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[...] Esta I República tendría una corta existencia, poco más de 10 meses, hasta el 3 de enero de 1874 en que el promonárquico general Pavía ocupo el Parlamento. Entrando a caballo en el hemiciclo con efectivos de la Guardia Civil disolvió las Cortes y puso fin a la primera experiencia de Estado republicano. El caballo de Pavía pasaría a los anales de la Historia de España por ensuciar el foro democrático, aunque la mierda equina debidamente barrida no dejaría huella, no como en nuestra época ocurrió con el pretendido golpìsta Tejero, que entró más finamente, a pie, provocando tal vez cacas en los atuendos interiores de algunos de los postrados diputados, pero los impactos de balas en los muros sí dejarían sus huellas, quedando hoy como una muestra excelsa de la real iconografía democrática. [...]

En conclusión, la lucha por la República en 1873-74 simbolizó un giro decisivo para la constelación de clases. Si hasta entonces la burguesía liberal se había encontrado en la vanguardia de los movimientos progresistas, a partir de ese momento ya había que contar con la oposición de las fuerzas burguesas ante cualquier intento de realizar objetivos más trascendentales. Los años de 1868 a 1874 supusieron el fin del “ciclo revolucionario burgués”, dando luz verde a la emergencia del “proletariado militante”( Anselmo Lorenzo). Antes, sin embargo, una vez fracasada la Primera República en su particular guerra multifrentista, les tocaba nuevamente a las elites tradicionales ejercer su hegemonía durante medio siglo.
Texto: Luz Germinal

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11.02.2011.- 138 años después, la enseña republicana homenajea a Manolín Abad y sus compañeros
El cementerio de las Mártires de Huesca, y su entorno, son referente en la capital y alrededores de la represión y el terror sufridos por los republicanos desde los inicios de la primera experiencia hasta épocas muy recientes que alcanzan mediados cumplidos del siglo pasado.
Este lugar, llamado a convertirse en un parque de tres hectáreas dedicado a la dignificación, memoria y homenaje de todos los hombres y mujeres que en sus cercanías hallaron injusto y trágico final, ha sido, una vez más, punto de encuentro y emocionado abrazo de cuántos se reclaman herederos de los valores de justicia, solidaridad y libertad defendidos por aquellos cuya presencia aún se hace notar entre los muros que culminan este pequeño cerro.

Estarán los nombres; todo los nombres
Así inicia su alocución Carlos Escartín, presidente del C.R. “Manolín Abad”, que informa a la treintena de presentes de los últimos contactos habidos con la corporación municipal incidiendo en los siguientes puntos:
1.- Se busca el máximo consenso, tanto entre fuerzas políticas, sociales como grupos familiares afectados para hacer de este futuro parque un proyecto común llamado a perdurar.
2.- Se inician en breve trabajos en el cementerio para consolidar tanto tumbas como otros elementos y, prevenir, así nuevos daños debido a la climatología. Y, además, garantizar con una perfecta cobertura GPS que en un futuro, si hubiera lugar a ello, pudieran hacerse las catas oportunas de cara a satisfacer cualquier exigencia que la ley de memoria histórica pudiera plantear.
3.- Este parque será un lugar de reflexión, estudio y actividad pedagógica. Y los nombres, todos los nombres, formarán parte de ello.

De opiniones y sentires varios
Estas reuniones republicanas nunca siguen un guión prefijado; a lo sumo un hilo conductor que se improvisa. Es por ello que, tras la intervención del presidente se suceden otras varias que inciden en recordar la historia de Manolín Abad, su lucha, su rendición tras la promesa del respeto a sus vidas y el incumplimiento de la misma. O la historia de esa primera república de corta y complicada existencia, finalizada con la aventura del espadón de turno. Martín Arnal, veterano miembro de la CNT, hombre de serena mirada y siempre medida palabra, brindará una emocionada intervención en la que recordará a los vecinos de Angüés cuyos restos están en estas eras cercanas; vecinos, algunos de los cuales eran familiares muy directos del que habla.

Claveles rojos en la ladera
El acto finaliza en la ladera de entrada al recinto con los vivas republicanos de rigor y el lanzamiento de docenas de claveles rojos en los terrenos donde, se intuye, quedan restos de las matanzas que padecieron vecinos de esta ciudad y pueblos de los alrededores.
Matanzas que se iniciaron, hace ya ciento treinta y ocho, con el fusilamiento cruel y asesino (¿algún fusilamiento no lo es?) de unos indefensos hombres que creyeron poder traer justicia y libertad a una España rehén de la incultura, la sinrazón y el caciquismo.





Siempre Manolín (Abad); siempre Manolo (Benito)
[...] Acababa otro octubre de esperanzas para los parias aragoneses. La monarquía exigía escarmiento ejemplar rápido: Manuel Abad y sus cinco oficiales eran fusilados el 5 de noviembre en las eras de Cáscaro, actual aparcamiento de la Calle Desengaño. No fue bastante: debían morir otros seis, sumarlos a los ya fusilados en Echo y en Ansó. Un macabro sorteo, celebrado frente a la casa del ya difunto Abad, determinó el destino de ese número de hombres que creyeron alcanzar la dignidad por la fuerza de las armas, la misma fuerza que los desposeía desde miles de años atrás.
Similares escenas de hombres en pos de libertad -con otros tras ellos para arrebatarles ese sueño maldito, de miedo conciudadano, de rendiciones al alborear un día otoñal y de cuerpos baleados mientras generales acarician sus bigotes bajo un monárquico retrato, se repitieron 82 años después, en escenarios tan cercanos que el calco de la Historia apenas se corrió unos metros a la derecha para que Galán y García Hernández volvieran a delirar en mortal pesadilla.
Ahora, en ese sempiterno escenario, otros hombres pretendemos recoger el testigo, sin más armas ya que la voz o la escritura, sin más pretensión que la Solidaridad, encuadrados en Círculos Republicanos que buscan soñar la Libertad.
Texto: Manolo Benito