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15SEPT2012. Huesca. 4,45 horas.Estación Intermodal.
Cerca de cien personas se apelotonan en las dársenas para acceder a los autobuses que ha fletado CCOO para acercar a Madrid el disgusto y malestar de la ciudadanía oscense. De Barbastro, de Jaca y del mismo Huesca como puntos iniciales del trayecto. Según me cuentan, otras organizaciones fletan también estos medios de transporte para acudir a la cita multitudinaria.

Entre los presentes, diversos grados de consciencia; los hay extraordinariamente despiertos y otros con una somnolencia contagiosa. Entre los presentes, looks diversos;destacan las camisetas rojas hechas especialmente para la ocasión, las clásicas verdes de la EP o las ya legendarias negras del YO TUVE. También algunas del Círculo Republicano de Huesca acompañan esta marea multicolor real, donde cada cual lleva los estandartes y símbolos identificativos que desee. Sin cortapisas, sin trabas, sin inspectores de la corrección en el vestir, sin comisarios políticos que guarden las normas impuestas de la falsa horizontalidad ciudadana, convertida en icono progre y nuevo becerro de oro.

Mi amigo Raschid (41 años, marroquí, cerca de dos años en paro) me abraza. Raúl (amigo del anterior, de edad similar y trabajador sin trabajo desde hace meses) me cuenta su drama personal. Ambos se manifiestan muy críticos con los sindicatos mayoritarios ; cuando les interrogo acerca de por qué no viajan con el sector crítico, cuyo autobús parte un rato más tarde desde una plaza cercana, me lo aclaran sin eufemismo alguno:"Estamos hartos de agitar manitas en el aire; llega el momento de cerrar puños. Con la gente que de verdad está en nuestra situación, no con niños de papá jugando a hacer la revolución". Me temo que no es momento para discrepar y afirmar que entre ese sector crítico están desde los divinos hasta gentes que pisan tierra de verdad y no son dignos de recibir comentarios tan injustos. No es el momento; no tengo ganas ... Ni nada nuevo que decirles que pueda aportarles un gramo de esperanza.

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Antonio (armado, como yo, con su cámara fotográfica) me apremia. Begoña, Fernando, Olga, Edurne organizan los restos del pasaje; comprueban listados, responden casi pacientemente a las preguntas mil veces fomuladas (¿Donde nos dejan en Madrid? ¿A que hora es la mani? ¿Cuánto tardamos? ...) y azuzan a los rezagados. Y salimos puntuales;o casi.
En unas horas y tras recorrer unos centenares de kilómetros estaremos en el punto de encuentro de la expedición aragonesa en su conjunto. Ahora toca a este empotrado reclinar el asiento, arrebujarse en la manta de viaje, cerrar los ojos y procurar abstraerse de los cuchicheos y la excitación de buena parte del pasaje. ¡¡ Que son las cinco de la mañana, joder!!

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Sobre las ocho, estratégica parada. Ni idea de donde estamos; los puntos de descanso en las autovías se parecen demasiado unos a otros y no me apetece mucho indagar.
Y lo de siempre: premuras para ir al baño, saludos a quienes no has visto antes y algunas frases que, no por tópicas, son menos emocionantes. Agua fría para despejarse, un café aún caliente sacado del termo y, enseguida, de nuevo al tibio calor del autobús. Y a la duermevela.
Duermevela de la que nos despierta esa voz que nunca perderá el acento de Tolosa, nuestra Edurne; nos indica que nos dejan en una zona de Madrid donde todo Aragón se concentra, nos hace releer el plano que nos han dado acerca del recorrido, recuerda que todos tenemos los números de teléfono a los que llamar en caso de problemas y avisa que la salida será , a las 16,30 desde la Puerta de Alcalá y que, entretanto: ¡¡Buen día!!.
Tardamos aún más de cuarenta minutos en detenernos; haciendo comentarios al paso por la embajada USA, curioseando entre los visillos de las ventanas del bus como si fuera la primera vez que llegamos a la capital, escuchando los comentarios escatológicos de unos compañeros que (¡gracias por compartir!) nos hacen partícipes de los estertores de unos intestinos demasiado vivos y los titánicos esfuerzos de un esfínter por permanecer cerrado.
Y ya estamos fuera. Menos mal; comenzaba a sentir empatía por el elocuente relator.





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Y comienza todo. Difícil de describir por el ruido, el colorido, la sucesión de consignas, las sirenas, las caras que pasan junto a uno, esquivando la cámara o posando.
Me sitúo junto a la pancarta de Cumbre Social Aragonesa. Inmensa pancarta tras la que se sitúa otra de CCOO denunciando el estado de ruina en el que quieren sumir a Aragón y, tras ella, otra más de la Cumbre Social de Huesca. Sindicalistas, políticos de IU, CHA y PSOE y gentes diversas marchan entre ellas acompasando su ritmo al que marca el coordinador. Tras ellos, y formando parte del mismo bloque, la pancarta sectorial que se lleva infinidad de disparos: la de las monitoras de comedor de Aragón. Mujeres de los tres territorios que denuncian el intento de vaciar de contenido su labor educativa, el maltrato continuado al que son sometidas por la administración y la paralización de las negociaciones de su convenio colectivo. Podría pasarme la manifestación completa acompañando a estas mujeres de faz resuelta. Quizás otro día; las dejo pasar y, casi de inmediato, desaparecen entre la riada humana que se las traga dirección plaza Colón, no sin que antes haga el último disparo a las muñecas recortables que afirman no ser.



