01.12.08
El día en que me acerco al Museo Diocesano (este pasado viernes, 28 de Noviembre) al objeto de hacer unas fotos con las que ilustrar esta reseña, hace un frío oscense; ese frío que hiela orejas y nariz, ese frío que te hace lacrimear y acrecienta , otra vuelta de tuerca, sensaciones de gelidez interiores ante las que no valen bufandas ni gabanes.
La plaza de la Catedral, ubicación física de la misma, del Ayuntamiento, del Museo Diocesano y del Palacio Episcopal, guarda en su centro dos damas. Una de ellas de verdoso metal, de figura siempre esbelta, rostro impenetrable y nombre desconocido, permanece estática en la fuente; la otra (tez curtida, rostro gesticulante, pelambre azabache) se llama,o la llaman, Estrella y es gitana; se mueve, desde horas muy tempranas, buscando las esquinas soleadas , saludando, reconviniendo o lanzando improperios a los funcionarios que patean la plaza , aceptando ,casi a regañadientes, las monedas o la conversación con la que los menos indiferentes la socorren.


Es la hora de apertura del Museo; la sonrisa amplia de una voluntaria que custodia la puerta me franquea la entrada. Y comenzamos la visita: No es éste un artículo que pretenda ni enumerar ni glosar los fondos patrimoniales contenidos en él; como bien sabe quien tiene la deferencia de leerme lo que principalmente busco es dejar constancia de una realidad que nos es cercana y, quizás, tentar a algún lector para que experimente sensaciones similares a las que yo he accedido. Es, por ello que, llevado del subjetivismo con el que me acerco a estas manifestaciones culturales, cualquier persona que desee un relato pormenorizado de los fondos contenidos con efusión de notas al pié y doctos comentarios acerca las épocas de ejecución de las obras artísticas quedará defraudada. Mis disculpas.

Y, dicho ésto, ahora sí, empezamos:
Entrar en el Museo Diocesano es acceder, además, a la Catedral y a la Torre de la misma.De la Torre ,de la excelencia de las vistas desde su cima poco podemos decir aparte de que hay que estar en forma para llegar hasta lo alto y que los últimos tramos, aparte de empinados, son estrechos. Imperdonable olvidarse la cámara fotográfica. Imperdonable, paisajes aparte, no tomar una imagen de la maquinaria del reloj "aparcada" en una de sus alturas. Por cierto, en esta web, en la sección TIERZ - Fotografías pueden verse algunas imágenes.

Y, de nuevo en las entrañas de la Catedral, resulta imprescindible detenerse en en el retablo mayor, magnífica obra de alabastro realizada entre 1520 y 1533 por el escultor valenciano Damián Forment , el mismo que labró el retablo mayor de la Basílica del Pilar de Zaragoza. Una mirada atenta del retablo nos permitirá disfrutar, en el cuerpo del mismo, de la contemplación de las estampas del Vía Crucis, Crucifixión y Desdendimiento.
En la parte superior del retablo, sobre la figura del crucificado, se encuentra el Oculo Central, detalle típico de los retablos aragoneses; es, en realidad, una ventana que abre a una capilla posterior destinada a reservar la Eucaristia y que está permanentemente iluminada por una lamparilla.



Y, a partir de aquí, la visita se expande y el paseo por el interior de la Catedral reserva sorpresas que esbozo sin más (y, sí, seguro que algo, mucho, olvido). No menciono las salas de orfebrería (lo haré cuando me refiera al Museo Diocesano en sí mismo), y comienzo:

1.- Cristo de los Milagros, cuya devoción comienza en 1497 cuando la imagen suda en el transcurso de una procesión dentro de la Catedral y la ciudad queda libre de la epidemia de peste que la asola desde hace meses. Se encuentra en la Capilla del Santo Cristo.
2.- Lienzos de Fray Manuel Bayeu en las capillas de S. Gil , S. Andrés y la Santísima Trinidad.
3.- Retablo renacentista con imágenes de alabastro policromado realizadas por Juan de Rigalte y Pedro Pertus. Se encuentra en la Capilla de la Epifanía.
4.- Vidrieras de Francisco Valdivieso, decorando los rosetones de ambos muros cortos del transepto. Representan el Bautisno de Cristo y la Ascensión.
5.- Lienzos de Vicente Berdusán en las capillas de S. Martín y S. Joaquín (en ésta última también es suya la decoración de la bóveda).
6.- Capilla Lastanosa, de carácter funerario y a la memoria de los miembros de dicha familia.

