar el teatro de operaciones, un escenario más del drama que se desarrolló en nuestro país hace tan sólo unas breves generaciones. "¿Sabéis que aún vive un hombre que estuvo aquí haciendo esos parapetos?", apunta uno.



Recorremos las trincheras, penetramos en las oquedades excavadas junto a ellas, madrigueras humanas que adivinamos como pozos de tirador, dormitorios, puestos de mando, enfermerías...
"Esa cruz indica el lugar donde murieron en combate unos falangistas", relata otro. "Y desde ese nido de ametralladora se cubría la carretera" , subraya un tercero.

Un plato de migas y un trago de vino (uno, que aún queda el camino de vuelta) nos esperan en una caseta cercana. Unos vecinos que han acortado camino y energías a lomos de neumático se han adelantado para preparar estas vituallas que agradecemos dando muy buena cuenta de ellas. Reconfortados por el sustancioso almuerzo, retornamos.
Ayer, penuria y muerte;hoy, migas y vino. Son las trincheras de Tierz...