Ya nunca más será el cementerio de Las Mártires. Para los que esta fría tarde de febrero nos concentramos se llama desde hace tiempo "Los Mártires", nombre por el cual abogaba desde siempre nuestro recordado Manuel Benito. Mártires por la libertad cuyos restos mortales reposan en lugares intuídos de las pendientes de esta colina y cuyo rescate aún se niega desde los poderes institucionales que, argumentando excusas falaces, no muestran la voluntad política precisa para tratar de dar sepultura digna a los que con tanta dignidad supieron combatir y morir.




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Cero grados en Los Mártires. Y un gélido viento que permite el ondear de las banderas pero que penetra en los huesos y te deja helado. Aún así, la treintena de irreductibles que se concentran este jueves de febrero y a esta hora tan complicada de conciliar con trabajos y tareas cotidianas, saltan de sus coches sin pereza y , aunque encogidos, se afanan en el despliegue de enseñas y transporte de flores.
La vergonzosa actuación reciente de la seguridad monárquica en Jaca (forcejeos, robo de enseñas republicanas, amenazas, intimidación, violación del derecho de expresión, maltrato ...; y todo ante los ojos indiferentes de la policía) y la respuesta lógica y contundente de IU ante tal atropello (ver en pie de página ilustrativa carta de Miguel Aso) son objeto de debate entre los asistentes que, a los sones del himno de Riego, descienden la ladera del semiabandonado recinto procurando no tropezar con restos de tumbas, cruces oxidadas o montículos de tierra. Lamentable el estado de abandono al que somete este lugar el equipo de gobierno municipal.

Llegados junto al monolito en recuerdo a los héroes de la I República , el primero en tomar la palabra es Carlos Escartín quien, como no puede ser de otro modo, comienza su alocución haciendo referencia a que "este es el primer acto después de ...", en sentido recuerdo a Manuel Benito. Como es habitual, invita a todo aquel que desee a intervenir en el acto de la manera que juzgue oportuna. El plan URBAN, la necesidad de estar vigilantes ante futuras pretensiones especulo-inmobiliarias, la ubicación adecuada para el monumento junto al cual estamos, la negativa municipal a la utilización del geo-rádar y algunas otras cuestiones reiteradas en actos anteriores completan su intervención.

Le sigue en el turno de la palabra José Luis Escartín, quien, glosa la figura de Manolín Abad a la manera cinematográfica que usaba Manuel Benito, sin leer anotaciones, en directa y pedagógica charla. José Luis incidirá en el paralelismo de los hechos aquí ocurridos y la posterior sublevación de Jaca; dos hombres, dos facciones de ideal republicano, enfrentados a enemigos poderosos, numéricamente superiores y armados en la sinrazón; dos hombres, parecidos hasta físicamente y compartiendo similar problema ocular que pasaron a la leyenda tras la descarga de fusilería.Dos hombres, en definitiva, que siguen apiñando simpatías; para ellos y para su causa ...

Tras ello, los vivas de rigor y el corto pasacalles hasta la entrada del recinto, desde donde, como hace ya varios años, se lanzan unos claveles rojos a la tierra bajo la cual descansan los restos de estas gentes cuyo recuerdo, memorias e ideales aún perviven.




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ANEXO 1: Manolín Abad (Texto: Manuel Benito)

Con ese diminutivo cariñoso lo conocieron sus paisanos oscenses y, sobre todo, los del Barrio de Santo Domingo y San Martín, donde asumió su condición de libertador. De él se conocen pocas cosas, apenas figura en algunos vetustos documentos, quedando en su casa natal una sobrina nieta. Nació en la Plaza de Santo Domingo que llevaría su nombre en los esperanzadores días de la II República.