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Y vamos con el Museo Diocesano:
Comenzaremos por las Salas de Orfebrería , donde se guardan objetos relacionados con el culto y realizados en metales preciosos; recordemos que ya desde el siglo XVI los orfebres están organizados en gremios que, incluso, sometían la pureza y la calidad de sus obras al control del "marcador de la plata" del concejo, quien estampaba un punzón propio que garantizaba las aleaciones utilizadas.
Podremos admirar cruces procesionales, relicarios, portaviáticos ... Las piezas expuestas son una selección de las que fueron dedicadas al culto y están agrupadas por vitrinas de acuerdo con su función. Me permito aconsejar especialmente una observación más pausada de lo que sigue:
a.- Arquetas del s. XIII. Pequeños sarcófagos contenedores de reliquias. Vitrina 5.
b.- Libros partitura y de archivo, del s. XVI. Vitrinas 13 y 14.
c.- Busto de San Pedro, procedente de Ayerbe. Vitrina 10.
d.- Ara portátil de Sta. Clara de Huesca. Vitrina 3.
e.- Jarritas y Vinajeras. Vitrina 8.
Por supuesto, hay más. Uno puede perder la mirada siguiendo los casi infinitos surcos labrados sobre el metal e imaginar la historia y vicisitudes soportadas por cada pieza.



En las Salas de Arte Medieval , podremos conocer algunas tallas, pintura sobre tabla y frescos, fundamentalmente.
Destacamos los frescos procedentes de la Iglesia de Yaso formados por un Pantocrátor y tres escenas de la vida de San Andrés. Dibujos lineales de trazos claros, colores uniformes y posturas gesticulantes; arte aplicado a la pedagogía religiosa de la época.

Imponentes también las tallas. El Cristo, de Bentué de Rasal, parte de un Descendimiento de finales del XIV, La de Ntra. Sra. de Cillas, La de Ntra. Sra. de Santa Lucía, del XIII o la de San Pedro forman parte de los fondos escultóricos del Museo.
Y también la pintura sobre tabla está representada. Comenzando por las tablas del retablo de San Bartolomé y continuando por el retablo mayor de Pallaruelo de Monegros, de escasas tablas conservadas tras la GC.

En suma, otro lugar donde dejar pasar el tiempo descansando la mirada en los mismos elementos que fueron admirados por incontables ojos antes que nosotros.

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Nuestra próxima parada la constituyen las Salas de Arte Renacentista y Barroco, donde admiraremos el Retablo del Juicio Final, procedente de MonteAragón, obra de Gil de Morlanes ejecutado entre 1506 y 1511. Otro retablo que sería imperdonable perderse es el llamado Retablo de Plata, realizado entre los siglos XVII y XVIII, y que se montaba con ocasión de la Pascua ante el retablo mayor.
Y pintura, mucha pintura. La sagrada familia de las Cerezas, la Piedad, San Pedro y San Pablo, San Cosme y San Damián ... En suma, lienzos con personajes de rostros para ser escrutados, con composiciones dignas de ser estudiadas, con muchos puntos de atención. A nada de sensibilidad que se tenga es una experiencia fantástica pasear la vista por cada pincelada, observar el cuadro desde ángulos diferentes, fijarse en los pequeños detalles ...

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Y, antes de irnos, la obligatoria visita a la fracción de la Sillería del Coro de la Catedral expuesta en el Museo, compuesta por 55 sillas (faltan 35 que están el el Coro catedralicio) y que forman un conjunto de tallas en bajorelieve, con figuras todas distintas y con una iluminación muy cuidada que traslada al visitante al s.XVI, época de su tallado realizado por Nicolás de Beráztegui y su hijo Juan de Berroeta entre 1577 y 1591.

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Salgo. Sobredosis de belleza en las retinas. Abordo una de las calles en cuesta que me trasladan al Coso.
Estrella, cerca mío, continúa su deambular cíclico de piedra templada a piedra templada, de rayo de débil sol preinvernal a esquina calentita, de monólogos de frases hechas a incomprensibles conversaciones íntimas de monosílabos de cuya coherencia sólo Estrella conoce. Estrella se queda ahí, en medio de un espacio urbano bellísimo, buscando luces tibias, intuyendo calores y afectos entre las frías piedras frías. Estrella busca lo que yo; lo que todos ...


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Museo Diocesano Huesca. Algunos datos de interés.
Horario Verano: 10:00 - 13:30 y 16:00 - 19:30
Resto Año: 10:30 - 13:30 y 16:00 - 18:00
Cerrado sábados tarde, domingos y festivos.
Pero mejor, consúltalo en el 974 231 099
Precio entrada: Tres euros
Muy aconsejable adquirir los planos-guía (1 euro)

Y, hacedme caso si lo consideráis oportuno, no os conforméis con las fotos de la web.Acercáos al museo. Me lo agradeceréis. Y repetiréis la visita.
¡Buena suerte, Estrella!

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