El efecto Jean Loup Ringot

Lo conocimos el año pasado y dejamos constancia de ello en la reseña inaugural de esta web bajo el título de "Colungo: Prehistoria viva".
Este año hemos vuelto a repetir la experiencia Y lo cierto es que el efecto de fascinación hacia lo que cuenta, el cómo lo cuenta y quien lo cuenta no ha disminuido. Y es que , como gráficamente me lo comentaba una compañera de experiencia, "este hombre tiene un puntazo".
La cita es, como en ocasiones anteriores, en el "Centro de Interpretación del Arte Rupestre" de Colungo. A la hora taurina por excelencia se aproxima Ringot al espacio cubierto y comienza , mientras clava su especial mirada en todos a la vez, con su inicial pregunta: "¿Franceses, españoles, alemanes...?"

Y, a partir de este momento, comienza la lección magistral con un "¿Qué queréis que hagamos?" (posteriormente me enteraré que, por la mañana, los visitantes han estado tirando con arco y lanzando venablos con propulsadores de madera)
Pero ahora, tocará hacer fuego. "Y puedo hacerlo con un sólo dedo", bromea Ringot, mientras acciona un encendedor de gas, preludio de lo que será el resto de su disertación.

- "¿Que podemos usar para hacer fuego?", pregunta Ringot.
- "Dos piedras de sílex", se escucha como aíslada respuesta.
- "¡¡Noooooo!! Eso es imposible" , eleva el tono el profesor remedando enfado.

Y lo explica, deshaciendo con humor y rigor una de las falsedades mil veces repetidas. Y, no contento con ello, nos lo demuestra utilizando encendedores muy antiguos compuestos por sílex y (¡muy importante!) un rascador de hierro de cuyo golpear salen chispas que actúan sobre la yesca y obran el milagro del fuego. Y, una vez puestos, nos indica cómo conseguir que la yesca sea eficaz mediante la adición del salitre e, incluso, nos introduce en los secretos de la elaboración del salitre casero, secretos para los cuales, hoy en día, es imprescindible una excelente aireación, que nos hemos vuelto todos muy finolis...
Y aún hay más; por fricción entre dos maderos enciende un fuego en 17 segundos, muy alejado del récord que él mismo ostenta: 7 segundos. Y así hasta once formas diferentes de conquistar el elemento que nos permitió abandonar Africa.





Tras explicar cómo hacen fuego los inuik y las motivaciones por las que un niño llamado Pablo nunca podrá imitarlos (hace falta llamarse Nanuk o algo así para que el prodigio pueda hacerse) ,no acaba aquí la cosa: es el momento de hablar de música.
Y revolviendo en sus ordenadamente desordenados cajones (los cubos de basura de la historia, los llama) , saca cortezas de abedul, frutos secos, cañas de plumas, instrumentos de percusión y otros objetos con los cuales es capaz desde entonar una melodía hasta imitar determinados sonidos animales.
Y para el final deja su creación más impactante: "El Litófono", peculiar instrumento formado por piedras de sílex que coloca en semicírculo y que golpea cadenciosamente con unas cuernas arrancando curiosas notas del mismo.