Cuando el taimado general Anglés decidió que no iba a cumplir lo pactado en el castillo de Siétamo, Manolín, recién nombrado general por el pueblo aspaventado y con apenas 30 años, supo que se acababan sus cabalgadas en pos de la Democracia –la de todos- , y decidió escribir unas notas autobiográficas que hoy resultan de difícil interpretación por su excesiva parquedad. Cuando iba a encontrarse con la última bala que silbaría ante él, entregó aquél papel a un cofrade de la Hermandad de la Sangre de Cristo, hombres llamados a dar consuelo y sepultura.
Allí narró su incorporación a los lanceros por el año 1836, de los que desertó, las batallas en las que unas veces fue detrás y otras delante del enemigo, en estas últimas con los oficiales ya huidos. Prisiones, heridas, exilios forzados. Doce años de luchas contra la injusticia, el orden divino de las jerarquías ociosas e inútiles que sustraían las riquezas del trabajo ajeno. Siempre en pro de la revolución, del cambio social y de la igualdad.
Tampoco sabemos como llegó a conocer a Ugarte, jefe político de Huesca en 1840, prístino demócrata que fundó una tertulia republicana pionera en España. Ambos quedaron conjurados para liberar estas tierras de la monarquía perniciosa y para ello, no dudaron en tomar el dinero del conspirador banquero José de Salamanca. Este sabía que no triunfarían pero su inversión produciría desorden y debilitamiento estatal, justo lo que necesitaba para allanar su ambición de volver a gobernar.
Si desconocemos el momento del encuentro, conjeturamos , al menos, el funesto desencuentro. Ugarte había conseguido las armas, espías y contrabandistas para preparar una importante partida, eligiendo los valles de Echo y Ansó como cabeza de puente en la Península. Abad andaba por las tierras de Ayerbe con voluntarios de Cinco Villas y del Alto Aragón, iban recogiendo pertrechos y hombres que quisieran sumarse a la columna de la Libertad. Reclamado por sus correligionarios, subió hacia los valles ya liberados, pero el general Anglés había maniobrado, los gubernamentales copaban los caminos necesarios y en la pardina Cercito, Abad y los suyos dieron media vuelta.

A Manolín le quedaba la baza de Huesca que, el corrupto jefe militar, había desguarnecido en su intento por evitar la fusión de las columnas revolucionarias. Dentro quedaban los recién llegados guardias civiles, carabineros y poco más. Autoridades y fuerzas se acantonaron en el convento de Santa Clara. Los demócratas tomaron posiciones en San Jorge, Salas y Las Mártires. Las puertas de San Martín, su barrio, caían en mil pedazos dando entrada a los libertadores. Pero el recibimiento no fue el esperado, apenas 200 personas se sumaron. Rindió la ciudad y se avitualló, amenazando con el fusilamiento inmediato a quien no prestara ayuda a la causa solidaria.
Cuando Anglés avistó Huesca, Manolín era ya un perdedor, todos lo sabían y nadie quiso apostar por él ni por sus ideas tildadas ahora de afrancesadas. Anglés lo asendereó hasta el castillo de Siétamo donde la Libertad creyó hacerse fuerte. Poco le importaban al corrompido militar del gobierno, las capitulaciones que le presentaron los sitiados, dejó que una mano firmara mientras la otra acariciaba el pistolón.

Acababa otro octubre de esperanzas para los parias aragoneses. La monarquía exigía escarmiento ejemplar rápido: Manuel Abad y sus cinco oficiales eran fusilados el 5 de noviembre en las eras de Cáscaro, actual aparcamiento de la Calle Desengaño. No fue bastante: debían morir otros seis, sumarlos a los ya fusilados en Echo y en Ansó. Un macabro sorteo, celebrado frente a la casa del ya difunto Abad, determinó el destino de ese número de hombres que creyeron alcanzar la dignidad por la fuerza de las armas, la misma fuerza que los desposeía desde miles de años atrás.
Similares escenas de hombres en pos de libertad -con otros tras ellos para arrebatarles ese sueño maldito, de miedo conciudadano, de rendiciones al alborear un día otoñal y de cuerpos baleados mientras generales acarician sus bigotes bajo un monárquico retrato, se repitieron 82 años después, en escenarios tan cercanos que el calco de la Historia apenas se corrió unos metros a la derecha para que Galán y García Hernández volvieran a delirar en mortal pesadilla.

Ahora, en ese sempiterno escenario, otros hombres pretendemos recoger el testigo, sin más armas ya que la voz o la escritura, sin más pretensión que la Solidaridad, encuadrados en Círculos Republicanos que buscan soñar la Libertad.

