Los Voluntarios de Aragón desfilan en Hecho

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El Batallón de Infantería Ligera 1º de Voluntarios de Aragón está compuesto por un grupo de hombres y mujeres cuya finalidad es la recreación rigurosa de hechos del pasado y la recuperación del olvido de los uniformes, historiales, banderas, armas y en definitiva todo lo referente a esta célebre unidad a lo largo de su existencia (1760-1823), pero muy especialmente la correspondiente al periodo 1808-1809, durante el que se destacó en la defensa de la Ciudad de Zaragoza frente a los ejércitos napoleónicos.

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Domingo, 30 de Agosto. El dilema.
¿Me decido por acudir a la exaltación del traje ansotano? Hace tiempo que no acudo; aún recuerdo el espectáculo que,desde el balcón consistorial, nos ofreció Joaquina Brun, la alcaldesa de mi vez primera cuando "puso a caldo" a las autoridades que allí iban a darse su baño de multitudes haciendo relato exacto y pormenorizado de las carencias del municipio. Actitud valiente que hizo que, en unas cuantas ediciones, las primeras espadas de la política autonómica mandaran subalternos a lidiar, en tales festivas ocasiones ,con la brava munícipe. El caso es que, si bien la plasticidad de las imágenes que allí se muestran cada año, unido al empleo que del ansotano se hace en la descripción de los diferentes trajes, me tientan mucho, decido dejar pasar esta ocasión y, habida cuenta que podré compaginar con la asistencia a alguno de los espectáculos teatrales que en Bailo aguardan, opto por acudir a Hecho a ver la recreación histórica del grupo que en el titular figura.

Nada más llegar a la localidad chesa, se escuchan voces imperativas; se trata del grupo de soldados realizando instrucción y afinando detalles últimos.Que si el fusil al hombro por sistema al terminar la descarga, que si la alineación de esta manera, que si la inclinación de las armas ha de ser igual para todos ... (¡Vds hagan como que no ven esto!, nos ordena a los curiosos el capitán Luis Sorando con evidente sentido del humor del que hará gala a lo largo de toda la mañana).
La tropa la componen una decena de soldados (suboficial incluído), dos oficiales (capitán y abanderado), un tambor de órdenes y, por supuesto, una cantinera; son seguidos de cerca por media docena de mujeres ataviadas al modo regional (que avituallan al resto cuando el calor lo aconseja, y documentan fotográficamente el desfile) y un par de hombres vestidos al modo cheso.
El colorido, la belleza plástica y el ambiente que crean atraen de manera instantánea a decenas de fotógrafos que siguen la comitiva luchando con los contraluces de la hora y tratando de eliminar de los planos (¡nútil empeño las más de las veces!) vehículos aparcados o tendidos eléctricos. Por cierto, increíble el efecto que se produce cuando el grupo atraviesa alguna callejuela estrecha; casi cinematográfico.

Pues bien, llegados tras el desfile oportuno a la plaza Conde Xiquena, el grupo escucha, en perfecta formación, las palabras de bienvenida del alcalde Luis Gutiérrez por cuya boca se rememoran los sucesos, enmarcados en las guerras napoleónicas, que convirtieron en una tea Hecho y acabaron con las vidas de parte de sus habitantes. Hechos de armas con un componente fratricida al ser fusilados varios chesos por la delación de vecinos afrancesados. Una historia tan vieja como la humanidad misma: las ideas liberadoras que alguien pretende imponer a sangre y fuego prostituyéndolas; y el río revuelto del que algunos sacarán provecho aún a costa de enterrar su dignidad.
El silencio se hace más espeso cuando el alcalde, como si de hechos recientes se tratara, lee la lista de nombres, relaciones de parentesco y ocupaciones de los caídos bajo el pelotón o en combate.

Se escucha la Marsellesa y el actual himno español, tras lo cual los fusileros harán una descarga que sobresalta a los asistentes por su volúmen. Tras ello, la tropa se sitúa frente al público y toma la palabra el capitán Luis Sorando que en amena alocución nos ilustrará acerca de diferentes aspectos de la indumentaria de los componentes del castrense grupo.
Así, nos presentará el gorro típico (el bicornio) y sus componentes: la escarapela con el color rojo (de las tropas españolas) y la pluma en su parte más alta ("para oficiales que tuvieran acceso a un loro", nos dice) que era sustituida por lana tintada para la tropa. También incide en la correcta forma de llevar el bicornio ,con los picos nunca paralelos a la línea de los hombros (impedía la correcta ejecución de los movimientos de instrucción con armas), sino en ángulo oblicuo a los mismos porque, además, así la lluvia te mojaba menos al caer por delante y por detrás del uniforme. Esta última afirmación la concurrencia la toma como una humorada más del capitán.
Relata Luis la duración del uniforme (la casaca hasta tres años debía utilizarse) y los medios de los que debían valerse los soldados para confeccionarse hasta unos pantalones para combatir; nos muestra la medalla que llevan cosida en la bocamanga , distinción otorgada por Palafox, y las mochilas de piel de cabra ,"cuyo olor nos causa algún que otro problema doméstico aún hoy en día", según reconoce el orador.
También se glosa la figura del tambor de órdenes que, para distinguirse y estar siempre visible para su oficial, vestía un uniforme en negativo, es decir, con los colores cambiados para favorecer su visión por contraste; lo malo es que el enemigo también podía verlo mejor y, al igual que el soldado de transmisiones actual, era objetivo prioritario de las balas enemigas por lo que su mortandad era elevada y la escasez de voluntarios para guerrear aporreando un tambor, brutal. Problema que trataba de solucionarse a base de difundir mitos acerca de la inmunidad del tambor y su recluta entre los más jóvencitos. Eso de los niños soldado que ahora nos escandaliza era moneda corriente en Europa hasta hace nada ...

¿Y que decir de la cantinera? La cantinera mujer madre del grupo de soldados a los que acompaña y a los que lava y cose la ropa; la mujer mito que, habitualmente acaba casada con algún veterano (o algunos, de manera sucesiva); la mujer, sin sueldo, que tiene en exclusiva el privilegio de poder rapiñar a los muertos e, incluso, montarse el mercadillo sobre los mismos restos de la batalla...
La cantinera en fín, representada en esta ocasión por una racial belleza morena de exquisita amabilidad y cordialísimo trato que, fiel a su papel, aconseja a quienes estamos en sus cercanías que mantengamos la boca abierta ante la inmediatez de la segunda descarga. Descarga que no tarda en producirse tras las órdenes de rigor.

Tras los aplausos y justo antes de las felicitaciones y la cascada fotográfica final, aún tiene tiempo el socarrón de Luis para gritar a los asistentes que, en unas horas, podremos disfrutar de una conferencia acerca de uniformes de la época."Que puede que sea un rollo, pero que es GRATIS", vocea el capitán con su picaruela media sonrisa.




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