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Me llegan avisos, imposibles de contrastar en estos instantes:
- Tres detenidos al inicio de la manifestación por intentar desplegar una pancarta en apoyo a la acción prevista diez días más tarde; me aseguran que la policía no llevaba las placas identificadoras con el número profesional. Nada nuevo me temo.
- Parte de la manifestación se desplaza a la sede del PP donde todo se resuelve sin incidentes; policías remedando acciones anteriores de la Ertzaintza, se quitan el casco. Yo, de verdad, prefiero que se identifiquen reglamentariamente; no me gustan las acciones épicas porque me resultan poco profesionales. Bien es cierto que , debo decirlo, las organizaciones policiales con las que me cruzo me facilitan extraordinariamente el trabajo; posan, se dejan fotografiar, responden preguntas. Que les dure.

Y bomberos, muchos bomberos. Cerca de cuatro mil me dicen. De todos los parques del Estado. Bomberos muy quemados (y esta vez no son gajes del oficio). Y como el tópico es el tópico, no puede faltar alguna que les grita que se quiten la camiseta, que estamos ya a 30º y muchos buscan el carril de sombra. Ni ellos, ni ellas (que también las hay) prestan oído a cuestiones tan obvias.
EQUO, gentes de bandera arco-iris, y tricolores; mucho cromatismo tricolor en banderas, pegatinas, estandartes y camisetas. Como si la solución a esta crisis ( que, quizás , acabe con un sistema económico tan injusto ) pudiera barrer también la inicial desigualdad social entre gentes de alta cuna y el resto.

Calle Serrano: GUCCI, Ferrari, Loewe, Purificación García... Escaparates que son observados con indiferencia, cuando no con sorna, por las decenas de miles de personas que deben parase en sus cercanías, incapaces de acercarse a la Plaza de Colón, absolutamente colapsada. Discursos sindicales que no serán oídos; no parece importar demasiado porque hoy no estamos en un cursillo de prevención ni en una asamblea de trabajadores de cualquier sector. Hoy estamos aquí para que nuestras reivindicaciones sean oídas, expresadas esta vez por quienes desde el estrado hablan, y escuchadas por quienes rigen los destinos económicos de nuestro país. Como bien dicen algunos que comparten ese escaso metro cuadrado conmigo, para ello quizás mejor sería hablar en alemán.

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Termina la manifestación, comienza la desbandada de todos; la mayoría hacia El Retiro para buscar una sombra donde descalzarse y comer el bocadillo; otros hacia los autobuses de vuelta, buscando ese mismo lugar de descanso en cualquier área de servicio en las afueras de la ciudad. Todos indignados, aún más de lo que vinieron, ante las miopes cifras oficiales: 65.000 manifestantes.
A otros les llegará el cabreo veinticuatro horas después cuando se les notifique su condición de bultos; de bultos "ACARREADOS" como publicará el diario EL MUNDO en la edición del domingo. La mayoría expresa su voluntad de volver y ser el punto de inflexión que este país necesita. Por las buenas o por las malas como reza la célebra consigna minera (la próxima visita, será con dinamita) repetidamente coreada hoy.

A las 4,30 en la puerta de la cancioncita. Allí estamos. Los componentes de los tres autobuses, afrontando el retorno. Junto a mí, durante un breve trayecto, una de las monitoras de comedor.
"¿Sabes, Carlos, me dice esta joven abuela con más de veinte años preocupándose por la salud y nutrición de centenares de niños, que es lo mejor que saco de este día en el que vuelvo a casa con los pies y el vientre hinchados y con unas ganas locas de llorar?. Yo lo sé; claro que lo sé, pero no soy tan necio de interrumpirla.Termina mi compañera de asiento:
"Que cuando vuelva a casa, mi hija que no ha podido venir por cuidar a mi nieta, me dirá un simple GRACIAS. Y no hará falta decirnos nada más. Y que mi nieta, cuando dentro de unos años estudie dentro de la Historia de España ese capítulo llamado LA CRISIS QUE NUNCA EXISTIÓ, y me pregunte que ocurrió, podré mantener su mirada y decirle: yo estuve allí."
Una caricia en la espalda, un beso leve y debo cambiar de asiento; por dejarla, pudorosamente, a solas con su emoción y por recogerme, aún más pudorosamente, en la mía.

Agotada, cansada, sin ganas de bromear ni alargar las despedidas...; así llega la expedición oscense. Son casi las diez de la noche. Y a los que van a Jaca o Barbastro aún les queda un rato.
Raschid me hace un gesto de despedida con la mano; me dice que Raúl se ha quedado en Madrid, que tras el subidón de encontrarse con tanta gente, ha tenido un bajón y ha preferido aventurarse unos días en la soledad de las calles de la capital y tratar de rememorar sus tiempos juveniles de polizón en los trenes de Europa.
Hay días que uno desearía poder apearse de todo esto. Como Mafalda.





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