Copyleft: Círculo Republicano Manolín Abad


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ANEXO 2: Denuncia realizada por IU ante actuaciones parapoliciales en Jaca.

A: D. Ramón Zapatero
Subdelegado de Gobierno en la provincia de Huesca
Huesca a 10 de febrero de 2010

Muy señor mío:
Me dirijo a usted con preocupación ante los lamentables hechos acontecidos en el día de ayer en la ciudad de Jaca durante la visita del Príncipe de Asturias.
Un grupo de ciudadanos y ciudadanas, entre los que se encontraban militantes de nuestra organización, fue agredido por presuntos miembros de las fuerzas de seguridad del Estado. Y digo presuntos dado que, a pesar de afirmar ser policías, actuaron de paisano y se negaron en todo momento a acreditar dicha condición. No obstante da verosimilitud a su condición de agentes el hecho de que policías uniformados situados en las proximidades no actuaran durante el incidente.
Estas personas abordaron al grupo que se manifestaba a favor de la reforma de la Constitución en el sentido del cambio por una jefatura del Estado republicana y les arrebataron por la fuerza las banderas que portaban. Al serles recriminado su comportamiento y requerirles que se identificaran por parte de un militante de Izquierda Unida, se acercó al grupo otra persona, que parecía tener el mando, la cual amenazó a nuestro compañero con una multa gubernativa y procedió a anotar el número de DNI de algunos de los presentes.
En primer lugar queremos dejar claro que la bandera tricolor que portaban los manifestantes, oficialmente fue adoptada por decreto del 27 de abril de 1931 de la Presidencia del Gobierno Provisional de la República. El 6 de mayo de 1931 fue descrita con carácter general para el ejército. Posteriormente este cambio fue institucionalizado en el primer artículo de la Constitución aprobada el 9 de diciembre de 1931 por las Cortes Constituyentes. Por tanto dicha enseña forma parte de la historia de España.
La bandera republicana, de color rojo, amarillo y morado, es desde Abril de 1939 la bandera de toda la izquierda que en España se oponía a la dictadura franquista, y quienes ahora la usamos y defendemos estamos honrando la memoria de los hombres y mujeres que desde aquel mes hasta hoy, defendieron y defienden los derechos humanos y una democracia política y social.
Se trata de un símbolo que representa un periodo democrático de la historia española y de ninguna manera es ilegal o inconstitucional. De hecho en el año 2003, el ayuntamiento de Madrid sufrió una condena por un hecho similar. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ya dio la razón a IU y se la quitó al ayuntamiento de Madrid, basándose en los artículos constitucionales que citamos abajo, con motivo de la retirada de una bandera republicana por parte de agentes de la Policía Local.
Le rogamos que abra una investigación que determine si los actuantes eran realmente agentes de la autoridad. En ese caso consideramos los hechos un abuso de autoridad y un uso deleznable de la fuerza pública. Esta acción vulnera los artículos 14, 16.1 y 20.1 de la Constitución Española. Así mismo deben ser restituidas las enseñas confiscadas de forma ilegal.
En dichos artículos se garantiza, entre otros aspectos, "la libertad ideológica", así como el derecho a "expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción".
En mayo de 2006 la concejala de IU, Teresa Fernández, entregó al Príncipe una carta en la que pedía una investigación de hechos similares a los acontecidos en Jaca y que se depuraran responsabilidades. Según Radio Nacional, los Príncipes contestaron que están "como siempre a favor de la libertad de expresión”.
El 30 de septiembre de 2006 la Guardia Civil devolvió la bandera republicana que fue retirada por dos agentes del Instituto Armado de la sede local de IU en Medina Sidonia (Cádiz) y abrió una investigación interna para depurar responsabilidades.
Desde izquierda unida del altoaragón esperamos que se depuren las responsabilidades sobre los hechos relatados y que se tomen medidas para que actuaciones tan lamentables, que en nada benefician la imagen de los cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado y la confianza en los mismos de amplios sectores de la ciudadanía, no se vuelvan a repetir.

Miguel Aso
Coordinador intercomarcal